El terremoto registrado este lunes 10 de agosto de 2026 cerca de San José del Palmar, en el departamento de Chocó, alcanzó una magnitud de 7,4 y una profundidad de 96 kilómetros, según el Servicio Geológico Colombiano.
La magnitud del movimiento y los daños registrados en distintas ciudades plantean una pregunta inevitable: ¿estaban los edificios colombianos preparados para soportar un terremoto de esta intensidad?
La respuesta no puede reducirse a un sí o un no. Colombia cuenta desde hace décadas con normativa de construcción sismorresistente y actualmente aplica la NSR-10, pero su cumplimiento depende de la antigüedad del inmueble, la legalidad de la construcción, los materiales, el suelo, el mantenimiento y la correcta ejecución de los diseños.
Además, técnicamente no existen edificios certificados simplemente para resistir un terremoto de magnitud 7,4.
¿Qué es la NSR-10?
La NSR-10 es el Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente. Fue adoptado mediante el Decreto 926 de 2010 y constituye actualmente la referencia nacional para establecer los requisitos técnicos y científicos que deben cumplir las edificaciones sujetas al régimen sismorresistente.
Su fundamento se encuentra en la Ley 400 de 1997, que estableció el marco legal de las construcciones sismorresistentes en Colombia. La norma persigue fundamentalmente proteger vidas humanas frente al colapso de los edificios, no garantizar que después de un terremoto todas las viviendas permanezcan intactas. La propia Ley 400 establece distintos niveles de comportamiento.
Una edificación correctamente diseñada debe poder soportar temblores:
- De poca intensidad sin daños.
- Moderados sin daños estructurales, aunque puedan aparecer desperfectos en elementos no estructurales.
- Fuertes con posibles daños estructurales y no estructurales, pero sin llegar al colapso.
Esta última diferencia es fundamental. Que un edificio presente grietas después de un terremoto fuerte no demuestra automáticamente que haya incumplido la normativa. El objetivo último es evitar que la estructura se derrumbe y provoque víctimas.
¿Qué tiene que cumplir un edificio de nueva construcción en Colombia?
La sismorresistencia no depende exclusivamente de utilizar más hormigón o acero. Los proyectos sujetos a la normativa tienen que incorporar, entre otras exigencias:
- Un diseño estructural, elaborado conforme a las fuerzas sísmicas previstas para la zona.
- Estudios geotécnicos y de suelos, para determinar cómo puede comportarse el terreno y cómo debe diseñarse la cimentación.
- Diseño de los elementos no estructurales, que incluye componentes que pueden desprenderse o provocar daños aunque la estructura permanezca en pie.
- Profesionales cualificados responsables de los diseños, cálculos y ejecución.
- Revisión dentro del procedimiento de licencia de construcción, durante el cual las autoridades competentes deben verificar el cumplimiento de la normativa sismorresistente.
La regulación también determina qué materiales y sistemas estructurales pueden emplearse y establece requisitos diferentes según el tamaño, uso, localización y características de cada construcción.
¿Qué pasa con los edificios antiguos?
Aquí aparece uno de los grandes límites del sistema.
Que actualmente exista la NSR-10 no significa que todos los edificios construidos antes de 2010 hayan sido reconstruidos conforme a ella.
Colombia ha tenido diferentes generaciones de normativa sismorresistente, y las edificaciones existentes están sometidas a reglas específicas cuando se reforman, cambian de uso, necesitan reforzamiento o se encuentran dentro de determinadas categorías que requieren actualización.
El propio reglamento contempla procedimientos para evaluar la vulnerabilidad y reforzar edificios construidos antes de la entrada en vigor de las normas actuales.
Especial atención reciben las edificaciones indispensables y destinadas a atención de la comunidad, precisamente porque hospitales, centros de emergencia y otras infraestructuras esenciales deben seguir funcionando después de un terremoto.
Pero un edificio antiguo no incumple automáticamente la ley simplemente por haber sido construido antes de la NSR-10.
La vivienda informal, el gran punto débil
Otro problema es que la existencia de una normativa avanzada no garantiza que todo el parque inmobiliario haya sido construido conforme a ella.
Documentación técnica elaborada para el Ministerio de Vivienda reconoce que en Colombia existe un importante volumen de viviendas de origen informal con estructuras inadecuadas, cuya vulnerabilidad sísmica constituye uno de los desafíos de la política de vivienda.
Este tipo de inmuebles puede haber sido levantado progresivamente, sin diseño estructural profesional, estudio del suelo, licencia o supervisión técnica.
Precisamente por ello, el Ministerio ha desarrollado metodologías específicas para evaluar y reducir la vulnerabilidad sísmica de viviendas existentes, especialmente construcciones de mampostería que no pueden analizarse de la misma forma que un edificio nuevo.
Entonces, ¿estaban preparados los edificios colombianos?
La normativa sí prepara las construcciones modernas para un país sísmico. Eso no permite afirmar que todos los edificios de Colombia estuvieran preparados para este terremoto concreto.
Una construcción diseñada, licenciada, ejecutada y supervisada conforme a la normativa debe tener una capacidad considerable para evitar el colapso durante un terremoto fuerte. Pero existen edificios antiguos, viviendas informales, construcciones modificadas posteriormente y estructuras cuyo grado real de cumplimiento solo puede conocerse mediante una evaluación individual.
Además, la magnitud 7,4 no permite por sí sola determinar qué debería haber soportado cada edificio. El terremoto de San José del Palmar se produjo a 96 kilómetros de profundidad y la intensidad experimentada varió considerablemente de un territorio a otro.
El verdadero examen de la normativa llegará ahora, cuando los técnicos analicen qué construcciones resultaron dañadas, cuándo fueron levantadas, bajo qué reglamento, qué tipo de suelo tenían y si sus estructuras fueron ejecutadas conforme a los diseños aprobados.
Solo entonces podrá determinarse dónde funcionó la construcción sismorresistente y dónde falló.