El secretario general de Hezbolá, Naim Qasem, ha arremetido con dureza contra el acuerdo marco sellado entre el Ejecutivo libanés e Israel, al que ha declarado inválido desde todos los puntos de vista. El dirigente acusa al Gobierno de Líbano de haberse convertido en traidor a su propio pueblo y reitera que la organización no entregará las armas como consecuencia de esta iniciativa.
El texto final del acuerdo, rubricado el pasado viernes por Líbano e Israel, no contempla en ningún caso una retirada inmediata de las fuerzas israelíes de las áreas ocupadas en el sur del país. Lo que prevé es una salida “gradual” y sujeta al desarme de las milicias de Hezbolá, limitada a dos “zonas piloto” que, según fuentes oficiales israelíes, se sitúan incluso más allá de los límites originales de la denominada “zona de amortiguación” creada en abril.
El documento, difundido por el Departamento de Estado de EEUU, establece un “proceso recíproco y gradual” mediante el cual el Ejército libanés “restablecerá la soberanía efectiva” sobre todo el territorio nacional. No obstante, dicho despliegue queda condicionado “a la espera del desarme verificado” de Hezbolá. La formación chií ha rechazado frontalmente este marco y ha advertido, una vez más, de que no iniciará ningún proceso de desarme basado en las conversaciones entre Beirut y Tel Aviv.
En su primera valoración pública tras la firma, un Qasem visiblemente indignado sostiene que “vincular la retirada israelí con el desarme de Hezbolá “es una propuesta muy peligrosa que traspasa todas las líneas rojas y convierte a Líbano en un títere en manos del enemigo israelí”. A juicio del líder de Hezbolá, el acuerdo constituye un texto “humillante, vergonzoso y una renuncia a la soberanía”, que además considera “nulo y sin efecto”.
Frente a este marco, Qasem reclama que Israel cumpla los compromisos recogidos en el memorándum de entendimiento firmado el 17 de este mes entre Estados Unidos e Irán, que, según sostiene, sí contempla la opción de una retirada total israelí del territorio libanés.
El secretario general de Hezbolá responsabiliza directamente al Gobierno libanés de haber iniciado el pasado 2 de marzo las conversaciones con Israel, a las que califica como una “concesión gratuita” a Tel Aviv y una “puñalada por la espalda” a los “movimientos de resistencia” contra Israel que el propio Hezbolá dice encabezar.