El Banco Central Europeo (BCE) celebra este jueves una nueva reunión de política monetaria, tras la cual su presidenta, Christine Lagarde, comparecerá en rueda de prensa para explicar las decisiones adoptadas y ofrecer pistas sobre el rumbo de la economía de la eurozona.
Aunque el foco volverá a situarse sobre los tipos de interés y el euríbor, el verdadero mensaje que salga de Fráncfort irá mucho más allá del precio del dinero: el BCE lleva meses reclamando a los gobiernos europeos más inversión, mayor productividad y reformas estructurales para sostener el crecimiento. Un aviso que interpela directamente a España.
La hora de los gobiernos
Cuando el Banco Central Europeo habla, millones de españoles miran automáticamente a su hipoteca. Es lógico. Las decisiones que adopte este jueves el Consejo de Gobierno condicionan la evolución del euríbor, el coste de los préstamos, la rentabilidad del ahorro y buena parte de la financiación de empresas y administraciones públicas.
Pero reducir la reunión del BCE a una cuestión de tipos de interés sería quedarse en la superficie. La comparecencia de Christine Lagarde servirá también para medir el estado de salud de la economía europea y, sobre todo, para comprobar si el banco central mantiene un mensaje que viene repitiendo desde hace meses: la política monetaria ya no puede ser el único motor de la estabilidad económica. Ahora son los gobiernos quienes deben asumir el protagonismo.
Mucho más que los tipos de interés
La reunión llega en un contexto muy distinto al de hace apenas dos años. La inflación ha dejado atrás los máximos registrados tras la pandemia y la crisis energética, lo que ha permitido al BCE iniciar una nueva etapa menos restrictiva.
Sin embargo, la moderación de los precios no ha disipado las principales preocupaciones de Fráncfort.
La economía de la eurozona continúa mostrando un crecimiento débil, la productividad permanece prácticamente estancada y Europa pierde terreno frente a Estados Unidos y China en ámbitos estratégicos como la innovación, la digitalización o la inteligencia artificial.
En este escenario, el BCE ha comenzado a trasladar un mensaje cada vez más político —aunque dentro de sus competencias económicas—: mantener la inflación bajo control ya no basta para garantizar la prosperidad europea.
Los deberes ya no son para el BCE
Durante los últimos años, el Banco Central Europeo asumió el papel protagonista en la lucha contra la inflación mediante la mayor subida de tipos de interés de la historia del euro.
Ahora, con los precios más estabilizados, la institución insiste en que corresponde a los gobiernos hacer su parte.
Eso significa reducir los elevados niveles de deuda pública, sanear las cuentas, impulsar la inversión productiva y acometer reformas que permitan aumentar la competitividad de las economías europeas.
No es una advertencia nueva. Tanto el BCE como la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional o la OCDE llevan tiempo señalando que el crecimiento europeo dependerá mucho menos de los estímulos monetarios y mucho más de la capacidad de los Estados para modernizar sus economías.
España, ante un examen pendiente
Ese mensaje tiene una especial relevancia para España.
Aunque la economía española mantiene uno de los mayores ritmos de crecimiento de la eurozona, los principales organismos económicos coinciden en que persisten importantes desequilibrios estructurales.
La deuda pública continúa por encima del 100 % del PIB, la productividad apenas avanza desde hace años y la inversión pública sigue lejos de los niveles que permitirían reforzar la competitividad del país.
Diversos informes publicados en los últimos meses han alertado de que España mantiene uno de los déficits de inversión más elevados de Europa en infraestructuras estratégicas, innovación y modernización productiva. Al mismo tiempo, el aumento histórico de la recaudación tributaria no se ha traducido en una recuperación equivalente de la inversión pública.
Es precisamente esa contradicción la que preocupa cada vez más en los organismos internacionales: una economía que crece, pero que no está reforzando suficientemente las bases de ese crecimiento futuro.
El informe Draghi y el gran reto europeo
Las advertencias del BCE coinciden además con el diagnóstico realizado por el ex primer ministro italiano Mario Draghi sobre el futuro de la competitividad europea.
Su informe plantea que la Unión Europea deberá movilizar cientos de miles de millones de euros adicionales cada año para recuperar terreno frente a Estados Unidos y China en sectores estratégicos como la industria, la energía, la defensa o la inteligencia artificial.
El debate ya no gira únicamente en torno al control de la inflación.
La gran cuestión es si Europa será capaz de volver a crecer aumentando su capacidad productiva y no únicamente mediante el consumo o el gasto público.
Lo que decida hoy el BCE llegará al bolsillo de los ciudadanos
Las decisiones que anuncie este jueves Christine Lagarde tendrán consecuencias inmediatas para millones de europeos.
Una política monetaria más flexible favorecería una reducción progresiva del coste de las hipotecas variables, facilitaría el acceso al crédito para familias y empresas y aliviaría parte de la carga financiera de las administraciones públicas.
Por el contrario, un mensaje de prudencia o la posibilidad de mantener los tipos elevados durante más tiempo seguiría condicionando la evolución del euríbor y la financiación de la economía. Pero el alcance de la rueda de prensa irá mucho más allá, porque, cada comparecencia del BCE se ha convertido también en un examen para los gobiernos europeos.