Psicóloga defiende el aburrimiento como vacuna frente a la dependencia infantil del estímulo externo

Una psicóloga escolar defiende el aburrimiento acompañado en verano como clave para la autonomía infantil y para reducir la dependencia del estímulo externo.

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La psicóloga escolar y profesora del Máster Universitario en Prevención e Intervención Psicológica en Problemas de Conducta de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), Leydis Morejón, ha alertado de los efectos de llenar en exceso la agenda de los niños durante las vacaciones de verano. A su juicio, reservar espacios para el aburrimiento, siempre en un entorno seguro y acompañado, actúa como “una vacuna contra la dependencia permanente del estímulo externo”.

“Estamos educando niños muy estimulados, pero a veces poco descansados; muy acompañados, pero poco autónomos; muy ocupados, pero no siempre más felices”, ha señalado Morejón, matizando que el problema no reside en que los menores practiquen deporte o vayan a clases de música, idiomas o campamentos, sino en que esa programación continua no les deje margen para respirar, imaginar, frustrarse, negociar o simplemente estar sin hacer nada.

Frente a los días de verano organizados al minuto, la especialista propone el concepto de “aburrimiento preventivo”, que describe como el “barbecho emocional y mental de la niñez”. Igual que un terreno no se siembra de forma permanente porque acabaría agotado, ha explicado, el cerebro infantil tampoco puede estar siempre ocupado, dirigido y estimulado desde fuera; necesita ratos de reposo para recuperarse.

“Ese tiempo en que no se siembra nada es justamente el que permite que algo propio pueda brotar”, ha recalcado, subrayando que esos aparentes huecos vacíos facilitan que el niño aprenda a autorregularse, inventar sus propios juegos, tolerar la espera y descubrir qué le interesa sin la intervención continua de un adulto. Por ello, anima a no cortar de raíz el aburrimiento ni solucionarlo de inmediato, sino a ofrecer un clima seguro, afectuoso y disponible donde pueda desplegar sus recursos y ganar autonomía.

La psicóloga también ha puesto el foco en la ansiedad competitiva que, en ocasiones, empuja a las familias a inscribir a los hijos en múltiples actividades por miedo a que se queden atrás respecto a sus iguales. “Vivimos en una cultura del 'por si acaso' que hace que muchas decisiones familiares no se tomen desde la necesidad real del niño, sino desde el miedo”, ha lamentado.

Desde su perspectiva, las familias deberían dejar de preguntarse qué más añadir a la agenda y centrarse en qué necesita realmente su hijo para llegar a septiembre más descansado, seguro, equilibrado y con ganas de aprender. Recuerda que un menor agotado o saturado no aprende mejor ni se vuelve más competente.

Seis pautas para replantear el verano

En este escenario, Leydis Morejón ha condensado en seis orientaciones prácticas cómo pueden reorganizar las familias el periodo estival. En primer lugar, plantea revisar si cada actividad se programa porque el niño la desea o requiere, o si en realidad responde a la inquietud del adulto al verle sin hacer nada.

Del mismo modo que se reserva un horario para deberes o extraescolares, ha defendido la necesidad de blindar momentos sin pantallas, sin consignas y sin supervisión constante. En esta línea, recomienda ofrecer materiales sencillos, como cajas, telas, cuentos, pinturas, piezas de construcción o elementos de la naturaleza, que inviten al menor a tirar de imaginación.

Aunque reconoce que el aburrimiento resulta incómodo y hay que validarlo, insiste en que debe ser el propio niño quien encuentre alternativas, transmitiéndole confianza en sus capacidades y no abandono. Asimismo, pide evitar interrumpir el juego solo porque no parezca productivo, limpio o con un resultado vistoso, ya que su verdadero valor está en lo que el menor elabora internamente.

Por otra parte, subraya que el adulto ha de revisar su propia relación con el descanso. Si los hijos observan a sus padres siempre ocupados y contestando mensajes, interiorizan que parar es perder el tiempo. “El hogar será un espacio de juego libre cuando el descanso se viva como salud y no como culpa”, ha afirmado.

Morejón ha apelado a familias, centros educativos y futuros docentes y orientadores a modificar el enfoque y dejar de evaluar la calidad de un día por la cantidad de actividades realizadas.

Según ha indicado, cuando un menor se bloquea, no es capaz de jugar solo, necesita una pantalla para calmarse o presenta dificultades de autorregulación en clase, no se trata de un niño “difícil” o “malcriado”, sino de un ecosistema desajustado que no le ha brindado oportunidades reales para practicar el silencio, la frustración y la autonomía.

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