Los aranceles han recuperado protagonismo en la economía mundial. Estados Unidos, la Unión Europea y China han reactivado en los últimos años medidas comerciales que afectan a miles de productos y que terminan teniendo consecuencias para empresas, consumidores y mercados.
Aunque suelen presentarse como un impuesto a las importaciones, su funcionamiento y sus efectos van mucho más allá. En muchos casos, el coste acaba trasladándose al precio final que paga el consumidor.
¿Qué es un arancel?
Un arancel es un impuesto que un país aplica a los productos que llegan del extranjero. Su objetivo puede ser recaudar ingresos, proteger a la industria nacional frente a la competencia exterior o responder a medidas adoptadas por otros países.
Cuando una empresa importa un producto sujeto a un arancel, debe pagar ese impuesto antes de poder venderlo en el mercado.
Por ejemplo, si un país impone un arancel del 20% sobre determinados vehículos importados, el coste de introducir esos coches en el mercado será un 20% superior.
¿Quién paga realmente el arancel?
Aunque el arancel lo abona inicialmente la empresa importadora, el coste no siempre lo asume esa compañía.
Las empresas pueden optar por:
- Reducir sus beneficios para absorber parte del impuesto.
- Negociar un precio menor con el fabricante extranjero.
- Trasladar total o parcialmente el incremento al consumidor mediante precios más altos.
Por este motivo, en muchas ocasiones los aranceles terminan afectando al bolsillo de los compradores.
¿Por qué se imponen?
Los gobiernos utilizan los aranceles por diferentes motivos:
- Proteger sectores nacionales frente a productos extranjeros más baratos.
- Favorecer la producción interna y el empleo.
- Presionar políticamente a otros países durante negociaciones comerciales.
- Responder a prácticas consideradas desleales, como el dumping o determinadas subvenciones públicas.
En los últimos años, los aranceles se han convertido también en una herramienta de presión diplomática dentro de las grandes disputas comerciales internacionales.
¿Qué productos pueden verse afectados?
Los aranceles pueden aplicarse prácticamente a cualquier mercancía.
Entre los productos que con más frecuencia han sido objeto de estas medidas figuran:
- Vehículos.
- Acero y aluminio.
- Productos agrícolas.
- Alimentos.
- Electrodomésticos.
- Tecnología.
- Componentes industriales.
Cada decisión depende de la política comercial del país que los impone.
¿Cómo afectan al consumidor?
Cuando los costes de importación aumentan, los consumidores pueden notar varias consecuencias:
- Subidas de precios.
- Menor oferta de determinados productos.
- Retrasos en las cadenas de suministro.
- Cambios en las marcas disponibles en el mercado.
El impacto depende de si las empresas trasladan o no el incremento de costes al precio final.
¿Los aranceles siempre benefician al país que los impone?
No necesariamente.
Aunque pueden proteger temporalmente a algunos sectores nacionales, también pueden provocar:
- Encarecimiento de productos para consumidores y empresas.
- Represalias comerciales por parte de otros países.
- Reducción de las exportaciones.
- Menor competitividad de determinadas industrias que dependen de componentes importados.
Por ello, los economistas suelen considerar que sus efectos dependen del contexto y de la duración de las medidas.
¿Qué diferencia hay entre un arancel y un impuesto?
La principal diferencia es el momento en que se aplica.
Un arancel grava exclusivamente los productos procedentes del extranjero cuando entran en un país.
En cambio, impuestos como el IVA se aplican a la venta de bienes y servicios con independencia de dónde hayan sido fabricados.
¿Por qué vuelven a ser noticia?
Las tensiones comerciales entre las principales economías del mundo han devuelto los aranceles al centro del debate económico. Las decisiones sobre nuevas tasas a productos extranjeros pueden afectar al comercio internacional, modificar las cadenas de suministro y terminar influyendo en el precio que pagan empresas y consumidores en numerosos países, incluida España.