La Sociedad Española de Neurología (SEN) ha alertado de que en España se registran cada año alrededor de 90.000 nuevos casos de ictus y más de 23.000 muertes asociadas a esta patología. La entidad calcula, además, que uno de cada cuatro españoles sufrirá un ictus en algún momento de su vida y avisa de que la incidencia podría seguir incrementándose en las próximas décadas, sobre todo por el envejecimiento de la población, si no se refuerzan las estrategias de prevención.
El aviso se enmarca en el Día Mundial del Ictus, una jornada promovida por la SEN para aumentar la concienciación sobre esta enfermedad cerebrovascular, sus manifestaciones, los factores de riesgo que la favorecen y la necesidad de reaccionar con rapidez ante los primeros síntomas.
La sociedad científica recuerda que más del 30 por ciento de los supervivientes queda con secuelas que generan distintos grados de discapacidad o dependencia, lo que convierte al ictus en la principal causa de dependencia en España.
“Un ictus ocurre cuando el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro se interrumpe, ya sea por un coágulo que obstruye una arteria, lo que se denomina ictus isquémico y que supone alrededor del 80 por ciento de los casos, o por la rotura de un vaso sanguíneo, lo que da lugar a un ictus hemorrágico”, ha explicado Mª Mar Freijo, coordinadora del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología (GEECV SEN).
Freijo ha insistido en que, en cualquiera de estas dos situaciones, se trata de una urgencia médica en la que el tiempo es determinante. “Por cada minuto que pasa sin que la sangre llegue al cerebro se pierden casi dos millones de neuronas y actuar en primeras horas reduce las complicaciones de esta enfermedad”, ha indicado, subrayando que “por eso, ante la sospecha de un ictus, es fundamental llamar de inmediato al 112, incluso si los síntomas son leves o desaparecen a los pocos minutos”.
Pese a la gravedad del ictus, la SEN advierte de que solo la mitad de la población española sabría identificar sus signos de alarma: pérdida brusca de fuerza o sensibilidad en un brazo o una pierna, generalmente en un lado del cuerpo; dificultad repentina para hablar o comprender; pérdida súbita de visión en uno o ambos ojos; y/o un dolor de cabeza muy intenso y repentino, diferente al habitual.
“El desconocimiento de estos síntomas, unido a la falta de reacción inmediata, hace que el Código Ictus, el protocolo de actuación coordinada que se activa al llamar al 112, solo se utilice en aproximadamente el 40 por ciento de los casos que se atienden en los hospitales españoles, muy por debajo de su potencial para salvar vidas y reducir secuelas”, ha sostenido Freijo.
“Cada año conseguimos abordar mejor el ictus una vez que el paciente llega al hospital, porque tenemos tratamientos cada vez más eficaces, pero mucha población aún no sabe reconocer los síntomas y muchos pacientes no llegan a tiempo de beneficiarse de ellos”, ha añadido.
Reclaman Unidades de Ictus en todas las provincias
En los últimos 30 años, la mortalidad por ictus se ha reducido más de un 60 por ciento en los países de Europa Occidental gracias a los avances terapéuticos y a la implantación de Unidades de Ictus y del Código Ictus. No obstante, la SEN considera que en España esta cifra podría disminuir aún más si todas las provincias dispusieran de Unidades de Ictus plenamente operativas y se mejorara el reconocimiento precoz de los síntomas.
“Por eso insistimos tanto en la importancia de que toda la población conozca los síntomas del ictus y sepa que, ante cualquiera de ellos, se debe llamar de inmediato al 112, incluso si los síntomas son leves o desaparecen en pocos minutos. Solo así será posible que más pacientes lleguen a tiempo de beneficiarse de los avances terapéuticos y que se reduzca la mortalidad y la discapacidad de esta enfermedad”, ha destacado Freijo.
La SEN estima que hasta el 90 por ciento de los ictus podrían prevenirse mediante un control adecuado de los factores de riesgo vascular y adoptando hábitos de vida saludables. En este sentido, advierte de que la hipertensión arterial, el tabaquismo, la diabetes, el colesterol elevado, la obesidad, el sedentarismo, el consumo excesivo de alcohol y la fibrilación auricular son los principales factores de riesgo modificables.
La sociedad recuerda, además, que el ictus no debe asociarse solo a personas mayores, ya que hasta un 20 por ciento de los casos se diagnostican en menores de 55 años y su frecuencia está creciendo entre la población adulta joven, en gran medida por estilos de vida poco saludables.