España también mueve ficha contra Palantir Technologies, el gigante estadounidense de inteligencia artificial, análisis masivo de datos y software de defensa cofundado por Peter Thiel.
Moncloa ha empezado a trasladar indicaciones a empresas públicas y compañías participadas por la SEPI para que eviten nuevos contratos con Palantir por el temor al uso de información sensible vinculada a la seguridad nacional, según adelanta hoy en exclusiva El Confidencial.
La instrucción afectaría especialmente a empresas estratégicas como Telefónica, Indra o Navantia, compañías con peso en comunicaciones críticas, defensa, inteligencia, tecnología militar e infraestructuras públicas. No se trataría, según esa información, de una comunicación oficial o pública, sino de indicaciones trasladadas a entornos de compañías con participación estatal.
El movimiento llega después de que Francia haya iniciado también una retirada progresiva de Palantir en sus servicios de inteligencia y en plena discusión europea sobre hasta qué punto los Estados deben depender de empresas tecnológicas estadounidenses para gestionar datos críticos.
Qué ha decidido Moncloa sobre Palantir
Según la exclusiva de El Confidencial, Moncloa ha pedido a empresas públicas y compañías controladas o participadas por la SEPI que no cierren nuevos contratos con Palantir Technologies.
El argumento de fondo es la protección de la soberanía nacional y de información estratégica. Palantir trabaja con gobiernos, ejércitos, servicios de inteligencia, agencias policiales y grandes corporaciones mediante plataformas capaces de integrar, cruzar y analizar grandes volúmenes de datos.
La preocupación no es solo tecnológica. Es política, geopolítica y de seguridad nacional: quién controla el software, dónde quedan los datos, qué dependencia se genera y qué riesgos existen si una herramienta clave procede de una compañía estadounidense muy vinculada al ecosistema de defensa de EEUU.
A qué empresas afectaría
El foco está en empresas del perímetro público o estratégico. El Confidencial cita a compañías como Telefónica, Indra y Navantia, todas ellas con peso en sectores sensibles para el Estado. Telefónica es clave en comunicaciones; Indra, en defensa, tecnología, simulación, sistemas críticos e inteligencia militar; y Navantia, en construcción naval militar.
La SEPI tiene presencia relevante en ese mapa empresarial. Por eso la indicación de Moncloa tiene más alcance que una simple decisión de contratación: entra en el terreno de la política industrial, la defensa y el control de activos estratégicos.
El caso Navantia y la Guardia Civil
La información de El Confidencial apunta a que Palantir había negociado proyectos con organismos y empresas públicas que finalmente habrían quedado frenados. Uno de los casos señalados afecta a la Guardia Civil, donde se habría negociado una colaboración que terminó vetada por Interior. Otro afecta a Navantia, donde un proyecto avanzado no seguiría adelante por indicación política.
El elemento común es el mismo: evitar que una compañía estadounidense con fuerte presencia en defensa, inteligencia y análisis de datos tenga acceso o influencia en sistemas sensibles del Estado.
Qué pasa con Defensa
La situación no es absoluta, porque Palantir ya trabaja con el Ministerio de Defensa. La compañía tiene adjudicado un contrato con el Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas, dependiente de Defensa, para una solución de fusión y análisis de inteligencia en el ámbito del Sistema de Inteligencia de las Fuerzas Armadas.
Ese contrato, formalizado en 2023, tiene un importe de 16,54 millones de euros y expira en los próximos meses. La cuestión clave ahora es si el Gobierno permitirá renovarlo, ampliarlo o sustituirlo por alternativas consideradas más compatibles con la soberanía tecnológica española y europea.
Según El Confidencial, mandos militares han defendido ante Defensa la utilidad de mantener la colaboración por la calidad del software de Palantir. Pero la decisión política todavía no estaría cerrada.
Por qué Palantir es tan sensible
Palantir no es una tecnológica convencional. La compañía nació en el ecosistema de Silicon Valley, pero su negocio se ha construido alrededor de gobiernos, defensa, seguridad, inteligencia, policía, fronteras, migración y grandes operaciones de análisis de datos.
Sus plataformas permiten integrar información de fuentes muy distintas, detectar patrones, cruzar bases de datos y apoyar decisiones operativas. Esa capacidad explica su atractivo para ejércitos y agencias de seguridad, pero también las críticas que recibe por los riesgos de vigilancia, opacidad y dependencia.
En la guerra de Ucrania, Palantir ha sido presentada como una de las herramientas tecnológicas más relevantes para análisis militar y coordinación operativa. En Estados Unidos, trabaja con múltiples agencias federales y con el Departamento de Defensa.
Quién es Peter Thiel
Peter Thiel es uno de los nombres más influyentes y controvertidos de Silicon Valley. Fue cofundador de PayPal, primer gran inversor externo de Facebook y cofundador de Palantir. También es una figura central de la nueva derecha tecnológica estadounidense y ha mantenido vínculos políticos con el entorno de Donald Trump.
Su nombre añade una dimensión política al caso. Palantir no se percibe solo como una empresa de software, sino como una pieza del poder tecnológico estadounidense vinculada a defensa, seguridad, inteligencia y al trumpismo empresarial.
Eso explica que varios gobiernos europeos estén revisando su dependencia de la compañía en sectores sensibles.
Francia ya ha abierto el camino
España no se mueve en el vacío. Francia ha anunciado la sustitución progresiva de Palantir en su inteligencia interior por ChapsVision, una compañía francesa, dentro de una estrategia de soberanía tecnológica y reducción de dependencias extranjeras.
El mensaje político de París es claro: los datos estratégicos y las herramientas críticas del Estado deben estar bajo control nacional o europeo siempre que exista una alternativa viable.
El caso francés ha reforzado el debate en otros países europeos. Alemania también ha revisado contratos y varios gobiernos se preguntan si pueden seguir apoyando funciones críticas en herramientas estadounidenses en un contexto de tensión política con Washington.
La tensión con Estados Unidos
La decisión llega en un momento delicado en la relación entre el Gobierno español y la Administración Trump.
Pedro Sánchez ha mantenido posiciones críticas con la política exterior de Donald Trump, especialmente en Oriente Próximo, y el nuevo embajador estadounidense en Madrid ha denunciado públicamente que el presidente español no le ha recibido.
En ese contexto, Palantir se convierte en algo más que una empresa. Para Moncloa, según el enfoque de El Confidencial, representa una dependencia tecnológica en un sector sensible y una compañía estrechamente conectada con el poder político y militar estadounidense.
El veto informal a nuevos contratos puede leerse como parte de una estrategia más amplia: reforzar la autonomía española y europea en tecnología crítica, defensa, inteligencia artificial y gestión de datos.