La presidencia chipriota del Consejo de la Unión Europea ha mantenido casi hasta sus últimos días al frente de la institución la voluntad de aunar un consenso sobre la revisión pendiente de la directiva de impuestos del tabaco. Sin embargo, tras constatar la falta de sintonía entre los Estados miembros en el plano diplomático, ha decidido retirar este expediente del orden del día de la próxima reunión de ministros de Economía de los Veintisiete (Ecofin).
En los últimos meses, Chipre ha realizado intensos esfuerzos a través de consultas bilaterales y reuniones de los grupos de trabajo. El objetivo era aclarar el texto y explorar distintas opciones para salvar las diferencias entre las capitales, tratando de encontrar soluciones de compromiso aceptables para todas las delegaciones. Aunque a lo largo de estas conversaciones se detectaron ciertos acercamientos, finalmente no todas las delegaciones han estado en condiciones de levantar sus vetos.
"Como presidencia hemos hecho todo lo posible para alcanzar un consenso en el Consejo sobre la directiva de fiscalidad del tabaco", reconocía este miércoles una portavoz de la presidencia. De hecho, se llegó a presentar una última propuesta que, según los chipriotas, "tenía en cuenta las diferentes y divergentes posiciones de los Estados miembros".
"Lamentablemente, a pesar de nuestros esfuerzos durante los últimos meses, no ha sido posible en esta fase alcanzar un consenso sobre este importante expediente", admiten fuentes diplomáticas, justo cuando comienza la cuenta atrás para que Irlanda tome el relevo al frente de la institución.
Radiografía del borrador: una refundación integral del mercado
El último borrador que ha estado sobre la mesa de los Veintisiete, y al que tuvo acceso Demócrata, planteaba una auténtica refundación de las reglas del juego para el sector en Europa. La propuesta, firmemente alineada con el plan de Bruselas en la lucha contra el cáncer, buscaba un doble objetivo: blindar la salud pública y asfixiar el comercio ilícito.
Para lograrlo, los reguladores comunitarios apostaban por homogeneizar definiciones legales, fijar suelos fiscales más altos y aplicar cláusulas de actualización automática vinculadas a la inflación; un cóctel normativo diseñado para redefinir el mercado durante la próxima década, pero que finalmente ha chocado con las realidades nacionales de los socios.

Adiós a los vacíos legales: nuevos productos bajo el radar
Una de las grandes prioridades de la reforma fallida era acabar con la dispersión jurídica que sufren los productos de última generación, estabilizando el mercado único y tapando los huecos normativos que aprovechan ciertos fabricantes. La clasificación propuesta distribuía los productos en tres grandes bloques:
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Tabaco manufacturado: Además de los cigarrillos tradicionales, el tabaco de liar y el de pipa de agua, esta categoría absorbía definitivamente al tabaco calentado, un segmento cuya rápida expansión enciende las alarmas en varias capitales.
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Productos relacionados: Los líquidos para vapeadores (con o sin nicotina) y las populares nicotine pouches (bolsas de nicotina) dejaban de estar en un limbo para integrarse formalmente bajo este paraguas regulatorio.
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Tabaco en rama: Con el fin de evitar que este producto se desvíe hacia fábricas clandestinas, se creaba una categoría específica. Contaba con un gravamen mínimo de cero euros, lo que permitía a los Estados controlar su trazabilidad administrativa sin ahogar fiscalmente a los productores legales.
El nuevo mapa fiscal: un suelo de 200 euros por cada mil cigarrillos
La propuesta liderada por la delegación de Chipre abogaba por un endurecimiento progresivo de la presión fiscal a medio plazo. Para el formato tradicional, se pretendía mantener el actual sistema mixto (un tramo fijo por unidad, un porcentaje ad valorem sobre el precio de venta y el IVA correspondiente), pero introduciendo exigencias mucho más duras:
El gravamen total tendría que alcanzar, como mínimo, el 60% del precio medio ponderado de venta al público, fijando además un suelo absoluto de 200 euros por cada 1.000 cigarrillos.
Con este límite mínimo se buscaba recortar la enorme brecha de precios que existe hoy entre los distintos socios de la UE, un factor que la Comisión Europea identifica como el gran motor del contrabando y del turismo de compras dentro de las fronteras comunitarias.
España, en el bloque de la moderación por temor a perder recaudación
El contenido de este texto explica por qué no se ha podido desactivar el veto de todos los países. El Gobierno español se ha consolidado en este proceso como una de las voces que han pedido mayor prudencia y contención en el ritmo de las subidas impositivas.
El temor de Madrid en las negociaciones ha sido puramente estratégico: un incremento demasiado agresivo o una convergencia acelerada de precios recortaría drásticamente la brecha fiscal que actualmente existe con países vecinos como Francia. Si fumar en España dejara de ser notablemente más barato, los flujos comerciales actuales en las zonas fronterizas se desplomarían, arrastrando consigo los millonarios ingresos fiscales que el Estado español recauda gracias a estas compras transfronterizas.