El brote de ébola declarado a mediados de mayo en el este de República Democrática del Congo (RDC) ha sobrepasado ya la barrera de los 10.000 casos y se aproxima a las 4.900 muertes, en un contexto de creciente preocupación tanto dentro del país como a nivel internacional por la rápida propagación de la enfermedad, que ya ha alcanzado a varios Estados vecinos.
El último informe difundido por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) detalla que hasta la fecha se han confirmado 10.060 contagios y 4.887 fallecidos, incluidos 96 nuevos casos y 46 muertes en la última jornada, lo que sitúa la tasa de letalidad global en el 48,6%. Por otra parte, 2.684 pacientes han logrado superar la enfermedad, mientras que la tasa de seguimiento de los contactos se sitúa en el 81,6%.
La provincia de Ituri continúa siendo el principal foco del brote, al concentrar el 71,7% del total de infecciones. Sin embargo, en el último día únicamente ha sumado el 33,3% de los nuevos positivos, un dato que refleja la expansión del virus hacia otras zonas del país. En total, ya son ocho las provincias afectadas: Kivu Norte, Kivu Sur, Tshopo, Alto Uélé, Bajo Uélé, Ubangi Norte y Ubangi Sur, además de la propia Ituri.
Este brote en RDC se ha convertido en el más letal registrado en la historia del país, al superar al que tuvo lugar entre 2018 y 2020. Las proyecciones apuntan incluso a que podría llegar a rebasar el gran brote de África occidental entre 2014 y 2016, que se saldó con 28.616 casos y 11.325 muertos en Guinea, Liberia y Sierra Leona, de acuerdo con los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En las últimas semanas también se han detectado casos en Kenia y Nigeria vinculados al brote originado en RDC, causado por la cepa Bundibugyo --que no tiene vacuna ni tratamiento aprobado--. Esta situación ha llevado a varios países de la región a intensificar los controles y reforzar la vigilancia epidemiológica con el objetivo de frenar la propagación de la enfermedad.