Los votantes ya preguntan a la IA a quién votar: el fenómeno que también podría llegar a España

ChatGPT, Claude y otros asistentes de inteligencia artificial empiezan a utilizarse en Estados Unidos como herramientas para comparar candidatos, resumir programas y orientar el voto en elecciones locales y nacionales. El fenómeno, recogido por The New York Times, abre una pregunta incómoda para cualquier democracia: qué pasará cuando los votantes empiecen a pedirle a una IA que les ayude a elegir papeleta

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A smartphone screen shows several AI applications, including ChatGPT, Claude, Gemini, Perplexity, Microsoft Copilot, Meta AI, Grok, and DeepSeek.  Philip Dulian/dpa

A smartphone screen shows several AI applications, including ChatGPT, Claude, Gemini, Perplexity, Microsoft Copilot, Meta AI, Grok, and DeepSeek. Philip Dulian/dpa

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La inteligencia artificial ya no solo sirve para escribir textos, resumir documentos o preparar presentaciones. También empieza a entrar en uno de los espacios más delicados de la democracia: la decisión de voto.

Según ha contado The New York Times, varios votantes en Estados Unidos están utilizando herramientas como Claude ChatGPT para informarse antes de votar. Les suben una foto de la papeleta, les piden que comparen candidatos, que resuman programas o que expliquen qué opción encaja mejor con sus valores políticos.

La escena parece futurista, pero no lo es tanto. Un votante que no conoce a los candidatos de una elección local puede pedir a la IA que le explique quién es quién. Otro puede preguntar qué aspirante se parece más a sus prioridades. Otro puede pedir una recomendación estratégica para evitar que gane un candidato concreto.

La IA, en teoría, no debería decir “vota a este”. Pero puede hacer algo casi igual de influyente: ordenar la información, jerarquizar opciones, explicar riesgos y ayudar al usuario a llegar a una conclusión.

De la guía electoral al chatbot

Durante años, muchos votantes han recurrido a medios de comunicación, guías electorales, comparadores de programas, recomendaciones de partidos, sindicatos, asociaciones o familiares politizados. La novedad es que ahora pueden sustituir parte de ese proceso por una conversación con una máquina.

El atractivo es evidente. Una papeleta puede ser larga, confusa o estar llena de nombres desconocidos. Las elecciones locales suelen incluir cargos, listas, medidas y candidaturas sobre las que muchos ciudadanos apenas tienen información. La IA ofrece una salida rápida: resume, compara y traduce el ruido político en respuestas aparentemente claras.

Ahí está el poder del fenómeno. No hace falta que un chatbot haga propaganda explícita para influir. Basta con que decida qué información es relevante, qué matices incluye, qué fuentes prioriza y cómo presenta a cada candidato.

Por qué podría pasar en España

España no es Estados Unidos, pero el terreno existe. En unas elecciones municipales, por ejemplo, muchos ciudadanos votan con información limitada sobre candidaturas locales, pactos, programas, listas o candidatos secundarios. En autonómicas, el nivel de conocimiento también varía mucho según el territorio. Incluso en unas generales, muchos votantes pueden tener dudas sobre voto útil, bloques, circunscripciones o impacto real de cada papeleta.

En ese contexto, no sería extraño que un ciudadano preguntara a ChatGPT: “Soy progresista, vivo en Madrid y quiero votar útil, ¿qué debería tener en cuenta?”. O que otro planteara: “Soy liberal en economía y conservador en inmigración, ¿qué partido encaja mejor conmigo?”. O que alguien subiera programas electorales y pidiera una comparación rápida.

La IA podría convertirse en una especie de asesor político privado, disponible en segundos y sin coste directo. No sustituiría a los partidos ni a los medios, pero sí podría mediar entre ellos y el votante.

El riesgo: respuestas con apariencia neutral

El gran problema es que las respuestas de la inteligencia artificial suelen sonar ordenadas, razonables y neutrales, incluso cuando pueden contener errores o sesgos. Esa apariencia de equilibrio puede hacer que el usuario confíe más de lo que debería.

Los modelos de IA no entienden la política como un ciudadano informado. Procesan patrones, fuentes disponibles y formulaciones del usuario. Si alguien pregunta desde una posición ideológica concreta, la respuesta puede adaptarse a esa visión y reforzar sus preferencias previas.

Es decir, la IA puede no cambiar el voto de una persona, pero sí darle argumentos para sentirse más segura de lo que ya pensaba. También puede presentar como “estratégica” una opción que depende de encuestas, reglas electorales o contextos que quizá no estén actualizados o bien interpretados.

Una herramienta útil, pero no inocente

Usar IA para informarse no tiene por qué ser negativo. Puede ayudar a entender programas, comparar propuestas o traducir lenguaje político complejo. Puede ser útil para ciudadanos que no tienen tiempo de leer decenas de documentos o seguir toda la actualidad electoral.

El problema aparece cuando se delega demasiado. Si el votante pide una respuesta rápida y no contrasta las fuentes, la IA puede convertirse en una guía electoral opaca. No se sabe siempre qué información ha usado, qué ha dejado fuera o por qué ha ordenado los candidatos de una determinada manera.

Además, puede favorecer a quienes tienen más presencia digital. Un partido con muchos contenidos optimizados, programas bien estructurados y mensajes fáciles de rastrear puede aparecer mejor representado que una candidatura pequeña, local o con menos recursos.

Los partidos también aprenderán a hablarle a la IA

Si los votantes empiezan a preguntar a la inteligencia artificial, los partidos intentarán aparecer mejor en sus respuestas. La campaña ya no se dirigirá solo a periodistas, redes sociales o votantes, sino también a los sistemas que resumen información política.

Eso puede cambiar la forma de publicar programas electorales. Más documentos con bullets, más comparativas, más páginas pensadas para ser leídas por modelos de IA, más mensajes simples y más contenido diseñado para que un chatbot lo entienda y lo reproduzca.

La batalla por el posicionamiento político podría parecerse cada vez más a una batalla por aparecer bien explicado en una respuesta automática.

España y el voto útil: un terreno especialmente sensible

En España, el uso de IA podría tener un efecto particular en el debate sobre el voto útil. El sistema electoral, con circunscripciones provinciales y reparto mediante la ley d’Hondt, hace que el valor de cada voto dependa mucho del territorio.

Un usuario podría preguntar qué partido tiene más opciones de obtener escaño en su provincia o qué voto puede evitar que gane un bloque concreto. Esa información, si está bien calculada, puede ayudar a entender el sistema. Pero si está mal interpretada, puede inducir a errores.

En elecciones ajustadas, una recomendación aparentemente técnica puede tener consecuencias políticas. No es lo mismo explicar escenarios que empujar al votante hacia una opción concreta.

La pregunta democrática

El fenómeno abre una pregunta de fondo: ¿queremos que la inteligencia artificial sea una herramienta de información electoral o un intermediario en la decisión política?

La diferencia es importante. Una cosa es pedirle a una IA que resuma el programa de varios partidos. Otra distinta es preguntarle qué papeleta conviene introducir en la urna.

La primera puede mejorar el acceso a la información. La segunda puede desplazar parte del juicio político del ciudadano hacia una herramienta que no vota, no responde ante nadie y no siempre explica cómo ha llegado a una conclusión.

La IA no vota, pero puede condicionar el voto

La inteligencia artificial no decide unas elecciones. Pero puede empezar a influir en cómo los votantes entienden a los candidatos, comparan programas y resuelven dudas antes de votar. En Estados Unidos, el fenómeno ya aparece en elecciones locales y primarias. En España, podría llegar con facilidad en cualquier campaña marcada por candidaturas múltiples, bloques ajustados y votantes indecisos.

La cuestión no es si los ciudadanos usarán IA para informarse políticamente. Probablemente ya lo están haciendo. La cuestión es si sabrán distinguir entre una ayuda para comprender la información y una recomendación que puede condicionar su voto sin que parezca una recomendación.

Porque el próximo asesor electoral de muchos votantes quizá no sea un periodista, un familiar o un militante. Puede ser una ventana de chat.

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