Starmer mira a la OTAN: el ex primer ministro británico estaría interesado en liderar la Alianza en 2028

Keir Starmer estaría interesado en convertirse en secretario general de la OTAN cuando el puesto quede vacante en 2028

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El primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer. Europa Press/Contacto/Wiktor Szymanowicz

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Keir Starmer podría estar mirando ya más allá de la política interna británica. El ex primer ministro del Reino Unidoestaría interesado en convertirse en secretario general de la OTAN cuando el cargo quede vacante en 2028.

La posibilidad sitúa a Starmer en una nueva dimensión política: de Downing Street a la dirección de la principal alianza militar occidental.

El puesto está actualmente ocupado por Mark Rutte, ex primer ministro de Países Bajos, cuyo mandato al frente de la Alianza Atlántica expira en 2028. La sucesión todavía queda lejos, pero el debate ya empieza a moverse en las capitales europeas.

Un cargo de máxima influencia internacional

La Secretaría General de la OTAN es uno de los cargos diplomáticos y estratégicos más relevantes de Occidente.

Quien lo ocupa no dirige ejércitos ni toma decisiones militares de forma unilateral, pero sí coordina políticamente a los aliados, marca prioridades, gestiona crisis y representa a la organización ante Rusia, China, Ucrania, Estados Unidos y el resto de actores internacionales. Para Starmer, el puesto supondría mantener un papel central en la política internacional después de su etapa al frente del Gobierno británico.

Su perfil encajaría en parte con la tradición reciente de la OTAN, que ha recurrido a antiguos primeros ministros europeos para liderar la organización. Antes de Rutte, el cargo lo ocupó Jens Stoltenberg, ex primer ministro de Noruega.

Necesitaría el respaldo de Londres

El interés de Starmer, por sí solo, no bastaría. Para tener opciones reales, necesitaría un respaldo sostenido del Gobierno británico y capacidad para generar consenso entre los aliados. La elección del secretario general de la OTAN no se decide mediante una campaña pública, sino por acuerdo político entre los países miembros.

Eso significa que cualquier candidatura debe construirse con discreción, apoyos diplomáticos y equilibrios internos dentro de la Alianza. No se trataría de hacer pactos políticos de tipo transaccional, pero Starmer sí necesitaría que Londres trabajara a favor de su nombre si quiere aspirar al cargo.

Defensa, Ucrania y relación transatlántica

La eventual candidatura de Starmer llegaría en un momento especialmente delicado para la OTAN. La guerra en Ucrania, la presión de Rusia, el aumento del gasto militar europeo y la relación con Estados Unidos seguirán marcando la agenda de la Alianza en los próximos años.

Reino Unido ha buscado mantener un papel protagonista en el apoyo a Kiev y en la seguridad europea. Starmer, durante su etapa en el Gobierno, intentó proyectar una imagen de compromiso con la defensa colectiva y con el refuerzo del vínculo transatlántico.

Ese historial podría jugar a su favor, aunque también tendría que superar las dudas que puedan existir entre aliados sobre su peso político después de dejar Downing Street.

Una sucesión todavía abierta

La carrera para suceder a Mark Rutte no está formalmente abierta. El mandato del actual secretario general termina en 2028 y, hasta entonces, cualquier movimiento se mueve en el terreno de las conversaciones discretas, las quinielas diplomáticas y los equilibrios entre países.

La OTAN suele buscar perfiles con experiencia de Gobierno, capacidad de consenso, credibilidad internacional y buena relación con Washington. Starmer cumple parte de esos requisitos, aunque su candidatura dependería de muchos factores: el contexto internacional, la posición del Ejecutivo británico, la opinión de Estados Unidos y el equilibrio entre aliados europeos.

De la política británica al tablero atlántico

El interés de Starmer por la OTAN abre una posible vía para su futuro político. Tras su salida de la primera línea nacional, el ex primer ministro podría intentar mantener presencia internacional en un organismo clave para la seguridad europea. No sería un retiro, sino un salto a una función de alta diplomacia.

La pregunta es si los aliados verán en él un perfil de consenso para liderar la Alianza en una etapa marcada por la amenaza rusa, el rearme europeo y la incertidumbre sobre el papel de Estados Unidos. Por ahora, la opción está sobre la mesa como una posibilidad. Pero en la OTAN, las posibilidades solo se convierten en nombramientos cuando las grandes capitales deciden cerrar filas.

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