La Comisión Europea se está viendo presionada en los últimos meses para acometer una reforma de su organización interna. Desde la forma en la que se toman las decisiones hasta la composición de cada departamento o el número de funcionarios que integran la institución. Sin ir más lejos, la presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen, ha recibido esta semana un informe en el que se advierte de que las estructuras actuales "están demasiado compartimentadas y son excesivamente reacias al riesgo" como para abordar los desafíos globales a los que se enfrenta la Unión Europea.
El estudio, elaborado por un grupo de expertos a instancias de la Comisión, insta directamente a "romper" la división interna provocada por las actuales 42 direcciones generales (DG). La propuesta pasa por avanzar hacia un modelo basado en una cultura de responsabilidad compartida, que permita evaluar de forma sistemática la capacidad organizativa de la institución ante los futuros escenarios a los que tendrá que hacer frente el bloque comunitario.
"Los recursos son cada vez más limitados. La tecnología abre nuevas posibilidades", ha reconocido la propia Von der Leyen al abordar la necesidad de modernizar el funcionamiento de la Administración comunitaria.
Equipos interdepartamentales para impulsar los expedientes legislativos
Una de las principales propuestas que ahora maneja la Presidencia de la Comisión plantea superar la distribución tradicional de los expedientes legislativos entre direcciones generales y encomendar las distintas iniciativas a equipos interdepartamentales organizados por carteras de trabajo.
El documento se refiere a este modelo como Cross-DG portfolio teams, una fórmula que permitiría reunir a funcionarios de diferentes departamentos en torno a prioridades políticas concretas. Estos equipos estarían dotados, desde el inicio de cada proceso normativo, de un mandato claro, un responsable designado, recursos específicos y objetivos medibles.
La finalidad es reducir la fragmentación administrativa y facilitar una ejecución coordinada de las iniciativas que requieren la participación simultánea de varias direcciones generales. La Secretaría General también asumiría nuevas competencias bajo este enfoque. Los expertos proponen que pase a actuar como un "verdadero centro estratégico que conecte el nivel político y administrativo", reforzando su capacidad para coordinar las prioridades del Ejecutivo.
Dentro de esta unidad podría crearse una figura especializada encargada de acompañar directamente a los equipos responsables de los proyectos prioritarios, con capacidad para intervenir en su desarrollo y desbloquear procedimientos mediante el contacto directo entre departamentos, en lugar de recurrir exclusivamente al intercambio de documentos.

Otra de las recomendaciones consiste en elaborar documentos "breves de debate" que permitan ofrecer respuestas ágiles ante situaciones urgentes, incluso antes de desarrollar propuestas legislativas completas.
Un director de Inteligencia Artificial para toda la Comisión
La inteligencia artificial ocupa un lugar central en el rediseño administrativo que estudia Bruselas. "Debemos proporcionar a nuestros compañeros las habilidades y herramientas para que la utilicen de la mejor manera", ha afirmado Von der Leyen sobre la incorporación de esta tecnología al trabajo cotidiano de los funcionarios europeos.
En este sentido, el informe recomienda nombrar a un director de Inteligencia Artificial de la Comisión, integrado en la propia Secretaría General y dotado de "autoridad institucional y mandato político". Esta figura estaría respaldada por responsables específicos de IA en cada dirección general, con el objetivo de coordinar su implantación en el conjunto de la estructura administrativa.
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La presidenta del Ejecutivo comunitario estudia igualmente la posibilidad de equipar a todo el personal de la Comisión con un asistente de inteligencia artificial, una medida que permitiría extender el uso de estas herramientas a los distintos niveles de la organización.
A lo largo del documento, los expertos designados por Bruselas llegan a referirse a la IA como un tercer recurso de trabajo en la práctica, junto con el personal propio y los servicios contratados. Argumentan que esta tecnología ha dejado de ser únicamente una herramienta destinada a automatizar procedimientos sencillos para convertirse en un sistema capaz de desarrollar tareas analíticas de mayor complejidad.
Entre sus posibles aplicaciones, el informe propone utilizar herramientas de inteligencia artificial para mapear y simplificar el conjunto de la legislación comunitaria mediante ciclos de revisión de cinco años.
Movilidad de funcionarios y apertura de la alta dirección a perfiles externos
Otro de los ejes principales del informe presentado este lunes es la alineación entre la estrategia política de la Comisión y su política de recursos humanos.
Los expertos abren la puerta a modificar los procedimientos de selección de los cuadros directivos, dando mayor peso a competencias como el liderazgo del cambio o la preparación tecnológica. También plantean abrir determinados puestos de alta dirección a candidatos externos, ampliando así las posibilidades de incorporación de nuevos perfiles profesionales.
Paralelamente, recomiendan establecer una vía alternativa que permita a los funcionarios con talento dirigir proyectos estratégicos de alto impacto sin depender exclusivamente de su posición en la escala jerárquica o de su grado administrativo.
La propuesta también contempla la creación de un fondo central de puestos de trabajo al que se incorporaría anualmente un porcentaje fijo de funcionarios procedentes de cada dirección general. Este mecanismo permitiría reasignar efectivos con mayor rapidez en función de las nuevas prioridades políticas, tomando como referencia, entre otros elementos, las ganancias de eficiencia derivadas de la implantación de la inteligencia artificial.
Bruselas plantea revisar sus 35 agencias descentralizadas
La reorganización administrativa no se limitaría a la estructura interna de la Comisión. El grupo de expertos también ha solicitado evaluar la relevancia y la carga de trabajo de las 35 agencias descentralizadas de la Unión Europea, aplicando un modelo de rediseño organizativo apoyado en la inteligencia artificial.

El objetivo sería determinar si sus actuales estructuras y mandatos siguen respondiendo a las necesidades de la Unión o si, por el contrario, resulta conveniente introducir modificaciones. Entre las posibilidades que recoge el documento figuran las fusiones entre organismos, los ajustes de sus competencias e incluso la supresión de determinadas agencias. Durante este proceso de evaluación, los expertos recomiendan aplicar una moratoria "estricta" a la creación de nuevas agencias, de manera que cualquier ampliación de la estructura institucional quede condicionada a la revisión previa de los organismos existentes.
Una reforma cuyos detalles se concretarán antes de finales de año
Von der Leyen sostiene que la reforma en marcha, cuyos detalles deberán concretarse antes de que finalice el año, constituye "una responsabilidad compartida en toda la Comisión". La presidenta quiere que el proceso trascienda la dirección política de la institución e implique también "a los colegas de todos los niveles de la organización". El informe sitúa así sobre la mesa una posible transformación del funcionamiento administrativo del Ejecutivo europeo, desde la distribución de los expedientes legislativos hasta la gestión de sus recursos humanos y la incorporación de nuevas tecnologías.
"Nuestra ambición sigue siendo clara: ofrecer el mejor servicio público posible a nuestros ciudadanos europeos", ha defendido Von der Leyen durante una declaración ante la prensa, sin turno de preguntas, celebrada en la propia sede de la Comisión Europea.