El Ejecutivo de Qatar ha rechazado este jueves “categóricamente” las acusaciones sobre una supuesta “interferencia” de Doha en las elecciones legislativas de Israel, que ha situado dentro de “otra campaña de desinformación” cuyo objetivo sería “arrastrar” al país a las “disputas políticas” internas israelíes.
“Rechazamos categóricamente las acusaciones de que Qatar haya interferido en las elecciones israelíes o financiado actividades destinadas a influir en sus resultados”, ha señalado el portavoz del Ministerio de Exteriores qatarí, Mayed al Ansari, en un comunicado difundido en redes sociales.
El representante de Exteriores ha criticado que determinados “políticos” y “sus contactos en los medios de comunicación” hayan acusado a Doha de “comprar a Benjamin Netanyahu, a la izquierda política israelí y, en esta última campaña, al voto árabe”. “Si hubiera que creer tales afirmaciones, parecería que Qatar es dueño de todo Israel”, ha ironizado.
“Estas acusaciones son, a partes iguales, ridículas y peligrosas”, ha afirmado Al Ansari, subrayando que las “recurrentes menciones” a Qatar durante la campaña israelí “revela una obsesión excesiva con el país entre ciertas figuras políticas y mediáticas de Israel”.
En esta línea, ha sostenido que “Qatar no debe ser utilizado como chivo expiatorio de los fracasos políticos de determinados políticos israelíes”, antes de remarcar que estas figuras, a las que no identifica, “harían mejor en centrarse en sus propios votantes, en mejorar la vida cotidiana de la población y en reparar el daño que han causado en la región”.
“Reiteramos que no tenemos ninguna participación en la disputa política o electoral de Israel. Se trata de asuntos internos israelíes en los que no intervenimos, y no aceptaremos ningún intento de involucrar a Qatar en sus disputas políticas internas”, ha insistido el portavoz de la diplomacia qatarí.
Al Ansari ha instado además al futuro Gobierno de Israel a respetar el Derecho Internacional y “aborde de forma seria y honesta la cuestión palestina”, incluyendo “el respeto de los derechos inalienables de los palestinos”, entre ellos “su derecho a la autodeterminación y a un Estado independiente en las fronteras de 1967, con Jerusalén Este como capital”.
Por otro lado, ha subrayado que estas acusaciones “no apartarán” a Doha de su “importante papel” como mediador en la región, también respecto a la situación en la Franja de Gaza, y ha avanzado que Qatar “seguirá trabajando estrechamente con los socios regionales e internacionales para resolver los conflictos actuales mediante la diplomacia”.
“No permaneceremos en silencio mientras se explota el nombre de Qatar al servicio de agendas electorales o intereses políticos particulares”, ha concluido, después de que el Shin Bet abriera una investigación sobre una supuesta financiación extranjera, potencialmente desde Qatar y Turquía, para influir en el voto de la comunidad árabe-israelí, según ‘The Jerusalem Post’.
En paralelo, el Likud de Netanyahu denunció a primera hora del día la existencia de una presunta red de injerencia exterior en el proceso electoral, a la que se refiere como ‘Raamgate’ —en alusión al partido árabe Raam—, y exigió una pesquisa inmediata por parte de los servicios de seguridad y la Policía.
La formación describió el caso como “un terremoto” y sostuvo que los comicios fueron manipulados, llegando a hablar de “atentado contra la democracia” y alertando de que la finalidad de estos supuestos planes sería favorecer la “islamización de Israel” y provocar la caída de Netanyahu.
Los datos provisionales otorgan por ahora la victoria al Likud, con 27 escaños, frente a los 21 del partido del opositor Gadi Eisenkot, Yashar. No obstante, ninguno de los dos bloques alcanza la mayoría necesaria, dejando el equilibrio en manos de las listas árabes o de una posible coalición derechista que deje fuera a los partidos ultraortodoxos.