El Likud, la formación del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, denunció este miércoles a los partidos árabes por “robar” las elecciones, pese a haber sido la lista más votada a nivel nacional, y solicitó formalmente a la Policía y al servicio de Inteligencia interior (Shin Bet) la apertura de una investigación oficial.
En una nota pública, el partido sostuvo que durante la jornada electoral del martes se habría producido un “fraude electoral generalizado” y diversos actos de “intimidación” contra votantes en distintos colegios del país.
La formación de derechas afirmó que “las elecciones en Israel han sido robadas por partidos árabes que apoyan el terrorismo y la eliminación del Estado judío mediante graves delitos como el soborno, las amenazas, la violencia, el fraude y el uso de software ilegal para movilizar a los votantes”, manteniendo así sus acusaciones más duras contra estas listas.
En la misma línea, el Likud recalcó que considera “ilegítima” cualquier posible cooperación con los partidos encabezados por dirigentes árabes, entre ellos Raam y la Lista Conjunta. Según explicó, ya ha remitido a la Policía y a la Comisión Electoral Central “cientos de testimonios” y otros materiales probatorios, entre los que se encontrarían “miles de sobres con dinero en efectivo y papeletas” presuntamente empleados para alterar el resultado de los comicios.
El partido de Netanyahu detalló además que “se trata de miles de sobres con dinero, amenazas y actos de violencia contra miembros de mesas electorales, votantes, votos duplicados, discrepancias entre el número de sobres y el de votantes y el uso de software para movilizar votantes”, enumerando así los supuestos métodos utilizados para manipular el proceso.
Al mismo tiempo, el Likud remarcó la necesidad de llevar a cabo “investigaciones exhaustivas” y exigió una “respuesta inmediata de la Comisión Electoral respecto a las pesquisas”. Esta petición se produce después de que las listas árabes hayan alcanzado un máximo histórico de 19 escaños, en unos comicios que han dejado un Parlamento muy fragmentado y sin una mayoría clara, ya que ninguna de las fuerzas ha logrado alcanzar el umbral de 61 diputados necesario para formar Gobierno en solitario.