El hombre procesado por la muerte a golpes, con dos bloques de hormigón, del varón con el que compartía vivienda en un cortijo de la pedanía de Tarambana, en El Ejido (Almería), tras una pelea en julio de 2025, ha declarado que actuó para proteger su propia vida al sentirse en peligro.
“Sentía que me quería matar”, ha afirmado en la primera sesión del juicio con jurado que se sigue en la Audiencia de Almería, donde solo ha respondido a las preguntas de su defensa, ejercida por el abogado José Ramón Cantalejo. Ante él ha ratificado que se encontraba en su habitación cuando la víctima se acercó y le “atacó primero” con un cuchillo.
S.A. se ha levantado ante los integrantes del jurado, presidido por el magistrado Luis Columna, para enseñar las cicatrices que, según su versión, le dejó ese ataque en el abdomen y el tórax. “Me corté las manos y también en el antebrazo, arriba y parte de la muñeca”, ha indicado al relatar cómo trató de frenar la agresión.
El procesado, para quien la Fiscalía reclama 15 años de prisión por un delito de homicidio, ha explicado que intentó huir del cortijo, cuyo acceso, según ha dicho, habría sido cerrado por la víctima, con el fin de evitar un nuevo ataque.
Ya en el exterior y cerca del portón de la finca, empleó dos bloques de hormigón con los que golpeó en la cabeza a la víctima, causándole la muerte. Su defensa ha recalcado que actuó “presa del pánico” y bajo un “desequilibrio psicológico severo que, unido al horror del ataque, le impedía discernir sus actos”.
“S. vio pender su vida de un hilo real”, ha reiterado su letrado, en contraste con la acusación particular, representada por las hijas del fallecido, que sostiene que los hechos superan con creces una simple “pelea” entre ambos.
Esta parte imputa al acusado un delito de asesinato, al considerar que el fallecido terminó “boca abajo” y fue golpeado “con dos bloques de cemento” en la cabeza, uno de los cuales quedó “partido por la mitad”, sin capacidad alguna para defenderse.
En este sentido, la acusación particular ha adelantado parte de las pruebas que se examinarán en la vista oral y que, a su juicio, esclarecerán lo sucedido dentro del cortijo, donde se localizaron “las huellas ensangrentadas de las chanclas” de la víctima en dirección al exterior, como indicio de que era él quien trataba de escapar del procesado y no al contrario.
El fiscal recoge en su escrito provisional que sobre las 20,45 horas del 7 de julio de 2025 el acusado mantuvo una discusión con la víctima, de 66 años, cuando ambos se encontraban en el interior del cortijo en el que residían, en el paraje ejidense de Tarambana. Entre ellos ya existían conflictos previos por las condiciones de habitabilidad de la finca.
Durante ese enfrentamiento, cada uno habría empuñado un cuchillo para acometerse mutuamente, hasta que terminaron saliendo al exterior de la vivienda, donde el acusado “se colocó encima” del otro y, “con ánimo de acabar con su vida”, le habría golpeado en la parte posterior de la cabeza con un bloque de hormigón.
La Fiscalía subraya que, cuando la víctima ya estaba “privada de cualquier posibilidad de defensa” tras el primer impacto, el acusado habría tomado un segundo bloque de hormigón para “golpearle nuevamente en el cráneo”.
El hombre falleció instantes después por un traumatismo craneofacial severo con hemorragia, además de otras lesiones que le provocaron un colapso pulmonar. El informe forense detalla, asimismo, numerosas lesiones distribuidas por todo el cuerpo a raíz del enfrentamiento, especialmente en el rostro y el cuello.