El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha expresado su agradecimiento a Colombia por la apertura de su Embajada en Israel en Jerusalén, un movimiento duramente cuestionado por el Gobierno palestino, y ha subrayado que “algo extraordinario sucede en América Latina” en un contexto de viraje político en la región hacia ejecutivos conservadores.
Durante una cena de gala en la sede del Ministerio de Exteriores israelí para conmemorar la inauguración de la nueva legación diplomática, Netanyahu recordó que los “vínculos profundos” entre Israel y América Latina “se torcieron” y “descarrilaron por completo” con la llegada de gobiernos de izquierda a países como Argentina, México, Brasil y Colombia.
En su intervención, el dirigente israelí denunció que “surgieron nuevos 'faraones' que no conocían a José, ni a Gedeón, ni a Benjamín. Todo esto acabó cayendo bajo la influencia de la 'alianza global woke'. Fue un declive constante”, antes de remarcar que “ahora está ocurriendo algo extraordinario en América Latina”.
Netanyahu ensalzó que “todo está volviendo. La gran amistad, la gran afinidad, la profunda afinidad entre nuestros pueblos. Una verdadera amistad. Se basa, sí, en intereses (...), pero nace del corazón. Proviene de valores”, y habló de “un legado compartido”.
En esta línea, puso el acento en que se trata de “un legado judeocristiano que comenzó en esta ciudad (Jerusalén), la ciudad de los profetas, del rey de Israel”. “La ciudad del cristianismo. Aquí es donde todo empezó, y esto constituye un vínculo muy fuerte entre nuestros pueblos”, añadió, reivindicando el papel simbólico de la ciudad.
El jefe del Gobierno israelí recordó además que en 2017 descubrió el “sorprendente” dato de que, en los 70 años previos de historia del país, “ningún primer ministro de Israel en ejercicio había viajado más al sur de Texas”. “Ese era nuestro límite hacia el sur”, relató, aludiendo a la ausencia histórica de giras oficiales en la región.
Ante esta situación, explicó que “decidí que debíamos cambiar eso. Estamos hablando de toda América Latina; una parte inmensa de la humanidad, una región enorme e importante del mundo”, y destacó que su primera gira oficial por la zona incluyó paradas en Colombia, Argentina y México.
Netanyahu recordó también que “por cierto, un año después, creo que fuimos a un país pequeño llamado Brasil, para la toma de posesión del presidente (Jair) Bolsonaro. ¿Quién sabe? Quizá volvamos a hacerlo”, en alusión a la posibilidad de que el hijo del exmandatario, Flávio Bolsonaro, se imponga en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales frente al actual jefe de Estado, Luiz Inácio Lula da Silva.
En otro pasaje de su discurso, el primer ministro afirmó que Israel y sus aliados se enfrentan hoy “a un culto a la muerte que se ha apoderado de diversas partes del mundo”. “Es una batalla de la civilización contra la barbarie. Nosotros defendemos la civilización, defendemos la vida, defendemos la esperanza. Y estamos dispuestos a luchar contra los bárbaros”, sostuvo.
Netanyahu quiso remarcar igualmente que “valoramos a quienes están a nuestro lado, y Colombia está con nosotros”, y aseguró que Bogotá “no tiene mejor amigo que Israel” tras la apertura de la nueva Embajada, trasladada a Jerusalén en cumplimiento del compromiso asumido por el presidente colombiano, Abelardo de la Espriella.
Hasta ahora, sólo siete países habían abierto Embajada en Jerusalén —Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Papúa Nueva Guinea, Paraguay, Fiyi y Nauru—, a los que se suman las autoridades de Kosovo y la región semiautónoma somalí de Somalilandia. La decisión de Colombia amplía así una lista todavía muy reducida.
La instalación de Embajadas en Jerusalén es objeto de rechazo por parte de la Autoridad Palestina y de las principales facciones palestinas, al considerar que legitima la ocupación de Jerusalén Este, bajo control israelí desde la Guerra de los Seis Días de 1967. En la parte occidental de la ciudad se encuentran la sede del Parlamento israelí, el Tribunal Supremo y varios ministerios.
Aunque Israel mantiene que Jerusalén es su capital “unificada”, la mayor parte de la comunidad internacional —con contadas excepciones, entre ellas Estados Unidos— no reconoce esa posición. La propuesta de solución de dos Estados prevé un futuro Estado palestino dentro de las fronteras de 1967, con Jerusalén como capital compartida por ambos países.