Alfredo Sánchez Monteseirín, alcalde de Sevilla entre 1999 y 2011, ha fallecido a los 69 años tras una larga enfermedad. El presidente del Pleno municipal, Manuel Alés, ha comunicado la noticia este lunes durante la sesión extraordinaria sobre ordenanzas fiscales, en la que la corporación ha guardado un minuto de silencio. Su muerte deja al socialismo andaluz sin uno de sus referentes municipales y a Sevilla sin el alcalde que más tiempo la ha gobernado en democracia.
Su importancia política se explica por la combinación de permanencia institucional y capacidad para transformar la ciudad. Durante tres mandatos, todos sin mayoría absoluta, impulsó decisiones que modificaron la movilidad, el espacio público y la imagen de la capital andaluza. El tranvía, la red de carriles bici, las peatonalizaciones del centro, la remodelación de la Alameda de Hércules y las Setas de la Encarnación forman parte de esa herencia.
Doce años de poder apoyado en los pactos
Monteseirín recuperó en 1999 la Alcaldía para el PSOE, después del mandato de la popular Soledad Becerril. Lo hizo mediante un acuerdo con el Partido Andalucista, aunque el PP había sido la fuerza más votada. En 2003 y 2007 mantuvo el gobierno municipal con el respaldo de Izquierda Unida. Los socialistas únicamente fueron la candidatura más votada en la primera de esas dos convocatorias.
Su trayectoria permite entender el peso de las alianzas en la política municipal: durante doce años consiguió reunir los apoyos necesarios para gobernar una de las principales capitales españolas sin disponer de una mayoría propia.
Antes había ganado una batalla decisiva dentro del PSOE. En las primarias de 1998 se impuso al expresidente de la Junta de Andalucía José Rodríguez de la Borbolla por el 59% de los votos frente al 41%. Aquella victoria le abrió el camino a la candidatura y supuso un relevo en el liderazgo socialista de la ciudad.
Una transformación que sobrevivió a su mandato
El legado más visible de Monteseirín está en las calles. La peatonalización de la avenida de la Constitución y de otros espacios del casco histórico, junto con el desarrollo del tranvía y los itinerarios ciclistas, cambió la manera de desplazarse por Sevilla. Las Setas añadieron un nuevo símbolo arquitectónico a una ciudad identificada hasta entonces principalmente con su patrimonio histórico.
La dimensión política de esas actuaciones reside en que afectaban a decisiones cotidianas: cuánto espacio debía ocupar el coche, qué lugar correspondía al peatón y cómo debía modernizarse el centro. Su mandato quedó asociado a una propuesta reconocible de ciudad.
Esa huella convivió con el desgaste y los conflictos internos. Su última etapa estuvo marcada por una pérdida de influencia en el PSOE y por tensiones con su propia organización. No fue candidato en 2011: el partido apostó por Juan Espadas, mientras que el popular Juan Ignacio Zoido acabó accediendo a la Alcaldía.
Del municipalismo sevillano al reconocimiento institucional
Nacido en La Rinconada en 1957 y médico de profesión, Monteseirín construyó su carrera desde la administración local. Fue concejal en distintos municipios sevillanos, presidente de la Diputación entre 1995 y 1999 y presidente de la Federación Andaluza de Municipios y Provincias. Después de dejar el Ayuntamiento regresó a su actividad como funcionario sanitario y, entre 2018 y 2024, ocupó la Delegación Especial del Estado para la Zona Franca de Sevilla.
El reconocimiento a su trayectoria terminó trascendiendo las diferencias partidistas. En 2025, el Ayuntamiento le concedió la Medalla de la Ciudad a propuesta del alcalde del PP, José Luis Sanz, quien defendió su entrega a Sevilla pese a las discrepancias políticas. La distinción reconocía una contribución cuyo alcance seguía presente catorce años después de abandonar el gobierno municipal.