Después de un verano marcado por las olas de calor que dispararon los termómetros en todo el continente europeo y tras "haber visto lo sucedido en la última semana en Valencia", la Comisión Europea ha dado a conocer su nuevo marco legal climático. Por primera vez, Bruselas propone un reglamento europeo vinculante y "de aplicación uniforme" para armonizar la gestión de los riesgos climáticos en todo el bloque comunitario.
Una vez entre en vigor este nuevo marco, cada uno de los Estados miembros tendrá la obligación legal explícita de "incrementar continuamente la resiliencia climática de sus sistemas sociales, económicos y ecológicos" frente a los riesgos climáticos a corto plazo. Además, las capitales deberán garantizar que sus autoridades públicas incorporen obligatoriamente la trayectoria de calentamiento de referencia en ámbitos como los presupuestos públicos y la planificación del territorio.
Para la vicepresidenta ejecutiva y responsable climática comunitaria, Teresa Ribera, las últimas noticias demuestran "que esto no es una broma". A su juicio, la situación requiere de un "enfoque mucho más responsable" por parte de quienes ostentan responsabilidades institucionales. "Identificar de forma transparente quién es responsable de qué, cuáles son los diferentes elementos de la cadena de valor de las políticas que deben tomarse en consideración, y que cada uno sea identificado de forma individual para asumir ese riesgo", ha explicado este martes.
Planes nacionales de resiliencia y responsabilidades identificadas
Junto con estas obligaciones, los Estados miembros deberán elaborar y publicar evaluaciones nacionales de riesgos climáticos, que tendrán que actualizarse cada cinco años. En los próximos cuatro años, todos los países deberán adoptar también su Plan Estratégico Nacional de Resiliencia Climática.
Estos documentos deberán definir objetivos y metas medibles, así como cronogramas de aplicación, estimaciones de las necesidades de inversión, soluciones basadas en la naturaleza y medidas específicas de protección para las poblaciones vulnerables.
En los pasillos de la Comisión se hacen eco de las palabras pronunciadas por Ursula von der Leyen en septiembre y definen los últimos meses como "el verano de la verdad". "Hemos visto 50.000 muertes en exceso, de las cuales los científicos nos dicen que al menos dos tercios pueden atribuirse al cambio climático. Hemos visto incendios forestales, ríos secándose, reactores nucleares cerrando y malas cosechas", resume un funcionario comunitario.
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Una de las claves del nuevo marco regulatorio es la obligación de identificar de forma transparente qué autoridad pública concreta será responsable de gestionar cada uno de los riesgos climáticos prioritarios detectados en su territorio.
Del mismo modo, cada Estado miembro deberá designar una autoridad nacional central con competencias administrativas suficientes para supervisar tanto la elaboración como la aplicación de los planes estratégicos. Bruselas busca así delimitar las responsabilidades institucionales y evitar que la gestión de los riesgos quede diluida entre las distintas administraciones.
Una alianza europea para reducir la brecha de aseguramiento climático
Tal y como anunció la presidenta Ursula von der Leyen durante su último discurso sobre el estado de la Unión, la Comisión impulsará también una nueva alianza para el seguro climático con la que pretende reducir la brecha de aseguramiento existente en el bloque comunitario.
Actualmente, solo el 25% de las pérdidas provocadas por fenómenos climáticos en la UE han estado cubiertas por seguros. El objetivo de la iniciativa es fomentar la demanda mediante la simplificación de la información precontractual sobre exclusiones, la introducción de pagos automáticos a través de seguros paramétricos y el desarrollo de pólizas más accesibles. "Lo que es inasegurable se está volviendo ininversionable, y eso es algo de lo que cada vez más autoridades y, por supuesto, las empresas, están empezando a darse cuenta", justifica una fuente conocedora del expediente legislativo.

"El peor escenario posible es negar que existe un problema. Y otra cosa es hablar de la obligación y el compromiso de adaptarse. Esto es un poco más complicado", reconocía Ribera. Por su parte, un alto funcionario comunitario ponía como ejemplo la situación de Valencia, donde "sin ir más lejos, hemos visto la semana pasada otra lluvia torrencial golpeando la región". "Está muy claro que las empresas se lo pensarán dos veces antes de invertir en una región como Valencia o en muchas otras si esa región no está mejor preparada para los efectos del cambio climático", explicaba.
La Comisión introduce así una dimensión económica en el nuevo marco regulatorio: la falta de adaptación climática no solo incrementa la exposición de los territorios a fenómenos extremos, sino que también puede condicionar su capacidad para atraer inversiones y mantener la actividad empresarial.
La resiliencia climática, una cuestión de competitividad económica
Para el comisario de Clima, Wopke Hoekstra, la competitividad futura de Europa depende "de nuestra capacidad para anticiparnos al cambio climático y prepararnos para él". "Cada euro invertido hoy en resiliencia contribuye a proteger empleos, empresas y medios de vida mañana. Este nuevo marco nos ayudará a construir una economía más resiliente y competitiva", ha declarado durante una rueda de prensa desde la capital comunitaria.
Más allá de las exigencias legales, Bruselas también busca introducir con esta iniciativa una filosofía que sea realmente de "preparación y resiliencia por diseño". El Ejecutivo comunitario considera que se dan las condiciones para incorporar la adaptación desde las primeras fases de planificación de las políticas públicas, en lugar de limitar la respuesta institucional a gestionar los daños una vez producidos.
La Comisión trabaja con estimaciones que apuntan a pérdidas cercanas al 0,17% del PIB como consecuencia del calor únicamente entre abril y septiembre de este año, lo que representa unos costes de 19.000 millones de euros. "Y eso que estas son estimaciones muy conservadoras", advierte una fuente comunitaria.

El Ejecutivo europeo también señala otras estimaciones sobre el impacto económico de los fenómenos extremos. Entre ellas, cita datos de Allianz que sitúan las pérdidas económicas en 113.000 millones de euros durante un periodo de varias semanas. Bruselas considera "alucinante" la magnitud de estas cifras y subraya que parte del impacto no procede exclusivamente de los daños materiales directos, sino también de la reducción de la actividad y de la producción económica derivada de las perturbaciones en el suministro energético.
Con este nuevo marco, la Comisión pretende que la adaptación al cambio climático deje de depender exclusivamente de las prioridades políticas de cada Gobierno y pase a integrarse como una obligación regulatoria en la planificación económica, territorial y administrativa de los Veintisiete.