El proyecto SEED-ALS, liderado por el Instituto de Salud Carlos III a través del CIBER y dotado con 3,9 millones de euros dentro del PERTE para la Salud de Vanguardia, ha logrado en su primer año poner en marcha una red estatal de investigación en esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Esta plataforma cuenta ya con 628 personas con ELA y cerca de 700 sujetos control incorporados en 27 grupos de 13 comunidades autónomas, con seguimiento longitudinal y primeros indicios en la detección de biomarcadores vinculados a la patología.
“El principal logro de este primer año ha sido demostrar que es posible coordinar a la comunidad investigadora española en ELA en torno a una estrategia común. Hemos construido una infraestructura que permite compartir datos, muestras y conocimiento de una manera que no existía hasta ahora y que debe convertirse en un recurso estable para la investigación de la ELA más allá de la duración de este proyecto”, ha señalado Adolfo López de Munain, investigador del Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa, director científico del CIBERNED y responsable de SEED-ALS.
La esclerosis lateral amiotrófica es una patología neurodegenerativa progresiva que afecta a unas 4.000 personas en España y para la que aún no se dispone de herramientas suficientemente fiables que permitan anticipar su curso ni de terapias curativas. Coincidiendo con el Día Mundial de la ELA, el consorcio SEED-ALS presenta el balance de su primer año de trabajo, en el que se han logrado avances relevantes en la creación de una infraestructura nacional estable para el abordaje científico de esta enfermedad.
Los progresos del consorcio SEED-ALS se darán a conocer también en la reunión anual de ENCALS (European Network to Cure ALS), la principal red europea dedicada al estudio de la esclerosis lateral amiotrófica. Este congreso tendrá lugar en Madrid del 23 al 26 de junio en el Palacio Municipal de Congresos de IFEMA y reunirá a cerca de un millar de investigadores, neurólogos y otros profesionales sanitarios de distintos países europeos y de Estados Unidos.
Objetivo: seguir la evolución de la ELA
Una de las metas centrales del proyecto ha sido constituir una cohorte amplia y representativa de pacientes para analizar la evolución clínica de la ELA mediante un seguimiento continuado; la mayoría de los centros implicados han iniciado ya la recogida de muestras seriadas.
La obtención coordinada y periódica de estas muestras en diversos hospitales del país es uno de los rasgos diferenciales de SEED-ALS y supone un recurso de alto valor para las investigaciones actuales y futuras, tal como subraya Carmen Paradas, investigadora del Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBiS) y corresponsable del proyecto, que añade que “seguir a los pacientes a lo largo del tiempo nos permitirá comprender mejor cómo evoluciona la enfermedad e identificar cambios biológicos que podrían ser clave para desarrollar futuras estrategias terapéuticas”.
Primeros análisis para desentrañar la enfermedad
De forma paralela al reclutamiento y al seguimiento clínico, los grupos participantes han comenzado ya el procesamiento de las muestras mediante diferentes estrategias complementarias. Se están llevando a cabo estudios de transcriptómica con el fin de detectar alteraciones moleculares asociadas a formas familiares de la ELA, junto con análisis de proteómica en vesículas extracelulares y de lipidómica en suero, cuyos primeros datos apuntan a biomarcadores potencialmente relevantes.
Además, a partir de muestras de músculo y piel se están generando modelos celulares de la enfermedad y se están probando compuestos con posible efecto terapéutico, lo que permitirá avanzar en la comprensión de los mecanismos biológicos implicados en la neurodegeneración propia de la ELA.
“En SEED-ALS utilizamos un enfoque multi-ómico para entender la enfermedad de forma integrada: gracias a la genómica identificamos las variaciones en el ADN que pueden predisponer al desarrollo de la enfermedad, con la transcriptómica podemos entender cómo los genes se activan o desactivan en pacientes con ELA en comparación con individuos sanos y gracias de la proteómica identificamos proteínas alteradas que puedan desempeñar un papel en la neurodegeneración y que sirvan como objetivos para el desarrollo de terapias”, señala Estela Area, investigadora básica en el Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas- CSIC.
“Al combinar toda esta información podemos comprender mejor la ELA y analizar los múltiples niveles de regulación biológica implicados en la enfermedad”, añade.
El siguiente hito del consorcio será cruzar los datos clínicos de los participantes con la información generada en estos análisis moleculares. Esta integración permitirá estudiar de manera conjunta las manifestaciones clínicas y las características biológicas de la ELA, facilitando la detección de patrones vinculados a su progresión y favoreciendo el desarrollo de biomarcadores más robustos para el diagnóstico y el seguimiento de la enfermedad.
