Las pantallas antes de dormir reducen el sueño y empeoran el descanso infantil

Un neuropediatra advierte de que las pantallas antes de dormir reducen el sueño infantil, empeoran su calidad y se asocian a más problemas de salud.

3 minutos

Comenta

Publicado

3 minutos

Más leídas

El neuropediatra Marco Heppe, coordinador del Grupo de Trabajo de Trastornos del Sueño de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP), ha alertado de que la utilización de dispositivos electrónicos por parte de los niños en la hora previa a irse a la cama se asocia con menos tiempo total de sueño, mayor somnolencia durante el día y una peor calidad del descanso.

Según ha explicado con motivo del Día Mundial del Sueño, que se celebra este viernes, el empleo habitual de pantallas justo antes de acostarse puede incrementar hasta en un 50 por ciento la probabilidad de no alcanzar las horas de sueño recomendadas y la literatura científica apunta a una reducción de entre 20 y 40 minutos en la duración del sueño nocturno.

Heppe ha precisado que este efecto se debe, por un lado, a la activación cognitiva que generan los contenidos digitales, que dificulta que el menor se relaje y desconecte, y, por otro, a la luz que emiten estos aparatos, capaz de inhibir la secreción de melatonina y retrasar así el inicio del sueño.

Del mismo modo, se ha observado que el uso de pantallas a lo largo del día también repercute en el descanso nocturno. Por este motivo, el especialista ha recalcado que, además de mantener los dispositivos fuera del dormitorio, es fundamental seguir las pautas de las principales guías y sociedades pediátricas, que recomiendan evitar por completo la exposición a pantallas hasta los seis años y limitarla a un máximo de una hora diaria entre los seis y los 12 años.

Asimismo, ha advertido de que los hábitos poco saludables y los horarios irregulares pueden desencadenar trastornos del sueño en la infancia. Como contrapartida, propone instaurar una adecuada higiene del sueño con horarios fijos para acostarse y levantarse, rutinas previas a ir a la cama, actividades relajantes y un ambiente en la habitación que facilite el descanso.

“La evidencia muestra que cuando los niños mantienen horarios regulares y rutinas estables presentan menor latencia de sueño, menos despertares nocturnos, y mejor rendimiento diurno”, ha destacado.

Alta frecuencia de trastornos del sueño en la infancia

El especialista ha señalado que las alteraciones del sueño son muy habituales en la población pediátrica. Entre el 20 y el 40 por ciento de los menores han presentado o presentarán algún problema relacionado con el sueño. Esta cifra se incrementa hasta entre el 35 y el 70 por ciento en quienes tienen trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y hasta entre el 40 y el 80 por ciento en niños con trastorno del espectro autista (TEA).

“Es decir, los niños con trastornos del neurodesarrollo tienen mayor riesgo de sufrir problemas del sueño, y estos problemas del sueño, a su vez, empeoran los síntomas del trastorno del neurodesarrollo si no se solucionan”, ha indicado el neuropediatra.

Tal y como ha expuesto, dormir menos de lo necesario se relaciona con peor rendimiento académico, dificultades emocionales, alteraciones de la conducta e hiperactividad, en comparación con los niños que duermen adecuadamente. “Pero, además, la falta de sueño también tiene otras consecuencias para la salud ya que los niños que duermen mal tienen casi dos veces mayor probabilidad de obesidad infantil, de hipertensión arterial, y de depresión”, ha añadido.

El doctor Heppe ha recalcado que la identificación inicial de estos trastornos debe realizarla el pediatra de Atención Primaria y ha matizado que, cuando el problema del sueño es complejo o se mantiene en el tiempo, resulta clave la derivación a los servicios de Neuropediatría.

En esta línea, ha subrayado la relevancia de que se reconozca el Área de Capacitación Específica (ACE) en Neuropediatría, con el fin de unificar competencias, establecer itinerarios formativos y asegurar una atención homogénea y de calidad en todo el sistema sanitario, algo especialmente necesario en ámbitos complejos como el sueño infantil.