First we take Manhattan, then we take Berlin: la izquierda de Mamdani encuentra un espejo en Elif Eralp

El triunfo de Die Linke en Berlín conecta con la victoria de Zohran Mamdani en Nueva York: vivienda, apoyo joven y una promesa de ciudades más asequibles. Pero Elif Eralp todavía tiene que conquistar lo que el estadounidense obtuvo en las urnas: el poder para gobernar

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La candidata de La Izquierda a las elecciones de la ciudad-estado de Berlín, Elif Eralp, tras conocerse el resultado de la encuesta que le da la victoria Sebastian Gollnow/dpa

La candidata de La Izquierda a las elecciones de la ciudad-estado de Berlín, Elif Eralp, tras conocerse el resultado de la encuesta que le da la victoria Sebastian Gollnow/dpa

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Leonard Cohen puso las dos ciudades en la misma canción. La política permite ahora colocarlas en una misma conversación. Primero, Nueva York eligió alcalde a Zohran Mamdani, un socialista democrático que convirtió el coste de vivir en la ciudad en el centro de su candidatura. Ahora, Die Linke gana en Berlín con una propuesta que también encuentra en la vivienda y en los jóvenes dos de sus principales apoyos.

La semejanza invita a hablar de una izquierda urbana que recupera iniciativa. La diferencia obliga a precisar hasta dónde llega esa recuperación.

Mamdani ganó una alcaldía. Elif Eralp ha situado a su partido en cabeza de un Parlamento fragmentado. Entre ambas cosas hay una distancia que se mide en socios, negociaciones y capacidad para convertir promesas en decisiones.

El alquiler como cuestión de pertenencia

El vínculo más sólido entre Nueva York y Berlín aparece cada mes en la cuenta bancaria de sus vecinos.

La vivienda permite traducir debates ideológicos a una experiencia inmediata: cuánto cuesta quedarse, cuánto hay que alejarse del trabajo y qué parte del sueldo desaparece antes de empezar a vivir. Una ciudad puede ofrecer oportunidades y, al mismo tiempo, volverse inaccesible para quienes quieren aprovecharlas.

Mamdani hizo de la congelación de los alquileres regulados una bandera. En junio, el organismo neoyorquino encargado de fijar sus incrementos aprobó una congelación para aproximadamente un millón de viviendas, aplicable a las renovaciones correspondientes desde octubre de 2026. Una promesa electoral empezaba así a convertirse en política pública. 

En Berlín, el análisis de ZDF sitúa los alquileres y el mercado inmobiliario como el principal problema electoral y atribuye a Die Linke la mayor confianza para afrontarlo. La formación ha defendido, además, transferir a propiedad colectiva viviendas de grandes propietarios, una intervención diferente y más profunda que congelar determinadas rentas. 

La conexión política puede formularse así: el derecho a seguir viviendo en la ciudad se convierte en una propuesta de futuro.

Los jóvenes aparecen en las dos fotografías

También hay un parecido generacional, aunque conviene evitar comparaciones automáticas entre porcentajes.

El centro de investigación CIRCLE, de la Universidad de Tufts, calculó que el 75% de los votantes de entre 18 y 29 años respaldó a Mamdani. Su análisis, basado en encuestas a pie de urna, identificó a los jóvenes como su grupo de edad más favorable. Entre las mujeres jóvenes, el apoyo alcanzó el 82%.

En Berlín, Forschungsgruppe Wahlen encuentra un respaldo a Die Linke de casi la mitad de los menores de 30 años, con mayor apoyo femenino: el 55%, frente al 40% masculino. Las franjas y las elecciones son distintas, pero ambas muestran una especial fortaleza entre los electores jóvenes.

Estos datos cuestionan cualquier relato que presente el giro juvenil hacia la derecha como un destino inevitable. Sugieren algo más condicionado por el contexto: quién consigue representar las preocupaciones de esa generación y ofrecer una respuesta reconocible.

Una izquierda dentro del gran partido y otra que compite contra él

Mamdani llegó a las elecciones municipales como candidato demócrata, después de disputar la orientación de ese espacio político. Ganó en noviembre de 2025 frente a Andrew Cuomo, que concurrió como independiente, y al republicano Curtis Sliwa.

Die Linke actúa desde un partido propio y compite con socialdemócratas y ecologistas. Su crecimiento puede reforzar su liderazgo dentro de la izquierda mientras debilita electoralmente a las formaciones con las que después necesita entenderse.

Es una diferencia estratégica importante. En Nueva York, la disputa por quién representa al electorado progresista pasó por la candidatura demócrata. En Berlín, esa disputa continúa después del recuento, alrededor de una mesa de negociación.

Ganar Berlín todavía no significa gobernarla

La proyección de ZDF de las 21:56 sitúa a Die Linke en el 25,1%, frente al 19,2% de la CDU. Más que duplica el 12,2% de 2023, pero queda lejos de gobernar en solitario.

El reparto proyectado permite una coalición de Die Linke, Verdes y SPD con 77 escaños, por encima de los 66 necesarios. También permite otra encabezada por la CDU junto a Verdes y SPD, con 68. Ambas cuentas dependen del resultado final de BSW, situado entonces en el 4,9%. 

La paradoja es evidente: Eralp puede ganar con claridad y seguir necesitando que otros partidos acepten convertir esa victoria en Gobierno.

Ni un cheque en blanco ni una fórmula universal

Hay otro dato que enfría una lectura demasiado entusiasta. El análisis de Forschungsgruppe Wahlen describe una profunda insatisfacción berlinesa: el 45% considera que ningún partido es adecuado para resolver los problemas de la ciudad. Y solo el 37% cree que la expropiación de grandes compañías de vivienda solucionaría los problemas del mercado inmobiliario.

Ganar confianza en vivienda no equivale a obtener respaldo mayoritario para todas las medidas propuestas. Tampoco dos victorias urbanas bastan para demostrar una transformación política general.

Sí permiten identificar una oportunidad: una izquierda que vincula su identidad con problemas cotidianos puede ampliar su espacio. El alquiler, el transporte y la posibilidad de construir una vida estable ofrecen un lenguaje que conecta el programa con la experiencia.

Mamdani ya afronta la prueba de ejecutar. Eralp debe conseguir primero una mayoría que le permita intentarlo. Entre Nueva York y Berlín viaja una misma promesa: que vivir en una gran ciudad no termine convertido en un privilegio. El éxito se medirá en cuántas personas puedan quedarse.

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