Las autoridades de la región etíope de Tigray, situada en el norte del país, consideran ya "colapsado" el pacto de paz suscrito en 2022 en Pretoria (Sudáfrica) con el Ejecutivo federal, al que acusan de preparar la reactivación de uno de los conflictos más letales de la historia reciente del continente africano, una guerra que en apenas dos años habría causado entre 100.000 y 800.000 fallecidos, según las cifras ofrecidas por instancias oficiales etíopes y un balance de la Unión Africana.
"Aunque Tigray ha hecho muchas cosas para implementar el Acuerdo de Paz de Pretoria, éste ha colapsado debido a los obstáculos y acciones destructivas creadas por el régimen", ha lamentado la nueva administración tigriña, de nuevo controlada por el Frente Popular para la Liberación de Tigray (TPLF, por sus siglas en inglés), la fuerza político-militar que se enfrentó al Ejército etíope y a sus aliados a partir de 2020.
Tras la firma en Pretoria, la región quedó bajo la tutela de un gobierno provisional aceptado por las autoridades federales, que asumió la gestión de manera temporal hasta el regreso del TPLF a comienzos de mayo. Desde su vuelta, la dirección tigriña ha acusado reiteradamente al Ejecutivo central y a su primer ministro, Abiy Ahmed, de vulnerar los compromisos sellados en la capital sudafricana y de mantener a Tigray en una situación de aislamiento y marginación política.
El Gobierno etíope, sin embargo, se niega a reconocer a la administración restaurada por el TPLF y sostiene que la única autoridad legítima en la zona sigue siendo la Administración Regional Provisional de Tigray, creada en virtud del Acuerdo de Pretoria y ahora desplazada de facto por el retorno del Frente Popular para la Liberación de Tigray.
En un comunicado difundido este sábado, el TPLF responsabiliza a las autoridades federales de alimentar la escalada durante los últimos meses, primero "difundiendo propaganda de odio contra Tigray a través de sus líderes y patrocinadores políticos y militares" y, posteriormente, mediante "ataques con aviones no tripulados, acercamientos militares y enfrentamientos directos".
"Por lo tanto, no es sólo nuestro derecho moral y legal sino también nuestro deber fortalecer nuestra capacidad interna y nuestra autosuficiencia en todos los aspectos, ya sea para el diálogo pacífico o para luchar contra el desastre que se avecina", concluye la formación tigriña, que advierte así de que se prepara tanto para un eventual proceso de negociación como para un nuevo escenario bélico.