El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado este jueves que el nuevo y “histórico” acuerdo de cooperación nuclear alcanzado con las autoridades de Arabia Saudí queda “sujeto” a los Acuerdos de Abraham, el marco impulsado por Washington para la normalización de lazos entre Israel y varios Estados árabes, entre ellos Emiratos Árabes Unidos y Bahréin.
“El acuerdo nuclear civil entre el Departamento de Energía de Estados Unidos y Arabia Saudí y que afectará únicamente al uso no militar de esta energía (...) será aprobado, pero estará totalmente sujeto a que Arabia Saudí se adhiera a los respetados y exitosos Acuerdos de Abraham”, ha indicado Trump en un mensaje difundido en redes sociales en el que ha matizado que este pacto “no contempla el enriquecimiento” de material alguno por parte de Riad.
De este modo, el inquilino de la Casa Blanca ha subrayado que Estados Unidos “no se opone a las instalaciones nucleares civiles (que no estén encaminadas al enriquecimiento de material)”, dejando claro el límite que Washington quiere fijar en el desarrollo del programa atómico saudí.
La Administración del expresidente estadounidense Joe Biden había vinculado en su día la cooperación nuclear con Arabia Saudí a que el reino reconociera formalmente a Israel, aunque sectores críticos con el actual mandatario sostienen ahora que esa exigencia habría sido retirada en las últimas negociaciones.
Los Acuerdos de Abraham abarcan los entendimientos para la normalización de relaciones entre Israel, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Marruecos y Sudán —este último aún pendiente de ratificación—. Estos países se sumaron durante el primer mandato de Trump a los acuerdos de paz que Israel ya mantenía con otros Estados árabes, como Jordania y Egipto.
El pacto nuclear fue rubricado la víspera por el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, y el ministro saudí de Energía, Abdulaziz bin Salmán. El texto abre la puerta a una mayor presencia de compañías estadounidenses en el programa de energía nuclear civil de Arabia Saudí, lo que, según Washington, “beneficiará a la industria, los trabajadores y las cadenas de suministro de Estados Unidos, al tiempo que ayudará a satisfacer las necesidades energéticas saudíes”.
De acuerdo con los detalles facilitados por el Departamento de Energía, el acuerdo —que deberá ser examinado ahora por el Congreso estadounidense— “sienta las bases legales para una asociación multimillonaria que durará décadas y que promoverá varios objetivos económicos y estratégicos prioritarios, incluida la no proliferación nuclear”.