El asalto de Hamás del 7 de octubre de 2023 fue un golpe traumático para la sociedad israelí y profundizó aún más la histórica distancia con una minoría ya marginada: los árabe-israelíes, a quienes se ha llegado a estigmatizar y asociar con el terrorismo. De forma paradójica, sus formaciones podrían convertirse en el factor decisivo del Ejecutivo que salga de las urnas este 27 de octubre y están dispuestas a facilitar un cambio de gobierno que desaloje al primer ministro, Benjamin Netanyahu.
En una Knesset muy atomizada, donde suelen entrar más de diez listas distintas, la movilización de este electorado será determinante. Los árabe-israelíes representan en torno al 20% de la población (unos 2,15 millones de personas) y el 17% del censo electoral, aunque históricamente votan menos que los judío-israelíes. En las últimas elecciones, su participación fue del 53%, frente al 70,6% del conjunto del país.
La creación en 2015 de la Lista Conjunta, que agrupó a todos los partidos árabe-israelíes junto a la izquierda judeo-árabe para superar el umbral electoral elevado en 2014 al 3,25%, supuso un punto de inflexión. Ese año lograron 13 escaños y se convirtieron en la tercera fuerza parlamentaria. En 2020 alcanzaron su techo, con 15 diputados, gracias a una participación árabe-israelí cercana al 65%.
El equilibrio se rompió en 2021, cuando la Lista Árabe Unida (Raam), liderada por Mansur Abbas, abandonó la alianza por discrepancias ideológicas y pasó a integrarse en la denominada “coalición del cambio” de Naftali Bennett y Yair Lapid. Aquella experiencia de gobierno fue breve y desembocó en las elecciones de 2022, que devolvieron a Netanyahu al poder con el Ejecutivo más escorado a la derecha de la historia del país. La división interna dejó a la Lista Árabe Unida y a los restos de la Lista Conjunta (Hadash y Taal) con solo cinco escaños, mientras que Balad, que se había separado, quedó fuera de la Knesset.
Ahora, los sondeos dibujan un escenario más favorable para las dos candidaturas árabe-israelíes: la renovada Lista Conjunta, que vuelve a integrar a Hadash, Taal y Balad, y la Lista Árabe Unida. Entre ambas podrían sumar entre 13 y 15 diputados, impulsadas, según las encuestas, por una participación que podría superar incluso el 70% en este segmento del electorado.
Eisenkot y sus aliados rechazan apoyarse en los árabes
Pese a que cada escaño cuenta, el bloque opositor que se ha articulado contra Netanyahu, encabezado por el ex jefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot y su partido Yashar (Recto, de centro-derecha), no parece dispuesto a apoyarse en los partidos árabe-israelíes.
“No quiero el apoyo de los partidos árabes y no les pido que me apoyen”, subrayó en una entrevista en “Times of Israel”, dejando claro que si no consigue la mayoría de 61 escaños necesaria someterá su formación a la confianza de la Knesset y reclamará el respaldo tanto del Likud de Netanyahu como de todos los partidos sionistas. “Creo que no es descartable que al menos un partido ultraortodoxo se desmarque y se abstenga estratégicamente”, añadió, confiando en una posible fisura en el bloque del actual primer ministro.
Desde Juntos, la alianza liderada por Naftalí Bennet (derecha) y Yair Lapid (centro), a la que las encuestas sitúan como tercera fuerza, la puerta también parece cerrada. “Estamos luchando para llegar a los 61 escaños sin mirar a los extremos de uno y otro lado”, sostiene Eitan Ginzburg, candidato a la Knesset por esta lista, en un encuentro con periodistas organizado por Fuente Latina, descartando así buscar siquiera un respaldo externo de árabe-israelíes o de ultraortodoxos.
“Esta reticencia a compartir el poder con los árabes no es nueva, pero se ha convertido en una cuestión de consenso político desde el 7 de octubre de 2023”, señalan desde el ‘think-tank’ Crisis Group, destacando cómo Netanyahu ha insistido en que sus adversarios solo podrán sacarle del cargo aliándose con los árabe-israelíes, explotando el “prejuicio anti-árabe para alarmar a los votantes” y deslegitimar cualquier pacto de la oposición con estas formaciones.
Estrategias opuestas entre las listas árabe-israelíes
Las dos principales listas árabe-israelíes afrontan el escenario postelectoral con enfoques distintos. La Lista Árabe Unida de Mansur Abbas adopta una línea más pragmática y está abierta a respaldar a un gobierno opositor que asuma sus demandas, incluso entrando en la coalición. La Lista Conjunta, en cambio, descarta integrarse en el Ejecutivo que se forme.
Mansur, cuyo partido ya participó en el gobierno de 2021 liderado por Bennet y Lapid —en el que llegó a ser ministro— y que ahora cuenta en sus filas con el ex jefe de la Policía israelí Yoav Segalovitz, no descarta repetir la experiencia.
“Hemos llegado a la conclusión de que la representación parlamentaria no es suficiente para servir a la sociedad árabe”, explicó recientemente a la BBC. Por ello, “hemos decidido asumir la responsabilidad de convertirnos en parte de la solución a nuestros problemas y ofrecer esperanza, tanto a árabes como a judíos”, añadió.
Desde la Lista Conjunta, su director de campaña, Mauricio Lapchik, afirma que harán “todo lo posible para evitar la vuelta de Netanyahu”, apuntando sobre todo a un apoyo externo a un gabinete opositor o a una abstención en la votación de investidura en la Knesset. Los árabe-israelíes, recalca, “son una fuerza política imposible de ignorar” en estas elecciones, pero insiste en que la decisión final recae en los líderes opositores: “la pelota está en su tejado”.
En un acto organizado por Fuente Latina, Lapchik advierte, sin embargo, de que ese apoyo “no será gratis” y plantea como condiciones centrales abordar la lacra del crimen organizado en las localidades árabe-israelíes, que el Ejecutivo saliente ha dejado de lado, y, sobre todo, que “se frene” la violencia de colonos contra palestinos en Cisjordania, supuestamente amparada, según él, por el bloque de Netanyahu.
Debate interno en la oposición sobre integrar a Mansur Abbas
Dentro del bloque de Eisenkot, el único socio que defiende abiertamente la entrada de un partido árabe-israelí en el próximo gobierno es Los Demócratas, donde se agrupan los restos del histórico Partido Laborista y Meretz (izquierda). Para Tomer Avital, que figura en sus listas, el líder de la Lista Árabe Unida “es el árabe que hemos estado esperando” porque “está en contra de la violencia y a favor de un Estado judío”. Por ello, confía en que sus aliados terminen aceptando que su participación es “lo moralmente correcto”.
El profesor Alberto Spectorovsky considera que la incorporación del partido de Mansur Abbas al Ejecutivo sería “excepcional a nivel internacional para Israel ya que habría una coalición de derecha pero con un partido árabe y un partido de izquierda potable”. “Desde el punto de vista de la imagen es sustancial”, sostiene este académico, aunque en términos de políticas concretas no se produjera un giro radical. Eisenkot ha dicho que no quiere, pero “no hay otras opciones”, remacha.