Israel acude este martes 27 de octubre a las urnas en unas elecciones que pueden decidir la continuidad de Benjamin Netanyahu al frente del Gobierno después de uno de los periodos más convulsos de la historia reciente del país. Los comicios, los primeros desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la posterior guerra en Gaza, llegan con el primer ministro cuestionado por la gestión de la seguridad nacional y una oposición que aspira a poner fin a su etapa de Gobierno.
La disputa electoral tiene como principal protagonista al exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, líder del partido centrista Yashar, que ha conseguido superar al Likud de Netanyahu en buena parte de las últimas encuestas. Sin embargo, los sondeos publicados antes de la votación dibujan un escenario mucho más complejo que una competición entre dos candidatos, ya que ninguna de las grandes alianzas políticas alcanza por sí sola los 61 diputados necesarios para controlar la Knéset.
El resultado determinará también el rumbo de Israel en cuestiones que van desde la relación con los palestinos hasta la investigación de los fallos de seguridad del 7 de octubre, el servicio militar obligatorio de los ultraortodoxos y la continuidad de las reformas judiciales. La posibilidad de que ninguno de los bloques consiga formar Gobierno añade incertidumbre a unas elecciones que se celebran después de tres años de conflictos regionales.
Cuándo se celebran las elecciones y qué se vota
Los israelíes están convocados a las urnas el martes 27 de octubre de 2026 para elegir a los 120 diputados de la Knéset, el Parlamento nacional. Se trata de las sextas elecciones legislativas desde 2019, una sucesión de convocatorias que refleja las dificultades de los partidos para construir mayorías estables durante los últimos años.
La votación se desarrolla mediante un sistema de representación proporcional en una circunscripción única nacional. Los ciudadanos eligen listas de partidos, no directamente al primer ministro, y los escaños se distribuyen entre las candidaturas que superan el umbral del 3,25% de los votos válidos.
La mayoría absoluta está fijada en 61 diputados, una cifra que obliga habitualmente a negociar coaliciones entre partidos con posiciones ideológicas y religiosas diferentes. Por ello, conseguir el mayor número de votos o de escaños no garantiza automáticamente el acceso a la jefatura del Gobierno.
Quiénes son los principales candidatos
Netanyahu, de 77 años, vuelve a encabezar el Likud después de haber dirigido el país durante más tiempo que cualquier otro primer ministro israelí. Su campaña se ha apoyado en su experiencia en materia de seguridad y en las operaciones militares desarrolladas durante los últimos años, mientras sus adversarios cuestionan su responsabilidad política por los fallos que precedieron al ataque de Hamás.
Su principal rival es Gadi Eisenkot, antiguo jefe del Estado Mayor del Ejército israelí y dirigente de Yashar, una formación de centro que ha ganado protagonismo en los sondeos. Eisenkot fue miembro del gabinete de guerra tras los ataques de octubre de 2023 y abandonó posteriormente el Ejecutivo por sus discrepancias con Netanyahu sobre la conducción del conflicto.
El espacio contrario a Netanyahu incluye también la alianza Together, encabezada por el ex primer ministro Naftali Bennett junto a Yair Lapid, así como a Avigdor Lieberman, dirigente de la derecha secular de Yisrael Beiteinu, y a Yair Golan, líder de Los Demócratas, que representa al sector progresista de la oposición judía.
Esta diversidad constituye una de las principales dificultades para la formación de un Gobierno alternativo, ya que los partidos comparten su rechazo a la continuidad de Netanyahu, pero mantienen diferencias sobre cuestiones territoriales, económicas y religiosas.
Qué dicen las últimas encuestas
Los últimos sondeos publicados antes de las elecciones reflejan una competición ajustada entre Yashar y el Likud, con ventaja para la formación de Eisenkot en varias de las encuestas difundidas durante los últimos días. La distancia entre ambos partidos es reducida y puede variar según el instituto demoscópico.
El sondeo de Channel 12 del 23 de octubre atribuye 23 escaños a Yashar y 21 al Likud, mientras que la encuesta de Kan 11 del mismo día concede 22 diputados a Eisenkot y 20 a Netanyahu.
La cuestión decisiva, sin embargo, no es únicamente qué partido termina primero. Las proyecciones muestran que el bloque formado por el Likud, la extrema derecha y los partidos ultraortodoxos no alcanza la mayoría absoluta, mientras que la oposición tampoco tiene asegurados los apoyos necesarios para investir a un candidato alternativo.
El reparto final dependerá, además, de las candidaturas pequeñas que consigan superar el umbral electoral. Una formación que quede por debajo del 3,25% perderá toda posibilidad de representación parlamentaria, lo que puede alterar el equilibrio entre los bloques incluso con diferencias reducidas de votos.
Los partidos que pueden decidir quién gobierna
Netanyahu necesita el respaldo de sus socios tradicionales para intentar continuar al frente del Ejecutivo. Entre ellos figuran Otzma Yehudit, dirigido por el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, y Sionismo Religioso, encabezado por el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, dos dirigentes de extrema derecha que defienden posiciones especialmente duras respecto a los territorios palestinos.
A estos partidos se suman las formaciones ultraortodoxas Shas y Judaísmo Unido de la Torá, cuyos votos han sido fundamentales para las coaliciones conservadoras israelíes. Su participación en un futuro Ejecutivo estará condicionada, entre otras cuestiones, por las negociaciones sobre las exenciones del servicio militar para los estudiantes religiosos.
En el otro bloque, las diferencias entre Eisenkot, Bennett, Lapid, Lieberman y Golan complican la posibilidad de presentar una alternativa conjunta. Aunque comparten el objetivo de sustituir al actual primer ministro, sus propuestas sobre la relación entre religión y Estado, la política de seguridad y el conflicto palestino no son coincidentes.
El voto árabe y la posibilidad de un bloqueo político
La representación de los ciudadanos árabes israelíes puede adquirir una importancia decisiva si ninguno de los dos grandes bloques alcanza los 61 escaños. Las principales candidaturas de este espacio son la Lista Conjunta y Ra'am, que concurren con programas y estrategias políticas diferentes.
La eventual colaboración con estas formaciones representa una cuestión delicada para los partidos de la oposición judía, varios de cuyos dirigentes han rechazado constituir coaliciones formales con fuerzas árabes. Sin embargo, sus diputados podrían resultar necesarios para facilitar una investidura mediante apoyos parlamentarios externos.
La experiencia política israelí demuestra que estas alianzas no son completamente inéditas. En 2021, Ra'am participó en la coalición que permitió a Naftali Bennett sustituir a Netanyahu, aunque aquel Gobierno terminó perdiendo su mayoría y el país volvió a celebrar elecciones.
Si las negociaciones posteriores a la votación no permiten alcanzar un acuerdo, Israel podría prolongar la situación de bloqueo y afrontar una nueva convocatoria electoral. Mientras no se constituya un Ejecutivo alternativo, el Gobierno saliente continuaría ejerciendo sus funciones.
Gaza y el 7 de octubre, en el centro de la campaña
La seguridad nacional y las consecuencias de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 han condicionado toda la campaña electoral. Aquella ofensiva causó alrededor de 1.200 muertos en Israel y el secuestro de 251 personas, según las cifras israelíes, y desencadenó una guerra en Gaza que ha provocado una devastación humanitaria de enorme magnitud.
Netanyahu ha defendido su actuación militar y ha presentado su experiencia al frente del Gobierno como una garantía para responder a las amenazas regionales. La oposición, por su parte, ha cuestionado los fallos de inteligencia y seguridad que permitieron los ataques y ha reclamado responsabilidades políticas.
Uno de los principales puntos de controversia es la creación de una comisión estatal independiente que investigue lo ocurrido el 7 de octubre, una reivindicación respaldada por sectores de la oposición y familiares de las víctimas.
El futuro Gobierno también tendrá que definir su estrategia respecto a Gaza, las relaciones con la Autoridad Palestina y la situación en Cisjordania, donde la expansión de los asentamientos y la violencia constituyen importantes focos de tensión.
El servicio militar de los ultraortodoxos, otra disputa decisiva
La exención del servicio militar de la que se han beneficiado durante décadas numerosos hombres ultraortodoxos se ha convertido en una de las grandes cuestiones de política interna. El prolongado esfuerzo bélico ha aumentado la presión sobre el Ejército y sobre los reservistas, mientras una parte de la sociedad exige un reparto más equitativo de las obligaciones militares.
Los partidos religiosos defienden mecanismos que permitan preservar el estudio de la Torá y mantener excepciones al reclutamiento, una posición que ha generado tensiones incluso dentro de las coaliciones conservadoras.
Buena parte de la oposición propone modificar el sistema para ampliar la incorporación de los ultraortodoxos a las Fuerzas Armadas, aunque existen diferencias sobre los plazos y el alcance de las reformas.
La cuestión puede resultar determinante durante las negociaciones para formar Gobierno, porque afecta directamente a las condiciones que las formaciones religiosas exigirán para apoyar a cualquier candidato.
Qué ocurrirá con Netanyahu si pierde
La pérdida de la mayoría parlamentaria no supondría automáticamente la salida de Netanyahu del Gobierno. Una vez conocidos los resultados, el presidente de Israel, Isaac Herzog, deberá consultar a los partidos representados en la Knéset y encargar la formación de un Ejecutivo al dirigente que considere con mayores posibilidades de reunir una mayoría.
El candidato designado dispondrá inicialmente de 28 días para negociar los apoyos, con la posibilidad de solicitar una prórroga de hasta 14 días. Si fracasa, el presidente podrá encomendar la tarea a otro diputado, antes de que se agoten los mecanismos parlamentarios previstos para intentar una investidura.
El futuro político de Netanyahu está condicionado también por sus procedimientos judiciales. El primer ministro continúa procesado en Israel por causas de corrupción, cuyos cargos niega, y sobre él pesa una orden de detención de la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad, acusaciones que rechaza.
La continuidad o el relevo al frente del Ejecutivo podría influir en la relación entre el poder político y las instituciones judiciales, uno de los asuntos que más controversia ha generado en Israel durante los últimos años.
Cuándo se conocerán los resultados
Los colegios electorales abrirán este martes a las 7.00 horas y cerrarán a las 22.00, hora israelí, lo que equivale a las 6.00 y las 21.00 horas en la España peninsular. A partir del cierre se conocerán las primeras estimaciones elaboradas por los medios de comunicación.
Los resultados provisionales del escrutinio se irán publicando durante la noche del martes y la madrugada del miércoles, aunque el reparto definitivo de escaños dependerá del recuento completo y de la validación oficial.
El calendario institucional no terminará con el anuncio del vencedor. La fragmentación parlamentaria puede obligar a mantener negociaciones durante varias semanas antes de conocer quién dirigirá el próximo Gobierno.