El BPI alerta de que el boom de la IA eleva el riesgo de fallos de los bancos centrales

El BPI advierte de que el boom de la IA distorsiona indicadores clave y aumenta el riesgo de errores de política monetaria y tensiones financieras.

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Sede del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por siglas en inglés), en Basilea (Suiza). BIS

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El Banco de Pagos Internacionales (BPI) advierte en un informe publicado este martes de que el auge de la inteligencia artificial puede distorsionar indicadores fundamentales para el diseño de la política monetaria, como los tipos de interés naturales y la tasa de paro, incrementando así el peligro de una "mala calibración" por parte de los bancos centrales.

"La considerable incertidumbre en torno a los efectos de la IA plantea varios desafíos para la política monetaria y la estabilidad financiera", señalan los autores del estudio del banco de los bancos centrales, que subrayan la dificultad de anticipar con precisión el impacto de esta tecnología.

Según el documento, la IA es capaz de influir al mismo tiempo en la oferta y en la demanda de la economía, tanto en el plano cíclico como en el estructural, y con efectos muy distintos entre sectores. Esto enturbia la lectura de las tendencias de fondo y complica la tarea de interpretar la fortaleza real de la actividad.

En consecuencia, una fase de fuerte crecimiento podría responder a impulsos de demanda transitorios y no a un avance duradero de la capacidad productiva, mientras que las mejoras de productividad se reparten de manera desigual y resultan difíciles de cuantificar con precisión.

"El auge de la IA puede, por lo tanto, alterar indicadores clave no observables, como los tipos de interés naturales y el desempleo, frecuentemente utilizados en el análisis de la política monetaria", advierten los economistas del BPI, que insisten en que esta alteración puede inducir a diagnósticos erróneos.

Más allá del tamaño y el sentido de estos efectos, el informe destaca que también difieren en su "timing": la IA podría generar primero presiones al alza sobre los precios y, solo más adelante, convertirse en una fuerza desinflacionaria cuando se consoliden las ganancias de productividad y la oferta se adapte.

Así, aunque ya podrían estar manifestándose ciertos efectos inflacionistas de corto plazo, aunque moderados, los autores consideran que los impactos desinflacionarios ligados a una mayor productividad o a cambios en la percepción del poder de negociación de los trabajadores aparecerán de forma más lenta y paulatina.

En este contexto, si los bancos centrales sobrevaloran las mejoras de la oferta o infravaloran el aumento de la demanda subyacente, la política monetaria puede resultar excesivamente expansiva; mientras que, en el caso opuesto, podrían imponerse condiciones más restrictivas de lo necesario. Por ello, sostienen que un enfoque prudente, gradual y muy apoyado en los datos, como el que defiende el Banco Central Europeo (BCE), ayuda a limitar la probabilidad de cometer errores de diagnóstico.

El BPI también llama la atención sobre las consecuencias potenciales del auge de la IA para la estabilidad financiera. La adopción de esta tecnología puede modificar de raíz los modelos de negocio de determinados sectores y provocar correcciones negativas en sus cotizaciones y en sus perspectivas laborales, como ya se observó en las empresas de software como servicio (SaaS) en febrero de 2026.

Además, en algunas economías, los abultados beneficios procedentes de las exportaciones vinculadas a la IA podrían alimentar burbujas en los precios de los activos domésticos, elevando la vulnerabilidad del sistema financiero.

De forma más amplia, los economistas del BPI alertan de que uno de los riesgos centrales en el escenario actual es que las expectativas sobre el carácter transformador de la IA resulten excesivamente optimistas. Este exceso de confianza puede desembocar en sobreinversión, una asignación ineficiente del capital y un empeoramiento de la calidad del crédito.

"Una corrección en los precios de los activos podría endurecer las condiciones financieras, frenar la inversión y debilitar la demanda agregada", concluyen los autores del informe, que reclaman vigilancia y cautela ante el rápido despliegue de la inteligencia artificial en la economía global.

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