El próximo 23 de septiembre, Pedro Sánchez se sentará con Zohran Mamdani en Gracie Mansion, la residencia oficial del alcalde de Nueva York. El coloquio, organizado por el equipo municipal y la fundación progresista que lidera el presidente español, se anuncia bajo un título de resonancia electoral: “Construyendo una economía para la mayoría”.
Unos días antes habrá pasado por Nueva York Emmanuel Grégoire, el nuevo alcalde socialista de París, que reconoce inspirarse en Mamdani tanto en el fondo como en el estilo. La ciudad de los rascacielos se ha convertido en una parada del progresismo internacional. La peregrinación es la muestra de un fenómeno que se extiende por el mundo, las campañas se están “mamdanizando”, un término que ya entra en los manuales de comunicación política.
Puede parecer exagerado, pero el término describe una transformación visible. De Michigan a Londres, de París a Nueva Delhi, candidatos muy diferentes graban vídeos mientras caminan por la calle, miran directamente a los ojos del espectador, aceleran el montaje y convierten el precio del pan en un argumento político. El laborista Andy Burnham abrió un anuncio sobre la factura energética repitiendo incluso el gesto de Mamdani al tocar la cámara. La política tiene una nueva gramática visual y, como sucede con todas las fórmulas que acompañan a una victoria inesperada, muchos quieren hablarla antes de entenderla.
“Mamdanizar” una campaña no significa necesariamente abrazar el socialismo democrático del alcalde, más bien, en su versión más superficial, consiste en adoptar una estética optimista, urbana y nativa de las plataformas. El candidato deja el atril, ocupa la ciudad, se comporta como el presentador de su propio canal. Los colores se saturan, las frases se acortan, cada vídeo contiene una idea capaz de sobrevivir fuera del contexto político. Ya no se compite únicamente contra el rival o contra el informativo de la noche. Ahora se compite en la misma pantalla con un partido de fútbol, una serie, los mensajes de los amigos y cualquier contenido que prometa una gratificación inmediata.
Mamdani dominó ese entorno sin parecer un político de laboratorio. Su elección alteró las expectativas porque parecía improbable. Tenía 34 años, se definía como demócrata socialista, aspiraba a ser el primer alcalde musulmán de Nueva York y se enfrentaba a una estructura política mucho más poderosa. Ganó después de una movilización que superó los cien mil voluntarios y llevó la campaña a millones de puertas y llamadas. En noviembre de 2025 votaron más de dos millones de neoyorquinos, la participación municipal más alta desde 1969. El éxito convirtió cada decisión de comunicación en una receta exportable.
En la importación del formato radica el error. La cámara de Mamdani no inventó el mensaje, lo que hizo fue encontrar la forma adecuada de transportarlo. La palabra que ordenó la campaña fue affordability, la posibilidad material de seguir viviendo en la ciudad, así que Mamdani habló del alquiler que vacía la nómina, del autobús que cuesta dinero y tiempo, del cuidado infantil que obliga a elegir entre trabajar y criar. Prometió congelar las rentas reguladas, avanzar hacia autobuses gratuitos y abrir tiendas municipales de alimentación. Lo mejor es que cada medida podía explicarse en una frase y comprobarse en el presupuesto de una familia. La fórmula consistió en descubrir que la vida cotidiana ya contenía el argumento ideológico.
La imitación suele empezar por el extremo contrario. Se copia el salto de plano, la tipografía, el paseo por un comercio y la gesticulación ante el objetivo. Después se busca una política que encaje en el vídeo. Andrew Epstein, uno de los responsables de la campaña neoyorquina, lo resumió al advertir que el estilo viene después de la sustancia. La diferencia no es estética. Un candidato que ha construido su agenda alrededor del coste de vivir parece natural cuando pregunta el precio de un producto. Quien utiliza la tienda como decorado y regresa luego a un programa abstracto solo consigue subrayar la distancia entre el personaje y el político.
La fórmula consistió en descubrir que la vida cotidiana ya contenía el argumento ideológico
La segunda capa de la “mamdanización” resulta menos visible y mucho más difícil de reproducir y es que los vídeos conducían a formularios, donaciones, llamadas y turnos para recorrer barrios. La revista Dissent ha documentado cómo una integración con la plataforma Manychat incorporó diez mil contactos a la base de la campaña durante los dos últimos meses de las primarias por apenas 318 dólares. En total, aquel sistema envió más de 144.000 mensajes automatizados y generó 45.000 clics hacia acciones concretas. La tecnología sirvió para practicar una forma actualizada de organización vecinal y la audiencia adquiría valor cuando abandonaba la condición de audiencia.
Esta es la parte que los imitadores suelen omitir. Las redes premian la apariencia de cercanía, pero Mamdani dispuso de una organización capaz de convertirla en auténtica relación política. La calle que aparecía en sus vídeos era también el lugar donde decenas de miles de voluntarios conversaban con los votantes. Su campaña combinó la velocidad del contenido digital con la paciencia del puerta a puerta. Esa unión explica mejor el resultado que cualquier teoría de eficacia comunicativa. Una cuenta puede comprar alcance y un consultor puede reproducir un encuadre pero lo que no pueden es fabricar de inmediato una comunidad dispuesta a trabajar por el candidato.
También se mamdaniza el lenguaje. En lugar de una suma interminable de propuestas, aparece un problema rector que permite ordenar las demás. La vivienda, el transporte y la alimentación quedaban unidos por una pregunta sencilla: ¿quién puede permitirse Nueva York?. Esa claridad obligaba a explicar quién debía pagar. Mamdani vinculó buena parte de su programa a mayores impuestos sobre las grandes empresas y los contribuyentes más ricos, una decisión que necesita el acuerdo del Estado y que todavía limita su capacidad de cumplimiento. Su campaña no borró el conflicto distributivo para ampliar el público. Trató de construir una mayoría alrededor de ese conflicto.
La fórmula está viajando porque responde a una debilidad real del progresismo. Una investigación reciente en ocho países europeos situó el coste de la vida entre las preocupaciones dominantes y encontró respaldo mayoritario a mensajes que oponen las necesidades comunes a la concentración de riqueza. El problema no parece ser la inexistencia de un público para las políticas económicas de izquierdas. Es la falta de credibilidad de fuerzas que las enuncian durante la campaña y después parecen administrarlas como una prioridad más. Mamdani ofrece, todavía, la imagen de una jerarquía que prioriza lo que determina si una persona puede sostener su vida.
La reunión con Sánchez es la expresión institucional de ese deseo. El presidente del Gobierno no es que esté importando una técnica para unas primarias, lo que busca es la proximidad con un dirigente que concentra renovación, conexión generacional y victoria electoral. Ambos han criticado la ofensiva israelí en Gaza y el aumento del gasto militar impulsado por Donald Trump. Mamdani ya había intervenido por vídeo en un encuentro progresista celebrado en Barcelona. Ahora la Global Progress Foundation y la Alcaldía de Nueva York construirán una escena común. Para Sánchez, permite situar a España como nodo de una alternativa internacional al trumpismo. Para Mamdani, aporta experiencia de gobierno y una red europea. Es un intercambio de legitimidad desigual pero útil para ambos.
sobre la firma
Imma Aguilar Nàcher es consultora y asesora en comunicación política, estrategia electoral, reputación y relaciones institucionales. Fue directora del Gabinete del ministro de Ciencia, Innovación y Universidades. Ha asesorado a gobiernos, partidos, empresas y figuras públicas en España y América Latina, donde ha participado en campañas presidenciales.
También ha sido directora de comunicación y coordinadora de grupos parlamentarios en el Congreso y el Senado. Actualmente es profesora de campañas políticas y comunicación de gobierno en universidades españolas y latinoamericanas. Su trayectoria reúne experiencia institucional al más alto nivel, estrategia electoral, docencia universitaria y una amplia carrera periodística en televisión.