Un robot corre por una pista, otro juega al fútbol y varios se enfrentan a pruebas de artes marciales o baile. Pero, lejos de las gradas y de la espectacularidad de una competición deportiva, las máquinas también tienen que entrar en escenarios de incendio, transportar objetos, realizar tareas domésticas o desenvolverse en espacios diseñados para reproducir situaciones reales. Esa es la combinación que define los Juegos Mundiales de Robots Humanoides, que Pekín celebra entre el 22 y el 26 de agosto.
La segunda edición de esta competición reúne a 666 equipos y 2.056 robots procedentes de 16 países. El programa incluye 51 pruebas, frente a las 26 de la primera edición, celebrada en 2025. El crecimiento no se limita al número de participantes: también se ha ampliado el tipo de desafíos a los que se enfrentan los humanoides.
Del atletismo y el fútbol a las tareas del mundo real
Las pruebas deportivas siguen ocupando una parte importante de los Juegos. Hay competiciones de atletismo, fútbol, artes marciales, baile y otros ejercicios diseñados para poner a prueba la velocidad, el equilibrio y la coordinación de los robots.
Sin embargo, una de las principales novedades está en las pruebas basadas en escenarios de aplicación. Los robots tienen que demostrar sus capacidades en entornos que reproducen actividades que podrían encontrarse fuera de una competición, con retos vinculados a fábricas, comercios, hoteles, viviendas y situaciones de emergencia.
Entre las tareas planteadas figuran ejercicios de manipulación y transporte de objetos, operaciones en espacios domésticos y pruebas relacionadas con la lucha contra incendios. En algunos de estos escenarios, los robots deben identificar riesgos y actuar sobre distintos elementos del entorno, como parte de un ejercicio diseñado para medir su capacidad de desenvolverse en una situación compleja.
La autonomía, una de las grandes pruebas
La competición no busca únicamente comprobar si un robot puede completar una acción concreta. Una parte importante de los retos está relacionada con su capacidad para percibir el entorno, localizar objetos, reconocer situaciones y ejecutar una tarea con el menor grado posible de intervención humana.
La organización ha reforzado precisamente este tipo de pruebas en la segunda edición. El salto respecto a 2025 permite observar cómo las demostraciones deportivas conviven ahora con desafíos en los que el objetivo es comprobar hasta qué punto los robots humanoides pueden realizar actividades que tengan una aplicación práctica.
De 26 a 51 pruebas en solo un año
La primera edición de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides se celebró en Pekín en 2025. El programa incluía entonces 26 disciplinas y combinaba pruebas deportivas con demostraciones y retos prácticos.
Un año después, la cifra ha ascendido a 51. El crecimiento de la competición refleja el rápido desarrollo de este tipo de tecnologías y la ampliación de las capacidades que los equipos intentan poner a prueba ante el público y los organizadores.
La gran pregunta: si los robots pueden salir del estadio
Las carreras y los partidos de fútbol son la parte más visible de los Juegos, pero las pruebas de aplicación apuntan a una cuestión diferente. Los organizadores han diseñado una parte de la competición para evaluar si estas máquinas pueden responder en entornos donde no basta con mantener el equilibrio o llegar antes que otro competidor.
Transportar un objeto, manipular elementos con precisión, reconocer un riesgo o completar una tarea en un espacio parecido a una fábrica, un hotel o una vivienda plantea problemas distintos a los de una pista deportiva. Los Juegos Mundiales de Robots Humanoides convierten así la competición en un escaparate de las capacidades que sus desarrolladores aspiran a llevar, algún día, fuera del recinto deportivo.