Las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos, conocidas como midterms, pueden terminar sin que se sepa qué partido controlará el Congreso. Millones de estadounidenses están llamados a las urnas este martes 3 de noviembre para elegir a los 435 miembros de la Cámara de Representantes y renovar 35 de los 100 escaños del Senado, en unos comicios decisivos para el futuro político del presidente Donald Trump. Sin embargo, aunque las cadenas de televisión comenzarán a ofrecer resultados durante la noche, el escrutinio de algunas circunscripciones podría prolongarse varios días.
La principal razón es que Estados Unidos no cuenta con un sistema electoral único de recuento para todo el país. Cada estado establece sus propias normas sobre el voto anticipado, la recepción de las papeletas enviadas por correo, la comprobación de su validez y la certificación de los resultados. A estas diferencias se suma que muchas elecciones al Congreso se deciden por márgenes muy estrechos, lo que obliga a los responsables electorales a completar una parte considerable del escrutinio antes de poder confirmar quién ha ganado.
La incertidumbre será especialmente relevante si el control de la Cámara de Representantes o del Senado depende de unos pocos escaños. En ese escenario, los estadounidenses podrían conocer la mayor parte de los resultados durante la madrugada del miércoles, pero tener que esperar hasta el jueves, el fin de semana o incluso más tiempo para saber qué partido dispone de la mayoría parlamentaria.
Por qué no se conocen todos los resultados la noche electoral
Una de las principales particularidades del sistema estadounidense es que los resultados difundidos durante la noche electoral son provisionales. Los organismos electorales van comunicando los votos contabilizados a medida que reciben la información de los colegios y centros de escrutinio, pero el cierre de las urnas no significa que todas las papeletas hayan sido revisadas.
En muchos estados, una parte importante del electorado vota de manera anticipada o por correo. Estas papeletas requieren comprobaciones adicionales, como verificar la identidad del votante, revisar las firmas o confirmar que el elector no haya emitido otro voto. Además, algunos estados permiten que los sobres lleguen después de la jornada electoral siempre que hayan sido enviados dentro del plazo establecido.
La Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales (NCSL) recuerda que 15 estados aceptan determinados votos por correo recibidos después del día de las elecciones, siempre que cumplan sus requisitos legales, generalmente relacionados con la fecha del matasellos. Por tanto, pueden seguir llegando votos válidos cuando las cadenas de televisión ya llevan horas ofreciendo resultados.
También existen las denominadas papeletas provisionales, utilizadas cuando es necesario comprobar posteriormente que una persona cumple todos los requisitos para votar. Estas verificaciones forman parte del procedimiento ordinario y pueden influir en las elecciones más ajustadas, especialmente cuando la diferencia entre candidatos es de apenas unos centenares o miles de votos.
California, Pensilvania y Alaska: los estados donde el recuento puede prolongarse
California es uno de los ejemplos más claros de por qué los resultados pueden tardar semanas en ser definitivos. El estado cuenta con más de 23 millones de votantes registrados y utiliza ampliamente el voto por correo, lo que obliga a procesar millones de papeletas. Su legislación permite contabilizar los sobres enviados como máximo el día de las elecciones que lleguen a las oficinas electorales durante los siete días posteriores.
Los responsables electorales de California disponen de 30 días para completar el escrutinio y las comprobaciones en los condados, mientras que la certificación estatal de los resultados de estas elecciones está prevista para el 11 de diciembre de 2026. Esto no significa que sea necesario esperar hasta entonces para conocer a todos los ganadores, pero sí que las cifras oficiales definitivas pueden llegar más de un mes después de la votación.
La situación es diferente en Pensilvania, donde la ley impide comenzar a abrir y preparar las papeletas por correo hasta las 7:00 horas del propio día electoral. A diferencia de otros estados, que permiten adelantar buena parte de este trabajo, los funcionarios de Pensilvania tienen que procesar esos sobres mientras también gestionan las votaciones presenciales. Esta limitación puede retrasar la publicación de los resultados si el número de papeletas enviadas por correo es elevado.
Alaska presenta un tercer escenario. El estado acepta determinados votos ausentes durante un plazo de hasta 15 días después de la elección y utiliza un sistema de voto por orden de preferencia en varias de sus carreras. Las autoridades electorales han establecido el 18 de noviembre para efectuar el recuento por preferencias cuando sea necesario, una vez incorporadas las papeletas válidas recibidas dentro del plazo.
Por su parte, Nevada también podría necesitar varios días para resolver las elecciones más disputadas, debido al volumen de votos por correo que pueden quedar pendientes de procesamiento al finalizar la jornada. Los condados tienen hasta el 13 de noviembre para completar la revisión oficial de los resultados y trasladarlos a las autoridades estatales.
Qué es el espejismo rojo y por qué puede cambiar el resultado durante el escrutinio
Otro fenómeno que puede generar confusión durante la noche electoral es el denominado "espejismo rojo", conocido en Estados Unidos como red mirage. Se produce cuando los primeros resultados parecen favorecer a los candidatos republicanos, pero la ventaja disminuye o desaparece conforme se incorporan papeletas que se contabilizan más tarde.
Este comportamiento está relacionado con las diferencias entre las formas de votar de los electores y con el orden en que se cuentan los sufragios. Históricamente, los votantes demócratas han recurrido en mayor proporción al voto por correo en determinadas elecciones, mientras que los republicanos han tenido una mayor presencia relativa en la votación presencial del día electoral. Sin embargo, estas pautas pueden cambiar entre estados y convocatorias, por lo que no deben utilizarse como una regla universal.
También puede ocurrir lo contrario, el denominado "espejismo azul", cuando los primeros resultados favorecen a los demócratas porque un estado publica antes los votos anticipados o por correo y después incorpora las papeletas presenciales de zonas donde los republicanos tienen más apoyo.
Estos cambios no significan por sí mismos que se hayan producido irregularidades. La evolución de los porcentajes responde a que los distintos grupos de papeletas no siempre se incorporan al recuento en el mismo momento. Por ello, una ventaja inicial de varios puntos puede modificarse considerablemente cuando todavía quedan decenas de miles de votos pendientes de contabilizar.
Qué diferencia hay entre un ganador proyectado y un resultado oficial
Las grandes cadenas estadounidenses y agencias como Associated Press suelen anunciar vencedores antes de que termine el recuento oficial. Estas proyecciones se basan en los votos ya publicados, la distribución territorial de los sufragios y el análisis de las papeletas que todavía quedan por contar. El objetivo es determinar si existe una ventaja que ya no puede revertirse de manera razonable con los votos pendientes.
Por tanto, que un medio declare vencedor a un candidato no significa que la autoridad electoral haya certificado su elección. Las proyecciones son estimaciones periodísticas basadas en los resultados disponibles, mientras que la certificación corresponde exclusivamente a los organismos públicos competentes.
La diferencia resulta especialmente importante en distritos donde los candidatos están separados por un margen muy pequeño. En esas situaciones, los medios pueden optar por no atribuir la victoria a ninguno de ellos hasta que avance el escrutinio. Esto explica por qué algunas carreras se resuelven pocas horas después del cierre de las urnas, mientras otras permanecen abiertas durante varios días pese a que las autoridades estén contando los votos con normalidad.
La NCSL recuerda que todos los estados deben completar un procedimiento de revisión y certificación antes de considerar oficiales los resultados. Ese proceso incluye comprobar las actas, resolver posibles incidencias y, según la legislación estatal, efectuar auditorías para verificar la exactitud del recuento.
Qué pasa si hay un empate técnico o se pide un nuevo recuento
Cuando la diferencia entre candidatos es especialmente reducida, la legislación de algunos estados contempla recuentos automáticos, mientras que en otros son los propios aspirantes quienes pueden solicitarlos si cumplen determinados requisitos. Los procedimientos y los márgenes que permiten activar estas revisiones cambian en función de cada jurisdicción.
En un recuento se revisan nuevamente las papeletas para comprobar que se han atribuido correctamente los votos. Si existen dudas sobre determinados sufragios, las autoridades competentes deben aplicar las reglas establecidas para resolverlas, y algunas controversias pueden terminar ante los tribunales.
Estos procedimientos pueden prolongar la confirmación de un resultado, pero no implican necesariamente que existan sospechas fundadas de fraude. Un recuento puede activarse simplemente porque la distancia entre dos candidatos es tan pequeña que la ley exige una nueva comprobación.
La situación también puede complicarse si una candidatura impugna judicialmente determinadas decisiones electorales. En este caso, los tribunales pueden tener que resolver cuestiones sobre la validez de papeletas o el cumplimiento de los plazos antes de que se complete el proceso. La Constitución estadounidense reconoce, además, a cada cámara del Congreso la facultad de juzgar las elecciones y las condiciones de acceso de sus propios miembros, lo que puede dar lugar a controversias posteriores en casos excepcionales.
Cuándo se sabrá quién controla el Congreso de Estados Unidos
Los primeros colegios electorales comenzarán a cerrar durante la medianoche del martes 3 al miércoles 4 de noviembre, en horario de la España peninsular. A partir de entonces, las autoridades estatales publicarán los primeros resultados y las principales cadenas estadounidenses empezarán a elaborar sus proyecciones sobre la nueva composición del Congreso.
A lo largo de la madrugada del miércoles debería conocerse una parte importante de los vencedores, aunque no existe una hora oficial para anunciar qué partido tendrá la mayoría en la Cámara de Representantes o en el Senado. Esa información dependerá de cuántas carreras continúen abiertas y de si sus resultados son necesarios para determinar el equilibrio de poder.
El caso de Alaska resulta especialmente relevante para el Senado, ya que su sistema de recuento y los plazos para recibir determinados votos pueden retrasar la resolución de una contienda ajustada. En la Cámara de Representantes, algunos distritos de California también podrían mantener la incertidumbre si las diferencias entre candidatos son pequeñas.
Un precedente cercano se produjo durante las elecciones legislativas de 2022, cuando el control de la Cámara de Representantes no quedó determinado hasta el 16 de noviembre, más de una semana después de la votación. En aquella ocasión, los republicanos alcanzaron finalmente los escaños necesarios para obtener la mayoría, aunque varias carreras continuaron pendientes de resolución.
La composición definitiva del nuevo Congreso deberá estar preparada para el inicio de la legislatura el 3 de enero de 2027, cuando está previsto que los representantes y senadores elegidos tomen posesión de sus cargos. Sin embargo, no es imprescindible que todas las actas estén certificadas simultáneamente para conocer previamente qué partido dispone de la mayoría.
Por qué un retraso electoral no significa que haya fraude
La duración del escrutinio se ha convertido en uno de los asuntos más debatidos de la política estadounidense, especialmente desde las presidenciales de 2020. Sin embargo, las autoridades electorales insisten en que seguir contando papeletas después del cierre de las urnas es un procedimiento normal y regulado por la legislación de cada estado.
La existencia de votos provisionales, sobres enviados por correo o revisiones de firmas no constituye por sí misma una anomalía. Al contrario, son mecanismos previstos para garantizar que se contabilicen los votos válidos y se excluyan aquellos que no cumplen los requisitos legales. Del mismo modo, la modificación de una ventaja durante el escrutinio no demuestra una manipulación de los resultados, ya que las papeletas pueden proceder de zonas con comportamientos electorales diferentes.
El proceso incluye controles de verificación, revisión de actas y auditorías que permiten detectar posibles errores. Si existen indicios concretos de irregularidades, las autoridades y los tribunales disponen de procedimientos para investigarlos, pero la mera duración del recuento no permite concluir que se esté produciendo fraude.
La principal incógnita de las midterms del 3 de noviembre no es únicamente quién ganará más escaños, sino cuándo habrá suficientes resultados fiables para determinar qué partido controlará cada cámara. Si las diferencias son amplias, la respuesta podría conocerse durante la madrugada del miércoles; si las mayorías dependen de unas pocas circunscripciones muy ajustadas, Estados Unidos podría tener que esperar varios días o semanas. En cualquier caso, los resultados definitivos solo llegarán una vez completados los recuentos y las certificaciones que establece la legislación electoral.