Chipre es el país de la Unión Europea más cercano a Oriente Medio. Apenas algo más de cien kilómetros separan la frontera comunitaria de la región del Líbano. El destino ha querido que sea el escenario donde los líderes de los Veintisiete debatan la respuesta política, pero también económica, a la guerra iniciada por Estados Unidos e Irán, bajo la presidencia chipriota del Consejo. Presionados a mover ficha en un tablero todavía no dominado del todo.
Era la primera vez que Nicosia acogía una cumbre de los Veintisiete en la que, después de dos días de cónclave y una prórroga del alto el fuego, salen con la exigencia de una “libre navegación” en el estrecho de Ormuz que logre calmar la volatilidad sufrida en los últimos días en los mercados y en el escenario geopolítico. Este mismo viernes, los jefes de Gobierno han mantenido un almuerzo con sus homólogos de Líbano, Siria, el Consejo de Cooperación del Golfo, Egipto y Jordania.
Dispuestos a colaborar
Tras el encuentro, el anfitrión de la cita, el presidente Nikos Christodoulídis, ha afirmado que se ha analizado “dónde podemos reforzar nuestra cooperación con los socios en la región para el beneficio de nuestra Unión”, ya que, según él, “la seguridad y la estabilidad de la región están entrelazadas con los valores de la Unión Europea”. Chipre quiere seguir actuando “como un puente entre Bruselas y los socios de Oriente Medio”, más allá de la característica geográfica que les une.
Ha sido el presidente del Consejo Europeo, António Costa, quien ha confirmado su acogida a la prórroga por parte de Estados Unidos del alto el fuego con Irán, ya que entre los europeos es visto como un gesto encaminado a profundizar las negociaciones de paz. “Cualquier acuerdo de paz tiene que acabar con el programa nuclear de Irán”, ha advertido la líder del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen.

En el plano geopolítico actual, Europa quiere ser algo más que un aliado en tiempos de crisis con los países al otro lado del Mediterráneo: quiere ser un socio a futuro. Por esta razón, los mandatarios se han mostrado dispuestos a contribuir “a todos los esfuerzos en curso”, desde el asunto nuclear hasta ofrecer ayudas directas para restaurar la infraestructura energética del Golfo con el fin de estabilizar los mercados energéticos mundiales. Por su parte, Von der Leyen ha pedido profundizar los lazos “en todos los ámbitos, desde la defensa y la seguridad hasta las inversiones”.
La guerra por los dos billones
Antes de que la situación en Oriente Medio hiciera estallar todos los planes de los europeos, en los despachos de la capital comunitaria estaba previsto que la presidencia chipriota tratase de lograr un acuerdo para el próximo Marco Financiero Plurianual 2028-2034, la madre de todas las negociaciones. Sobre el papel, el objetivo sigue siendo conseguir un acuerdo durante este verano; sin embargo, fuentes comunitarias rebajan con el tiempo su optimismo.
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Lo cierto es que, tras haberlo propuesto durante consejos anteriores, esta ha sido la primera vez que los Estados miembros se han decidido a empezar a discutir su presupuesto para los próximos siete años “de forma seria”. En la presidencia del Consejo sostenían que era importante abrir la conversación en este momento de cara a preparar el terreno para que la delegación chipriota presente el primer borrador de negociación en el mes de junio y antes de alcanzar un acuerdo a finales de año.
Fuentes presentes en las discusiones sostienen que la necesidad de nuevos recursos propios ha sido “ampliamente compartida” por los jefes de Gobierno, que se han mostrado abiertos a seguir trabajando sobre la base de la propuesta de dos billones de euros planteada por la Comisión Europea. “Algunos líderes no descartaron considerar opciones adicionales. Queda mucho trabajo por delante en este tema, pero el ambiente fue constructivo”, dice un funcionario europeo.

Costa cree que los debates de este viernes confirman que esos nuevos recursos propios “tendrán que desempeñar un papel importante en la financiación del presupuesto”, pese a que reconoce que “aún queda trabajo por hacer”.
Si bien es cierto, en la sala de negociación algunos líderes habrían expresado su voluntad de reducir el tamaño del presupuesto, mientras que “otros quieren un tamaño que esté a la altura de las ambiciones de la Unión Europea”, sostienen las mismas fuentes diplomáticas.
En este punto, la delegación española se muestra crítica con lo planteado por Bruselas. Considera que la propuesta no contiene la “ambición” necesaria para el contexto actual. Desde el entorno del presidente Pedro Sánchez insisten en que Europa necesita dar un salto importante en financiación. “Es necesario acelerar la intensidad de las discusiones si se quiere llegar a tiempo”, señalan. Los españoles también cuestionan el alcance de los nuevos recursos propios, al considerar que se quedan cortos. La idea de fondo es clara: sin más dinero, no habrá más Europa.
El debate energético
Además, en términos de partidas económicas, el presidente español ha pedido a sus homólogos la prórroga de un año adicional de los fondos europeos Next Generation con el objetivo de mantener el nivel inversor en la electrificación y las energías renovables.

En esta línea, y después de conocer el plan energético de la Comisión Europea para responder a las consecuencias de la guerra en Irán, el mandatario portugués ha expresado que el continente solo tiene una opción: “acelerar la transición energética e impulsar el desarrollo de fuentes de energía limpias de producción nacional”.
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En una rueda de prensa posterior, Von der Leyen ha confirmado que antes de verano presentará el Plan de Acción de Electrificación, con la intención de avanzar, como ha expresado Costa, hacia la energía limpia europea, después de constatar cierto consenso al respecto en las conversaciones de estos dos días. “Es una cuestión de seguridad e independencia económica”, ha afirmado la alemana.
Los europeos regresan con la sensación de haber jugado la partida en Oriente Medio sin llegar a mover ficha del todo, y con la intención de que Bruselas acabe cediendo en los debates económicos del continente, como el presupuesto europeo o la reindustrialización. “Falta ambición” es el estribillo que se repite en los pasillos de las instituciones comunitarias.