América Latina llega a las elecciones de Brasil con un mapa político muy distinto al de la última expansión progresista. La derecha ha recuperado presidencias, ha consolidado gobiernos y ha situado la seguridad, el control migratorio y el rechazo a los partidos tradicionales en el centro de la discusión pública. Una victoria de Flávio Bolsonaro frente a Luiz Inácio Lula da Silva este domingo en la segunda vuelta de las elecciones brasileñas daría a ese desplazamiento una dimensión decisiva: incorporaría al país más poblado y a la mayor economía de la región.
México quedaría como faro de la izquierda democrática latinoamericanana. Uruguay y Guatemala juegan en el mismo espacio, pero con diferencias importantes entre sus gobiernos y con un peso económico y demográfico mucho menor.
De la expansión progresista a las victorias conservadoras
El giro hacia la derecha de Latinoamérica se inició con la llegada de Javier Milei a la presidencia argentina en 2023 y prosiguió con cambios especialmente relevantes: el final del ciclo del MAS en Bolivia con Rodrigo Paz; la sustitución de Gabriel Boric por José Antonio Kast en Chile; el regreso de la derecha al Gobierno hondureño con Nasry Asfura; y la sucesión de Gustavo Petro por Abelardo de la Espriella en Colombia.
A estos movimientos se suman la continuidad de Daniel Noboa en Ecuador, la victoria de Laura Fernández como heredera política de Rodrigo Chaves en Costa Rica y el triunfo de Keiko Fujimori en Perú. Algunos sólo fueron relevos dentro de un espacio anteriormente conservador, otros consolidan una orientación previa. Todos vienen a sumar a esa tendencia conservadora que sobrevuela el continente.
Por qué Brasil pesa más que una presidencia
Sin embargo, una derrota de Lula en Brasil tendría consecuencias que superarían el mero recuento de gobiernos de uno u otro signo político. Por su tamaño, Brasil constituye un soporte fundamental para cualquier proyecto de coordinación progresista latinoamericana. Su cambio de orientación reforzaría a las derechas sudamericanas y modificaría el equilibrio político regional.
También afectaría a cuestiones concretas: la protección de la Amazonía, la política climática y la relación con Estados Unidos. La campaña enfrenta propuestas diferentes sobre el papel del Estado, la seguridad y la política exterior. Por eso, el resultado brasileño determinará tanto una presidencia como la capacidad de cada espacio político para impulsar sus prioridades fuera de sus fronteras.
Quién gobierna en la América hispanohablante y Brasil
Situación a 25 de octubre de 2026, antes del resultado de Brasil. La orientación política corresponde al Gobierno nacional.
| Región | País | Quién gobierna | Orientación |
|---|---|---|---|
| Norteamérica | México | Claudia Sheinbaum | Izquierda |
| Centroamérica | Guatemala | Bernardo Arévalo | Centroizquierda reformista |
| Centroamérica | Honduras | Nasry Asfura | Derecha |
| Centroamérica | Costa Rica | Laura Fernández | Derecha conservadora |
| Centroamérica | Panamá | José Raúl Mulino | Derecha / centroderecha |
| Sudamérica | Argentina | Javier Milei | Derecha libertaria |
| Sudamérica | Bolivia | Rodrigo Paz | Centro / centroderecha |
| Sudamérica | Brasil | Luiz Inácio Lula da Silva | Izquierda / centroizquierda. Segunda vuelta pendiente. |
| Sudamérica | Chile | José Antonio Kast | Derecha radical |
| Sudamérica | Colombia | Abelardo de la Espriella | Derecha radical |
| Sudamérica | Ecuador | Daniel Noboa | Derecha / centroderecha |
| Sudamérica | Paraguay | Santiago Peña | Derecha conservadora |
| Sudamérica | Perú | Keiko Fujimori | Derecha conservadora |
| Sudamérica | Uruguay | Yamandú Orsi | Izquierda / centroizquierda |
| Caribe (complemento) | República Dominicana | Luis Abinader | Centro / centroderecha |
Criterio: selección de países hispanohablantes y Brasil con competencia electoral pluralista, sin equiparar su calidad institucional. Las etiquetas ideológicas son orientativas y admiten matices. El Salvador se trata aparte por su deriva autoritaria. Cuba, Nicaragua y Venezuela quedan fuera del recuento democrático.
México, Uruguay y Guatemala, las excepciones al giro
México conservaría, con Claudia Sheinbaum, el Gobierno de izquierda de mayor peso regional si Lula pierde. Pero Uruguay ofrece una corrección importante a la idea de una ola conservadora irresistible: Yamandú Orsi devolvió el Frente Amplio al poder en 2025, después de una legislatura de centroderecha.
Guatemala constituye una tercera excepción. Bernardo Arévalo encabeza un proyecto reformista de raíz socialdemócrata, cuya prioridad anticorrupción y dificultades para transformar las instituciones aconsejan distinguirlo de las experiencias mexicana y brasileña. Compartir una ubicación aproximada en la centroizquierda no significa formar un bloque homogéneo.
Una derecha mayoritaria con proyectos diferentes
Tampoco existe una única derecha latinoamericana. La agenda económica de Milei, el conservadurismo de Kast, el proyecto de Rodrigo Paz y las estrategias de seguridad de otros mandatarios responden a tradiciones y circunstancias nacionales diferentes.
La inseguridad, el desgaste de los gobiernos, la corrupción y las dificultades económicas ayudan a interpretar el avance conservador. Sin embargo, una sucesión de victorias electorales no demuestra que todos los ciudadanos hayan adoptado una misma ideología. El voto de castigo y la búsqueda de resultados también atraviesan este cambio de ciclo.
Centroamérica y el límite de la etiqueta democrática
En Centroamérica predominan los gobiernos de derecha entre los países incluidos en esta comparación: Honduras, Costa Rica y Panamá, frente a la Guatemala de Arévalo.
El Salvador, sin embargo, exige una consideración separada. Nayib Bukele es el referente regional de la mano dura, pero el desmantelamiento de contrapesos y las restricciones de derechos impiden presentarlo sin matices como una democracia equiparable a las demás. Celebrar elecciones y conservar un sistema democrático pluralista no son criterios intercambiables. Por ese motivo merece mención aparte junto con Nicaragua, Cuba y Venezuela, cuyos regímenes tampoco admiten una comparación democrática.