El primer ministro húngaro, Peter Magyar, ha anunciado que el cierre completo de la central nuclear de Paks se producirá a última hora de este domingo o, como muy tarde, en algún momento del lunes. Será la primera vez en 44 años que esta instalación clave para el suministro eléctrico del país detenga por completo su actividad, forzada por la caída extrema del caudal del Danubio, responsable de la refrigeración de sus reactores.
“La penúltima turbina se apagó esta pasada madrugada a las 01.30 y la última se apagará este domingo o en algún momento del lunes”, ha explicado Magyar en una entrevista a la cadena privada RTL. En estos momentos, la planta apenas genera 240 megavatios, lo que supone poco más de un 10% de su producción habitual.
Ante este desplome de la generación nuclear, el primer ministro ha decretado este fin de semana severas limitaciones de consumo para las empresas y el sistema ferroviario nacional, aunque ha insistido en que “no será necesario imponer estas medidas a la población”. Aun así, y como viene repitiendo en los últimos días, el jefe del Gobierno húngaro ha pedido a la ciudadanía que “durante el período crítico entre las 17.00 y las 22.00 horas, intenten moderar o reprogramar su consumo de electricidad según sus posibilidades”.
La coyuntura, admite el Ejecutivo, es extremadamente delicada. “Nos enfrentamos a una crisis energética, una crisis quizás sin precedentes, con consecuencias terriblemente difíciles, con datos, tanto sobre el nivel del agua del Danubio como sobre las temperaturas, que nunca antes se habían visto”, ha alertado Magyar, que calcula que Paks podría permanecer fuera de servicio durante más de un mes.
El impacto del bajo caudal del Danubio se deja notar, en mayor o menor grado, en otros países situados a lo largo del curso del río. En Rumanía, por ejemplo, las autoridades se han visto obligadas a ejecutar una voladura controlada en el río Bala para aumentar el caudal y asegurar así el funcionamiento de la central nuclear de Cernavoda.