Más de una docena de expertos en derechos humanos de Naciones Unidas han pedido al Gobierno de Donald Trump que detenga las deportaciones de migrantes a terceros países, al considerar que esta política aumenta el riesgo de abusos, torturas y persecución. Los expertos han trasladado su preocupación tanto a Washington como a los gobiernos que han alcanzado acuerdos para recibir a personas expulsadas desde Estados Unidos.
Según la comunicación de los expertos, al menos 23.000 nacionales de terceros países han sido enviados ya a 29 países y territorios mediante este sistema. Entre las personas trasladadas hay migrantes que habían obtenido previamente protección de jueces estadounidenses ante el riesgo de sufrir abusos si eran devueltos directamente a sus países de origen.
Los expertos consideran que los daños derivados de esta política ya no pueden tratarse como un riesgo hipotético y reclaman que se detengan las expulsiones cuando exista peligro de persecución, tortura u otras vulneraciones graves de derechos humanos.
Acuerdos con países africanos
La Administración estadounidense ha cerrado desde el año pasado varios acuerdos con gobiernos africanos para aceptar a migrantes que Washington no puede devolver legalmente a sus países de origen. La fórmula permite trasladarlos a un Estado distinto del suyo, aunque no tengan vínculos con ese territorio.
Los expertos de Naciones Unidas han expresado especial preocupación por algunos de los países receptores. Entre los casos señalados figura Guinea Ecuatorial, donde grupos de derechos humanos han denunciado incidentes relacionados con la recepción de migrantes, y República Centroafricana, que ha recibido a personas deportadas desde Estados Unidos.
Los expertos también reclama atención específica para colectivos que pueden encontrarse en una situación de mayor vulnerabilidad, entre ellos menores, mujeres, personas con discapacidad, víctimas de trata, personas apátridas y defensores de los derechos humanos.
La batalla judicial llega al Supremo
La advertencia de Naciones Unidas coincide con una disputa judicial en Estados Unidos sobre las condiciones de estas deportaciones. Un tribunal federal de apelaciones determinó que los migrantes deben recibir información suficiente sobre el país al que serán enviados y una oportunidad efectiva para alegar que podrían sufrir persecución o tortura allí.
El Gobierno de Trump ha recurrido al Tribunal Supremo para intentar mantener las expulsiones mientras continúa el litigio. La Administración sostiene que las exigencias impuestas por los tribunales dificultan las operaciones de deportación y generan problemas logísticos y diplomáticos.
El enfrentamiento judicial se produce después de que un fallo obligara a suspender temporalmente una operación que contemplaba el traslado de 70 personas a tres países. El Gobierno estadounidense argumentó ante el Supremo que la resolución había obligado a cancelar el vuelo y a renegociar los acuerdos necesarios para realizar las expulsiones.
La ONU pide garantías antes de las expulsiones
Los expertos de ONU han extendido su preocupación a los 35 gobiernos que mantienen acuerdos con Washington para recibir a personas deportadas. Su petición se centra en que los Estados garanticen que quienes sean trasladados no queden expuestos a torturas, persecuciones u otras vulneraciones graves.
La cuestión afecta también a personas que habían obtenido protección judicial en Estados Unidos precisamente porque existía un riesgo para ellas si eran devueltas a sus países de origen. Para los expertos, enviar posteriormente a esas personas a un tercer Estado puede generar una nueva cadena de riesgos si ese país no ofrece garantías suficientes.
La Administración Trump, por su parte, mantiene que las deportaciones forman parte de su política migratoria y ha defendido ante los tribunales su capacidad para utilizar terceros países cuando no puede ejecutar una expulsión directa al país de origen.