Dos jóvenes que compartieron copas con el presunto asesino de Maialen pocas horas después del crimen han declarado que el acusado, que se presentó ante ellos con la ropa ensangrentada, se mostraba “apático”, aunque se expresaba con normalidad y sin señales de delirio. Según han relatado, cuando le preguntaron por el origen de la sangre en su camisa, él respondió que la joven, embarazada de mellizas cuando fue asesinada, “le había pegado”.
Estas declaraciones se han escuchado en la sesión de tarde de la segunda jornada del juicio que se sigue en la Audiencia Provincial de Álava por la muerte de Maialen.
La víctima falleció el 27 de mayo de 2023, después de que el acusado, identificado por las iniciales J.R., le asestara 13 puñaladas en una habitación de un hotel de Vitoria-Gasteiz.
Las acusaciones reclaman para él 45 años de prisión, al sostener que cuando atacó a Matxalen lo hizo “con intención de matarla” y siendo “plenamente consciente de sus actos”. La defensa, en cambio, pide su absolución, alegando que en el momento de acuchillar a Maialen sufría una “desconexión brusca de la realidad”.
El primer testigo de la tarde, que comenzó a declarar a las 15.00 horas, es un joven que conoció a J.R. en 2020 en Vitoria-Gasteiz y que estuvo con él en los días previos al crimen, el mismo día de la muerte de Maialen y también al día siguiente, junto con otros amigos.
“Se inventaba cosas” y llegó manchado de sangre
Este testigo ha indicado que cuando coincidía con el acusado solían tomar copas y que J.R. consumía cannabis. Ha asegurado que era frecuente que se pusiera “pesado” y “faltara al respeto” a otras personas, además de que “se inventaba cosas”.
El día del crimen, ha relatado que se encontraba con otros amigos tomando algo por la tarde en un parque cercano a un bar cuando apareció J.R., con quien ya había intercambiado mensajes horas antes. Según su versión, el acusado cojeaba y presentaba manchas de sangre, pero ante las preguntas sobre su estado respondía “con evasivas”.
Como única explicación, les dijo que “había discutido” con Maialen y que ella “le había pegado”, aunque no respondió cuando le preguntó si él “le había puesto la mano encima” a ella. Este joven ha señalado que lo vio más “triste” y “apático” que en otras ocasiones, pero que J.R. “hablaba con normalidad” y no detectó en él signos de “nerviosismo”.
Al día siguiente, ya tras el crimen, el acusado volvió a ponerse en contacto con él y quedaron de nuevo con el mismo amigo. Ha explicado que entonces J.R. tenía “peor aspecto”, aparentaba cansancio e incluso se quedó dormido un rato. Ha añadido que decía cosas sin “sentido”, aunque ha insistido en que no le pareció que estuviera en un estado “delirante”.
En un momento dado, J.R. le entregó 50 euros y le pidió que le llamara un taxi para ir a Valencia, reservándolo con otro nombre. Ha recordado que en otras ocasiones ya le había solicitado usar su DNI para reservar habitaciones, de modo que su propio nombre no quedara registrado, sin aclarar nunca por qué actuaba así.
Consumo de alcohol, cocaína y benzodiacepinas
En una línea similar ha declarado otro de los jóvenes que estuvo con el acusado en esas horas posteriores al crimen. Ha contado que conoció a J.R. hacia 2020 y que su relación era “esporádica”, viéndose cuando el acusado acudía a Vitoria-Gasteiz.
Ha señalado que el procesado les hablaba de sus “problemas” con su esposa, Maialen. También ha confirmado que J.R. bebía alcohol de forma habitual y que, en los días previos al crimen, le vio consumir cocaína, además de benzodiacepinas.
Este testigo ha asegurado que el acusado “toleraba bien” el alcohol y que su conducta no cambiaba de forma notable ni al beber ni al consumir otras sustancias. Como el anterior, ha indicado que J.R. llegó a decirles que era “policía”, “tratante de arte” y que había tenido “cáncer”.
Sobre la noche del crimen, ha explicado que se reunió con él y otros amigos en un parque junto a un bar de Vitoria-Gasteiz sobre las 22.30 horas. Ha declarado que J.R. llegó con un ánimo “bastante bajo” y “llorando”, y que les contó que había tenido una “reyerta” con su mujer y que esta “le había pegado”, insistiendo en que él no la había golpeado.
“No alucinaba” y quería salir de Vitoria-Gasteiz
Este segundo testigo ha detallado que J.R. llevaba una americana con varias gotas de sangre en la zona del cuello y que, al quitársela, se vio que la manga estaba “bastante ensangrentada”. Pese a ello, ha subrayado que “se le entendía lo que hablaba” y “no decía cosas sin sentido ni alucinaba”.
Ha añadido que, al menos cuando llegó al encuentro, no parecía “afectado por haber bebido alcohol”, aunque con el paso de las horas y a medida que seguía bebiendo se fue mostrando “más evadido”, hasta el punto de ponerse a bailar en un momento dado.
Este testigo también ha comentado que el acusado llevaba una mochila negra en la que, al abrirla, pudieron ver dos teléfonos móviles y dos pasaportes.
Al día siguiente, según su relato, J.R. le pidió que le llevara ropa limpia y apareció con una camisa distinta a la de la noche anterior. Les solicitó a él y al otro testigo que le reservaran un autobús o un taxi con otro nombre, y afirmó que tenía “urgencia” por volver a Valencia. Ha señalado que entonces se le veía “tranquilo” y que la tristeza que mostraba la víspera “se había disipado”.
Petición de documentos y referencia al maltrato
Otro joven que también formó parte del grupo con el que se reunió J.R. tras el crimen ha declarado que el acusado llegó “cuando estaba anocheciendo”. Este testigo, que solo lo conocía desde unos días antes, ha dicho que “no interactuaba mucho” con él, porque su comportamiento le resultaba siempre “raro”.
En la misma línea que los anteriores, ha manifestado que, cuando se juntó con ellos, el acusado “hablaba con claridad” y “no parecía muy drogado”. Ha añadido que, aunque al principio no vio la sangre porque llevaba chaqueta, al quitársela observó que la camisa de J.R. estaba manchada y que la explicación que dio fue que había tenido “una pelea”.
Este testigo ha indicado que el acusado le pidió su DNI para registrarse en un apartahotel a su nombre, algo a lo que se negó porque no se fiaba. Ha comentado también que J.R. portaba documentación que no parecía suya y llevaba dos teléfonos.
Ha relatado que al día siguiente volvió a estar con él, ya con otra ropa y sin restos de sangre. Aunque se le veía cansado, ha remarcado que parecía “tranquilo”. Durante su declaración ha recordado que, en días previos a la muerte de Maialen, cuando coincidieron en otra ocasión, J.R. le comentó que “el maltrato de la mujer al hombre también existe”.