El Parlamento Europeo ha dado este martes luz verde de forma definitiva a una reforma de las normas de comercialización agrícola cuyo objetivo es reforzar la capacidad de negociación de los agricultores frente a compradores y cadenas de distribución. El paquete incluye contratos más estables, una mayor transparencia en la formación de precios y nuevas limitaciones al uso de denominaciones vinculadas a la carne.
El texto, que ha salido adelante en el pleno con 560 votos favorables, 75 en contra y 25 abstenciones, modifica el Reglamento de la Organización Común de Mercados Agrícolas (OCM) y otras normas ligadas a la Política Agrícola Común (PAC). Con ello se pretende reequilibrar las relaciones dentro de la cadena alimentaria mediante una protección contractual más sólida para los productores.
Entre las novedades, los Estados miembros deberán publicar índices de referencia que puedan emplearse en los contratos agrícolas para reflejar de forma más precisa la evolución de los costes y facilitar una remuneración más ajustada a la realidad del mercado.
La reforma, que aún debe recibir el visto bueno formal del Consejo (los Gobiernos) antes de su aplicación, también refuerza el peso de las organizaciones de productores, ampliando su margen para negociar colectivamente con los compradores y fijando salvaguardas para impedir que estos eludan dichas estructuras recurriendo a acuerdos directos con agricultores individuales.
El texto incorpora igualmente nuevas reglas sobre etiquetado y comercialización para aclarar el uso de términos como “justo” o “equitativo”, que deberán responder a criterios específicos relacionados, entre otros elementos, con el apoyo a las comunidades rurales o a las organizaciones de agricultores.
Nuevas reglas para las denominaciones de productos cárnicos
Además, la legislación reserva determinadas denominaciones en exclusiva a productos de origen animal y fija una definición de carne como las “partes comestibles de animales”. De este modo, términos como “filete”, “solomillo”, “chuleta”, “costilla” o “hígado” no podrán emplearse para productos cultivados en laboratorio o elaborados a partir de células, como las alternativas vegetales.
La prohibición alcanza a una treintena de denominaciones tradicionalmente asociadas a la carne, si bien el acuerdo cerrado entre las instituciones europeas permite seguir utilizando otras expresiones muy extendidas en el mercado, como “hamburguesa vegetal” o “veggie burger”.
Según defiende la Eurocámara, la finalidad es mejorar la transparencia en el mercado interior y ofrecer a los consumidores más claridad sobre la naturaleza y el origen de los productos que compran.
La norma incluye también disposiciones específicas para el sector lácteo, entre ellas la introducción de contratos escritos obligatorios con el fin de reforzar la estabilidad de los ingresos de los productores en un contexto marcado por una elevada volatilidad de los mercados.