La ciudad autónoma de Ceuta afronta este jueves 30 de julio una nueva crisis migratoria, la más grave desde hace cinco años, tras la entrada de miles de personas a través de la frontera con Marruecos. No se registraba un episodio de esta magnitud desde mayo de 2021, cuando, después de que Rabat relajara los controles, unas 8.000 personas lograron acceder a territorio español.
En los días previos ya se había detectado un aumento constante de llegadas a la ciudad ceutí, con alrededor de un centenar de migrantes diarios, coincidiendo con la reciente sentencia del Tribunal Supremo que veta las “devoluciones en caliente” de quienes alcanzan a nado las costas de Ceuta y Melilla.
A mediodía de este jueves, el ritmo de accesos se disparó y el flujo se convirtió en prácticamente ininterrumpido. Durante varias horas, miles de jóvenes marroquíes, junto con familias y menores, continuaron entrando por mar bordeando el espigón del Tarajal con flotadores, y también por tierra, avanzando junto a la valla fronteriza, sin que las fuerzas de seguridad marroquíes ni españolas lograran frenar el paso.
El Gobierno ha insistido en que existe un acuerdo con Marruecos para la devolución de “todos” los que han entrado de forma irregular. Sin embargo, a última hora de la tarde seguían observándose grupos de personas cruzando la frontera y lanzándose al mar rumbo a la costa ceutí.
A la espera de cifras oficiales sobre el número total de entradas, todo apunta a que se trata del incidente más grave desde la crisis de mayo de 2021, cuando las autoridades marroquíes redujeron la vigilancia y permitieron el acceso de unas 8.000 personas entre los días 17 y 19.
La crisis de 2021: despliegue militar y relevo en Exteriores
Aquel episodio se produjo en plena tensión diplomática entre España y Marruecos, originada por la hospitalización en Logroño de Brahim Ghali, uno de los principales dirigentes saharauis del Frente Polisario y enemigo declarado de Rabat. La entonces ministra de Asuntos Exteriores, Arantxa González Laya, defendió que su acogida respondió exclusivamente a razones humanitarias, debido a la grave dolencia que padecía el líder saharaui.
La reacción marroquí fue inmediata: Rabat retiró a su embajadora en Madrid, Karima Benyaich, y facilitó la llegada masiva de sus ciudadanos a Ceuta. El Ejecutivo de Pedro Sánchez respondió entonces con el despliegue del Ejército y de vehículos militares pesados para intentar frenar las entradas irregulares.
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El presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas (PP), junto al resto de formaciones, incluido el PSOE, reclamaron el cierre del paso fronterizo y la declaración de una situación de emergencia nacional, medidas que por ahora no se han adoptado.
Dos meses después de la crisis de 2021, en julio de ese año, Sánchez decidió destituir a González Laya y nombrar en su lugar a José Manuel Albares como nuevo ministro de Exteriores. El presidente nunca llegó a admitir que este relevo obedeciera a una exigencia directa del reino alauí, que responsabilizaba a la exministra de la llegada de Ghali a España.
Giro sobre el Sáhara Occidental y tragedia en Melilla
Las fricciones entre Madrid y Rabat se prolongaron hasta marzo de 2022, cuando el Gobierno español modificó su posición tradicional sobre el Sáhara Occidental y asumió la propuesta marroquí como marco de referencia. Tras ese giro, una reunión entre Pedro Sánchez y el rey Mohammed VI sirvió para dar por cerrada oficialmente la crisis diplomática.
No obstante, la frontera volvió a ser escenario de un grave suceso pocos meses después. En junio de 2022, en el paso de Melilla, unas 2.000 personas de origen subsahariano intentaron franquear la valla fronteriza. El intento terminó en tragedia: 37 migrantes murieron por aplastamiento y asfixia en el lado marroquí, después de que unas 400 personas quedaran atrapadas en un patio sin salida.
Tarajal y Benzú, las principales vías de acceso
Los puntos de entrada son similares. En 2021, gran parte de los migrantes bordeó a nado los espigones del Tarajal y Benzú, mientras otros superaron el vallado fronterizo. Las imágenes mostraron a familias, menores y jóvenes cruzando ante una vigilancia marroquí inicialmente muy limitada.
El episodio de 2026 comenzó fundamentalmente por mar. Durante varios días, grupos de personas trataron de alcanzar Ceuta nadando, utilizando flotadores o siendo rescatados por los servicios marítimos. El jueves, la entrada cambió de escala cuando cientos y posteriormente miles de personas accedieron a pie y por el agua en el entorno del Tarajal, después de que el dispositivo fronterizo quedara desbordado.
En ambos casos, Ceuta funciona como puerta de acceso a territorio español y europeo, si bien la llegada no permite trasladarse automáticamente a la Península. Una vez pisen territorio ceutí, las personas deben ser identificadas y quedan sometidas a los procedimientos de extranjería o protección internacional que correspondan.
La sentencia del Supremo marca la diferencia jurídica
La principal novedad de 2026 es una sentencia del Tribunal Supremo difundida el 8 de julio. El fallo establece que el rechazo inmediato en frontera no puede aplicarse a las personas que intentan acceder a Ceuta o Melilla a nado, porque esa figura está vinculada a quienes superan los elementos físicos de la frontera terrestre.
Quienes llegan por mar deben pasar por el procedimiento ordinario, con identificación, asistencia jurídica y posibilidad de solicitar protección internacional. El Gobierno de Ceuta considera que este cambio ha dificultado la gestión, mientras Interior acusa a redes de tráfico de personas de aprovechar el fallo para fomentar las entradas. No está demostrado, sin embargo, que la sentencia explique por sí sola la movilización.
En 2021, España devolvió a Marruecos a unas 4.000 personas durante las primeras horas mediante el acuerdo de readmisión. En 2026, el proceso resulta más lento y requiere distinguir cómo y por dónde accedió cada persona.