La España que acudirá a las urnas el próximo 29 de noviembre es demográficamente muy distinta de la que votó en las primeras elecciones democráticas de 1977. Entonces, Barcelona era la provincia con más diputados, por delante de Madrid, y el noroeste peninsular —Galicia, Asturias o Castilla y León— tenía un peso parlamentario muy superior al actual. Casi medio siglo después, la concentración de población en las grandes áreas urbanas y en determinadas zonas del litoral ha modificado el reparto de los 350 escaños del Congreso.
Si hay una provincia que da cuenta de esta profunda transformación demográfica es Madrid, que ha pasado de los 32 diputados que eligió en 1977 a los 38 que le corresponderán en 2026; mientras, Barcelona -que entonces encabezaba la representación provincial en el Congreso- ha perdido uno, de 33 a 32. La inversión del equilibrio entre ambas circunscripciones, que refleja sus distintos ritmos de crecimiento respecto al conjunto de España, forma parte de un desplazamiento demográfico más profundo, apreciable también en la fachada mediterránea y los archipiélagos, que han ganado peso parlamentario frente a buena parte del noroeste y del interior peninsular.
Un Congreso de 350 diputados para una población diferente
En España, aunque los diputados representan al conjunto de la ciudadanía, su elección se organiza por provincias, con una asignación mínima de escaños diseñada durante la Transición para beneficiar a las circunscripciones menos pobladas. Este principio de representación mínima se introdujo por primera vez en la Ley para la Reforma Política, de cuya aprobación pronto se cumplirá el 50.º aniversario, y fue incorporado posteriormente a la Constitución de 1978, aunque el procedimiento concreto para distribuir los representantes restantes cambió con la aprobación de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG).
El ordenamiento jurídico y constitucional vigente reserva dos diputados a cada una de las 50 provincias y uno a Ceuta y Melilla, de manera que 102 de los 350 escaños quedan asignados con independencia de la población de cada circunscripción. Los otros 248 se distribuyen proporcionalmente entre las provincias según sus habitantes de derecho, utilizando las cifras oficiales de población aplicables a cada convocatoria electoral.
Para calcular ese reparto, la población conjunta de las 50 provincias se divide entre 248, lo que permite obtener una cuota de habitantes por escaño. A cada circunscripción se le atribuye primero el número entero de representantes que resulta de dividir su población entre esa cuota y, si todavía quedan diputados por adjudicar, estos se asignan a las provincias con los mayores restos decimales.
Esto explica por qué el crecimiento de una provincia no tiene por qué implicar que gane representación, ni una reducción de escaños significa necesariamente que haya perdido habitantes. Lo determinante es cómo evoluciona su población en comparación con la del resto de las provincias, ya que todas compiten por un número limitado de diputados adicionales, mientras que el mínimo territorial permanece protegido.
En 1977, el reparto se efectuó mediante las reglas del Real Decreto-ley 20/1977, que establecía también una asignación inicial de dos diputados por provincia, pero utilizaba una cuota fija de habitantes y una regla de redondeo para adjudicar los restantes. Por ello, la comparación entre la distribución de escaños en ambos años permite observar la evolución del peso poblacional relativo de cada territorio en el conjunto del país.
Madrid y el Mediterráneo concentran las ganancias
La expansión demográfica de Madrid ha estado vinculada al crecimiento de su área metropolitana, que durante las últimas décadas ha extendido su influencia mucho más allá de la capital. A los movimientos de población procedentes de otras comunidades autónomas se ha sumado la inmigración internacional, que ha contribuido a consolidar su posición como uno de los principales polos de atracción demográfica del país.
La transformación también ha sido especialmente intensa en la costa mediterránea, donde Alicante ha pasado de nueve a doce diputados y Málaga de ocho a once, como consecuencia de la expansión de sus áreas urbanas y del desarrollo de municipios turísticos y residenciales que han atraído nuevos habitantes. A este crecimiento se suman Murcia y Baleares, con dos representantes adicionales cada una, mientras que Valencia, Almería, Gerona y Tarragona también han ampliado su presencia en el Congreso.
En los archipiélagos, Canarias ha ganado dos escaños desde 1977, ambos correspondientes a Las Palmas, mientras Santa Cruz de Tenerife conserva los siete diputados que tenía entonces, una distribución que permite apreciar cómo el crecimiento poblacional puede modificar el equilibrio territorial incluso dentro de una misma comunidad.

El noroeste pierde peso en el Congreso
Por otra parte, el envejecimiento de la población, la emigración y la menor capacidad de atracción de nuevos residentes han marcado la evolución demográfica de buena parte del noroeste peninsular, cuya representación se ha reducido respecto a las primeras elecciones democráticas.
Galicia ha pasado de 27 a 23 diputados, con una pérdida de un representante en cada una de sus cuatro provincias, aunque la intensidad y las características de los cambios poblacionales han sido distintas entre los territorios del interior y los del eje atlántico.
Castilla y León también ha cedido cuatro escaños, al pasar de 35 a 31, en una comunidad donde la despoblación de numerosos municipios rurales ha convivido con la concentración de habitantes en las capitales provinciales y sus entornos. La reducción ha sido especialmente significativa en León, que ha perdido dos diputados, mientras Zamora y Soria han cedido uno cada una, una evolución que es un fiel reflejo del vaciamiento de la España interior.
La pérdida de representación se extiende a otros territorios de la mitad norte, como Asturias, que ha pasado de diez a siete diputados, y el País Vasco, que ha pasado de 21 a 18, mientras Extremadura también ha reducido su delegación parlamentaria en tres representantes.
En conjunto, las regiones del oeste y noroeste peninsular pierden 13 escaños, síntoma de la decadencia que ha vivido esta zona de la península tras la reconversión industrial. Este es exactamente el mismo número de escaños que han ganado las provincias del litoral mediterráneo, dando cuenta del cambio de equilibrios demográficos que ha experimentado España en estos cincuenta años.
La representación mínima amortigua el efecto de la despoblación
En todo este tiempo, el mínimo de dos diputados por circunscripción ha actuado como un mecanismo de protección territorial que ha permitido conservar escaños incluso cuando ha disminuido la proporción de habitantes que una provincia representa dentro del conjunto de España.
El caso más evidente es el de Soria, que ha pasado de tres diputados en 1977 a los dos que elegirá el próximo 29 de noviembre. Aunque su peso demográfico relativo pudiera seguir reduciéndose, la provincia no puede perder más representación mientras permanezca vigente el actual sistema electoral, puesto que ya ha alcanzado el mínimo garantizado por la legislación.
Esta protección también hace que las circunscripciones con menor población cuenten con una proporción de representantes superior a la que les correspondería en un reparto estrictamente proporcional, mientras que las provincias más pobladas necesitan reunir muchos más habitantes para obtener cada escaño.
Medio siglo de cambios en el mapa autonómico
Aunque los escaños se asignan individualmente a cada provincia, la comparación de su distribución por comunidades autónomas permite apreciar la magnitud de las transformaciones demográficas experimentadas desde el comienzo de la democracia. Para efectuarla es necesario agrupar las circunscripciones de 1977 según los límites autonómicos actuales, ya que aquella organización territorial todavía no existía cuando se celebraron las primeras elecciones.
| Comunidad autónoma | 1977 | 2026 | Variación |
|---|---|---|---|
| Comunidad de Madrid | 32 | 38 | +6 |
| Comunidad Valenciana | 29 | 33 | +4 |
| Islas Baleares | 6 | 8 | +2 |
| Canarias | 13 | 15 | +2 |
| Región de Murcia | 8 | 10 | +2 |
| Andalucía | 59 | 60 | +1 |
| Cataluña | 47 | 48 | +1 |
| Castilla-La Mancha | 21 | 21 | 0 |
| Cantabria | 5 | 5 | 0 |
| Navarra | 5 | 5 | 0 |
| La Rioja | 4 | 4 | 0 |
| Aragón | 14 | 13 | -1 |
| Principado de Asturias | 10 | 7 | -3 |
| Extremadura | 12 | 9 | -3 |
| País Vasco | 21 | 18 | -3 |
| Galicia | 27 | 23 | -4 |
| Castilla y León | 35 | 31 | -4 |
| Ceuta | 1 | 1 | 0 |
| Melilla | 1 | 1 | 0 |
| TOTAL | 350 | 350 | 0 |
Tal y como hemos apuntado anteriormente, medio siglo después de las primeras elecciones democráticas los 350 escaños del Congreso siguen repartiéndose entre las mismas circunscripciones, pero representan a una España cuya distribución territorial de la población ha cambiado considerablemente.