La Lista Estudiantil ha transformado la protesta contra la corrupción en una victoria electoral reconocida por Aleksandar Vučić. Con los resultados oficiales todavía pendientes de cerrar, el dirigente serbio ha admitido el triunfo de la candidatura y le atribuye entre 135 y 140 de los 250 escaños del Parlamento, por encima de los 126 que marcan la mayoría absoluta.
El resultado abre una etapa cuyo alcance va más allá de la alternancia. Una movilización nacida en las universidades ha conseguido articular una candidatura capaz de disputar el poder al bloque gobernante. Ahora deberá demostrar que la unidad construida alrededor de la exigencia de responsabilidades puede sostener también las decisiones de un Ejecutivo.
Qué es la Lista Estudiantil y quién la integra
La Lista Estudiantil es una candidatura promovida por el movimiento universitario y compuesta por representantes de la sociedad civil. Su denominación identifica a quienes impulsaron el proyecto, aunque sus aspirantes al Parlamento proceden de distintos ámbitos profesionales.
La selección de los 250 candidatos se articuló mediante los plenos estudiantiles, asambleas abiertas en las facultades donde los universitarios pueden intervenir y votar. Ese procedimiento constituye una de las características del movimiento: la legitimidad de la candidatura parte de una organización colectiva construida durante las protestas.
Su cabeza de lista es Ilija Srdanović, cardiólogo y profesor universitario. Su perfil resume la fórmula elegida: trasladar a las instituciones a profesionales respaldados por la movilización estudiantil. Encabezar la papeleta, sin embargo, no despeja por sí solo quién asumirá la jefatura del Gobierno ni cómo se distribuirán las responsabilidades.
La apuesta encierra una ventaja y una dificultad. Permite atraer a ciudadanos que desconfían de los partidos tradicionales, pero obliga a definir cómo se relacionarán las asambleas que promovieron el proyecto con los representantes que deberán negociar y legislar.
Novi Sad: la tragedia que convirtió el duelo en protesta
El origen de la movilización está en el derrumbe de una marquesina de la estación ferroviaria de Novi Sad, el 1 de noviembre de 2024, que causó 16 muertes. La tragedia desencadenó una exigencia de explicaciones sobre las obras, la supervisión pública y las responsabilidades políticas. Las sospechas de corrupción y la respuesta institucional alimentaron las protestas.
La demanda de justicia para las víctimas terminó conectando con un malestar más amplio por el funcionamiento del Estado. Las manifestaciones se prolongaron durante casi dos años y convirtieron al movimiento estudiantil en un desafío al poder de Vučić.
En términos políticos, Novi Sad permitió reunir alrededor de una reclamación concreta a personas con posiciones diferentes. La exigencia de responsabilidades ofreció una causa compartida desde la que cuestionar la relación entre poder político, contratación pública y control institucional.
Qué propone: combatir la corrupción y recuperar las instituciones
La lucha contra la corrupción ocupa el centro del proyecto, junto con la recuperación democrática y la reconstrucción económica. Ese mensaje ha permitido a la candidatura extender su apoyo más allá de las universidades y dirigirse a sectores descontentos con el funcionamiento del país.
Su principal promesa política consiste en cambiar la manera de gobernar. Para sus futuros representantes, la prueba será traducir esa aspiración en procedimientos: cómo se investigan los abusos, cómo se garantiza la independencia de los organismos públicos y cómo se selecciona a quienes los dirigen.
Ahí se jugará buena parte de su credibilidad. Una victoria electoral permite cambiar una mayoría parlamentaria; transformar las prácticas administrativas, los incentivos y los mecanismos de control exige decisiones sostenidas en el tiempo.
¿Es de izquierdas o de derechas?
La Lista Estudiantil reúne sensibilidades ideológicas distintas. En su entorno conviven sectores proeuropeos y nacionalistas, unidos por el rechazo al sistema de poder de Vučić y la demanda de regeneración. La candidatura ha mantenido sin concretar aspectos importantes de su orientación internacional.
Por ello, su victoria no permite concluir automáticamente que Serbia haya dado un giro completo hacia la izquierda, la derecha o una determinada política exterior. El mandato más reconocible que ha construido durante las protestas es el de exigir responsabilidades y cambiar el funcionamiento institucional.
Esa diversidad ayuda a explicar su capacidad para sumar apoyos. También anticipa negociaciones difíciles cuando lleguen decisiones que no puedan resolverse únicamente mediante el consenso contra la corrupción.
El reto de pasar de las asambleas al Gobierno
La organización colectiva ha dado al movimiento capacidad de movilización y una identidad propia. El paso al Parlamento introduce otras exigencias: negociar presupuestos, fijar prioridades, aprobar leyes y responder con rapidez ante las crisis.
El desafío será compatibilizar la participación que sostuvo las protestas con una dirección política que pueda tomar decisiones y rendir cuentas por ellas. Si la autoridad queda poco definida, pueden aparecer conflictos entre quienes reivindiquen el mandato de las asambleas y quienes ejerzan responsabilidades institucionales.
La mayoría que anticipan las estimaciones facilitaría la formación de un Ejecutivo, pero los resultados definitivos deberán confirmar su alcance. Después llegará la cuestión decisiva para la Lista Estudiantil: cuánto de la cohesión electoral puede convertirse en un acuerdo duradero sobre cómo gobernar Serbia.