La izquierda contiene la respiración ante la declaración de Zapatero: “Tiene que dar todas las explicaciones”

La legislatura pende de un hilo. La línea roja sigue siendo la financiación ilegal del partido, pero la estocada sería fatal si la declaración del expresidente no convence

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El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero comparece ante la Comisión de Investigación sobre el ‘caso Koldo’, en el Senado, a 2 de marzo de 2026, en Madrid (España). Eduardo Parra - Europa Press

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero comparece ante la Comisión de Investigación sobre el ‘caso Koldo’, en el Senado, a 2 de marzo de 2026, en Madrid (España). Eduardo Parra - Europa Press

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El momento de la verdad ha llegado. El Día D en términos históricos. El Armagedón de las Escrituras. El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, declara ante el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama en el marco del caso Plus Ultra y por la pieza separada abierta tras el hallazgo de unas joyas tasadas en 1,3 millones de euros. La legislatura se tambalea y este miércoles se podría inclinar la balanza. Si Zapatero ofrece explicaciones satisfactorias, el PSOE y sus socios dispondrán de una pequeña bocanada de oxígeno. De lo contrario, la estocada sería fatal.

Ferraz confía. No con una fe ciega, pues en conversaciones privadas hay quienes admiten que “uno ya no sabe ni qué pensar”, pero sí con determinación. Fuentes consultadas por DEMÓCRATA aseguran que no tienen ninguna duda de que Zapatero aportará las explicaciones pertinentes.

El expresidente habría trasladado a la cúpula socialista que “va a entrar en todo” y no dejará lugar a dudas sobre su inocencia. Un mensaje al que le dan toda la credibilidad del mundo. Tanta, que pese a las funestas experiencias pasadas de José Luis Ábalos y Santos Cerdán, la secretaria de Organización del partido, Rebeca Torró, aseveró que “todos tenemos muchas ganas de esa comparecencia” porque será “determinante” para disipar cualquier atisbo de sombra.

Los socios de Gobierno también esperan la cita y coinciden en su importancia. Fuentes de Sumar consultadas por Demócrata prefieren “no adelantar escenarios”. “Estamos en que Zapatero y el PSOE tienen que dar todas las explicaciones sobre estos casos”, y aguardan a que, efectivamente, así sea. Hay, de hecho, varias fechas marcadas en rojo en el calendario. La de este miércoles es una. El jueves, otra, puesto que la declaración está dividida en dos partes. Pero los magenta no pierden de vista el próximo miércoles, cuando Pedro Sánchez comparecerá ante el Pleno.

A juicio de Sumar, no se trata solo de “sobrevivir”, sino de dotar de sentido a lo que resta de legislatura. “Este tiempo tiene que merecer la pena, porque la desafección de la gente al ver estos casos es tremenda”, admiten las mismas fuentes.

El portavoz parlamentario de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Gabriel Rufián, uno de los principales socios parlamentarios del Ejecutivo, mira con tiento. Apenas unas horas después de que saliera al paso de Zapatero, admitió que “quizá” se equivocara al salir en su defensa. De primeras, se dejó guiar por su “afecto” personal, pero después, se leyó el auto, “que es jodido y mentiría si dijera lo contrario”.

En sede parlamentaria entonó aquello de “si esto es verdad, es una mierda, y si es mentira, es una mierda mayor”, mientras blandía el auto del juez. Conforme se acerca la hora de la verdad, para la izquierda parece claro que la “mierda” sería mucho peor si fuera “verdad”, porque recomponer filas tras la caída de su principal referente será una ardua tarea.

Por su parte, Junts, PNV y Podemos piden ya elecciones. De hecho, la formación de Carles Puigdemont coqueteó con una suerte de moción de censura vía enmienda que fue frenada por la Mesa del Congreso.

En definitiva, tras la declaración de Zapatero la legislatura entra en una nueva fase. Las cartas se barajan y vuelven a repartir. La presión desde Junts, PNV, Podemos y por supuesto PP y Vox continuará porque el resto de casos: Ábalos, Cerdán, Leire Díez… La línea roja para los socios que sostienen el Ejecutivo sigue siendo la financiación ilegal del partido, y en el caso de Zapatero no se espera nada relacionado, mas el golpe moral al PSOE sería un torpedo en la línea de flotación y las dudas comenzarían a aflorar entre los aliados parlamentarios y romperán la baraja. Si no, al menos ganarán tiempo. Un tiempo que se agota y que depende de que Zapatero no caiga esta semana.

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¿En qué estado parlamentario se encuentra actualmente la legislatura y cuáles serían los pasos para una posible moción de censura?

Situación actual de la legislatura y pasos para una moción de censura

La legislatura en el Congreso de los Diputados se encuentra en funcionamiento ordinario, con una Cámara muy fragmentada y un Gobierno de coalición PSOE–Sumar que gobierna en minoría y depende de apoyos externos. La mayoría absoluta se sitúa en 176 escaños sobre un total de 350, y el Ejecutivo no dispone por sí mismo de esa cifra, por lo que debe pactar iniciativa a iniciativa. A día de hoy no consta ninguna moción de censura registrada ni anunciada formalmente en la agenda parlamentaria. Para que una moción de censura prospere haría falta reunir 35 firmas para presentarla, incluir un candidato alternativo y lograr la mayoría absoluta del Congreso.

1. Estado parlamentario actual de la legislatura

Según la información institucional disponible sobre la composición del Congreso de los Diputados, la Cámara cuenta con 350 escaños, siendo necesaria la mayoría absoluta de 176 diputados para aprobar una moción de censura o una ley orgánica, y la mayoría simple (más votos a favor que en contra) para la mayoría de las votaciones ordinarias. La propia página del Congreso detalla la distribución de escaños por grupos parlamentarios en la legislatura en curso en este resumen de composición, mientras que la organización interna y la Mesa pueden consultarse en la ficha de la Mesa del Congreso.

El Gobierno está formado por una coalición entre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Sumar, que suma claramente por debajo de los 176 escaños, lo que configura un Ejecutivo en minoría parlamentaria. Esto le obliga a pactar de forma recurrente con otras formaciones (ERC, Junts, PNV, EH Bildu y Grupo Mixto, entre otras) para sacar adelante su agenda legislativa y las votaciones más sensibles. La propia Moncloa describe este marco institucional y de funcionamiento de la Cámara en una nota general sobre el Congreso y las relaciones Gobierno–Cortes, accesible en esta nota informativa.

La legislatura se caracteriza por una elevada fragmentación y una actividad constante de Pleno y comisiones, según la agenda parlamentaria y el calendario de plenos. No hay rastro en esa programación de una moción de censura señalada para debate o votación, ni constan mociones registradas en la información consultada. La estabilidad del Gobierno es, por tanto, relativa: el Ejecutivo se mantiene, pero depende de pactos caso por caso y de la ausencia de una mayoría alternativa articulada en torno a un candidato diferente a la Presidencia.

2. Requisitos para presentar una moción de censura

La moción de censura se regula fundamentalmente en el artículo 113 de la Constitución Española y en el Reglamento del Congreso. Es un instrumento de control parlamentario mediante el cual el Congreso puede exigir la responsabilidad política del Gobierno y, en su caso, sustituir al presidente. Sus requisitos básicos son los siguientes:

En primer lugar, debe estar suscrita, como mínimo, por la décima parte de los diputados, es decir, por 35 diputados. Solo los grupos que alcancen ese umbral –o la suma de varios grupos y/o diputados del Grupo Mixto– pueden presentar formalmente una moción. En segundo lugar, la moción de censura en España es constructiva: debe incluir obligatoriamente un candidato alternativo a la Presidencia del Gobierno. No se puede plantear una moción “en abstracto” sin proponer quién asumiría la jefatura del Ejecutivo en caso de prosperar.

Además, la moción debe presentarse por escrito y estar motivada, exponiendo las razones políticas que se alegan contra el Gobierno. Una vez registrada, la Presidencia del Congreso debe admitirla a trámite si cumple todos los requisitos formales. Desde ese momento se abre un plazo de dos días para que otros grupos puedan presentar mociones alternativas, cada una con su propio candidato a la Presidencia del Gobierno.

3. Debate, votación y efectos de la moción

Transcurrido el plazo para mociones alternativas, la Presidencia del Congreso fija la fecha del debate en el Pleno, que se desarrolla según un esquema reglado: defensa de la moción, intervención del candidato propuesto, turnos de los grupos, réplicas, etc. No puede procederse a la votación hasta que hayan transcurrido al menos cinco días desde la presentación de la moción inicial, según la práctica constitucional y reglamentaria.

Para que la moción de censura salga adelante es imprescindible que obtenga la mayoría absoluta del Congreso: al menos 176 votos afirmativos. Si se alcanza esa cifra, la moción se considera aprobada y el candidato incluido en la misma queda investido automáticamente como nuevo Presidente del Gobierno, produciéndose la sustitución inmediata del Ejecutivo sin necesidad de una nueva votación de investidura independiente.

Si, por el contrario, la moción no alcanza la mayoría absoluta, se considera rechazada. En ese caso, el Gobierno continúa en funciones plenas y los firmantes de la moción rechazada no podrán presentar otra durante el mismo periodo de sesiones, conforme al diseño constitucional que busca evitar un uso abusivo de este instrumento.

De este modo, la situación actual es la de una legislatura en marcha, con un Gobierno en minoría y sin mociones de censura en tramitación; sin embargo, el marco jurídico permite que, si se articula una mayoría absoluta en torno a un candidato alternativo y se reúnen 35 firmas, pueda activarse en cualquier momento este mecanismo de control y sustitución del Ejecutivo.

¿Cuáles son las competencias y atribuciones del presidente del Gobierno y del expresidente según la legislación española?

Respuesta sintética

El presidente del Gobierno es el jefe del poder ejecutivo en España y dirige la acción del Gobierno, coordina a los ministros, representa políticamente al Ejecutivo y asume la responsabilidad principal ante el Congreso. Sus competencias derivan, sobre todo, de la Constitución de 1978 (arts. 97‑100) y de la Ley 50/1997 del Gobierno, que le atribuyen la dirección de la política interior y exterior, la defensa y la administración civil y militar. El expresidente, en cambio, no conserva ninguna potestad pública ni facultad de dirección política: su papel es honorífico, con determinados derechos económicos, de seguridad y de protocolo regulados en normas presupuestarias y reglamentarias. En consecuencia, presidente y expresidente se diferencian radicalmente: el primero ejerce poder efectivo; el segundo conserva solo un estatuto de respeto institucional y protección, pero sin funciones de gobierno.

Competencias y atribuciones del presidente del Gobierno

La figura del presidente del Gobierno se regula esencialmente en la Constitución Española (especialmente los artículos 97 a 100) y en la Ley 50/1997, de 27 de noviembre, del Gobierno. Desde el punto de vista jurídico‑político, es la máxima autoridad del poder ejecutivo y el centro de gravedad de la vida gubernamental.

Dirección del Gobierno y coordinación del Ejecutivo

El artículo 98 CE establece que el presidente dirige la acción del Gobierno y coordina las funciones de los demás miembros. Esto se traduce en la capacidad de fijar las grandes líneas de la acción política, priorizar reformas, ordenar la elaboración de proyectos de ley y decidir la orientación general de todas las políticas públicas (interior, exterior, económica, social, de defensa, etc.).

Asimismo, el presidente preside el Consejo de Ministros, convoca sus reuniones, fija el orden del día y vela por la coherencia entre los diferentes departamentos ministeriales. A través de esta facultad, ejerce en la práctica la jefatura efectiva del Ejecutivo.

Relación con el Rey, el Parlamento y el resto del Estado

El presidente propone al Rey el nombramiento y cese de los ministros (art. 100 CE), lo que le confiere un control decisivo sobre la composición del Gobierno. Presenta al Congreso de los Diputados el programa de gobierno al inicio de la legislatura y puede plantear una cuestión de confianza para reforzar su legitimidad parlamentaria. A su vez, puede ser objeto de una moción de censura, que es el principal mecanismo de responsabilidad política ante el Congreso.

En el plano institucional, el presidente representa al Gobierno ante el Rey, las Cortes Generales y en las relaciones con otras instituciones del Estado. También asume la dirección de la política exterior y de defensa, así como de la administración civil y militar, aunque muchas de estas funciones se ejercen colegiadamente en el Consejo de Ministros.

Poder normativo y decisiones de urgencia

Aunque el poder normativo es del Gobierno como órgano colegiado, el liderazgo del presidente resulta determinante en la adopción de reales decretos‑leyes en supuestos de extraordinaria y urgente necesidad. Estas normas con rango de ley deben ser convalidadas por el Congreso, pero la iniciativa política y la decisión de acudir a esta herramienta pasan esencialmente por el presidente y su equipo.

En suma, el presidente del Gobierno es el centro de impulso y coordinación de la actividad normativa, presupuestaria y estratégica del Ejecutivo, y su posición está reforzada por la responsabilidad política directa ante el Congreso de los Diputados.

Estatuto jurídico y prerrogativas del expresidente del Gobierno

El estatuto del expresidente del Gobierno no se configura como un nuevo órgano del poder ejecutivo, sino como una posición honorífica. La normativa española no le reconoce potestades públicas ni competencias decisorias tras el cese: deja de formar parte del Gobierno y no dirige ni coordina políticas.

Ausencia de potestades públicas

Desde el momento del cese, el expresidente no tiene capacidad para dictar decisiones administrativas, dirigir órganos públicos o intervenir en el Consejo de Ministros. Cualquier actuación en la esfera pública que pueda realizar (por ejemplo, participación en foros, conferencias o misiones de carácter honorífico) se hace sin poder de decisión ni representación oficial plena del Estado, salvo encargo puntual y acotado del Gobierno en ejercicio.

Derechos económicos y de apoyo material

El estatuto del expresidente incluye derechos de carácter económico, establecidos fundamentalmente en normas presupuestarias y reglamentos gubernamentales. Entre ellos se encuentran una prestación económica (de naturaleza análoga a una pensión o asignación) y una dotación para gastos de oficina y personal de apoyo, orientada a facilitar su actividad institucional y de representación en calidad de exjefe del Gobierno.

Estos beneficios están regulados y financiados a través de la Ley de Presupuestos Generales del Estado y de disposiciones complementarias, y se vinculan a la consideración de que el expresidente sigue siendo una figura de interés público, aunque sin ejercer funciones ejecutivas.

Seguridad y protección personal

Los expresidentes tienen derecho a un dispositivo de seguridad personal prestado por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. La intensidad, medios y duración concreta de esta protección se determinan mediante criterios de valoración de riesgos, atendiendo a su exposición pública y a las amenazas que puedan derivarse del cargo ejercido.

Protocolo y precedencia institucional

En actos oficiales, el expresidente disfruta de un tratamiento protocolario especial, que se traduce en precedencia, mención y reconocimiento institucional. Esta posición de honor se basa en el servicio previo al Estado al haber ejercido la jefatura del Gobierno, pero no lleva aparejada la participación en la toma de decisiones ni en la elaboración de políticas públicas.

En definitiva, mientras que el presidente en ejercicio concentra competencias de dirección política y responsabilidad ante el Parlamento, el expresidente solo conserva un estatuto de respeto institucional con apoyos materiales, de seguridad y de protocolo, carente de potestad pública efectiva.

¿Cuál ha sido la trayectoria política y profesional de José Luis Rodríguez Zapatero antes y después de su presidencia?

Trayectoria política y profesional de José Luis Rodríguez Zapatero

Respuesta sintética

José Luis Rodríguez Zapatero es un político socialista español que, tras una larga carrera como diputado por León y dirigente interno del PSOE, llegó a la Secretaría General del partido en el año 2000 y a la presidencia del Gobierno en 2004, cargo que ocupó hasta 2011. Antes de ser presidente, su trayectoria se definió por un trabajo parlamentario discreto, su ascenso como símbolo de renovación generacional tras el felipismo y su papel como líder de la oposición frente al segundo Gobierno de Aznar. Como presidente impulsó una agenda muy marcada por los derechos civiles, la igualdad y la memoria histórica, pero su segunda legislatura quedó fuertemente condicionada por la crisis económica y los ajustes. Tras abandonar la Moncloa, ha orientado su actividad hacia la mediación internacional (especialmente en América Latina), la participación en foros y fundaciones, las conferencias y la reflexión sobre la socialdemocracia, manteniendo una influencia relevante —y polémica— en la vida política española e internacional.

Formación y primeros pasos políticos

José Luis Rodríguez Zapatero nació en Valladolid el 4 de agosto de 1960 y se licenció en Derecho por la Universidad de León. Su formación jurídica y una breve experiencia docente se ven pronto eclipsadas por una dedicación casi exclusiva a la política. Su biografía está marcada por la memoria familiar de la Guerra Civil —especialmente la figura de su abuelo fusilado—, que contribuye a explicar su sensibilidad posterior hacia las políticas de memoria histórica y el antifranquismo.

Se afilia al PSOE en los años de la Transición, a finales de la década de 1970. En esos primeros años desarrolla su actividad en la organización socialista en León y en Castilla y León, con presencia en juventudes, ejecutivas provinciales y órganos internos. No se proyecta como un alcalde o un gran barón territorial, sino como un cuadro de partido y parlamentario de base, más centrado en el trabajo orgánico y legislativo que en el protagonismo mediático.

Diputado y ascenso interno en el PSOE antes de la presidencia

En 1986 es elegido diputado en el Congreso por la circunscripción de León y es reelegido sucesivamente durante los años 80 y 90. En sus primeras legislaturas mantiene un perfil de parlamentario trabajador: participa en comisiones (como las de carácter jurídico o constitucional, según la etapa), interviene en ponencias legislativas y se consolida como especialista en trabajo de despacho, con escasa estridencia pública. Con el paso del tiempo, especialmente tras el declive del felipismo, gana peso dentro del grupo parlamentario y en la estructura del partido.

La derrota del PSOE en 1996 y, sobre todo, el nuevo revés de 2000 frente al PP de José María Aznar abren una crisis interna que acelera la búsqueda de una renovación generacional. En el 35.º Congreso del PSOE (2000), Rodríguez Zapatero se presenta a la Secretaría General frente a dirigentes más veteranos y conocidos. Su candidatura encarna una “nueva vía” socialista: promesas de más democracia interna, ruptura parcial con las inercias del felipismo y un estilo de liderazgo menos presidencialista dentro del partido. Gana la votación por un margen ajustado, pero suficiente para erigirse en secretario general y, de facto, líder de la oposición en la legislatura 2000–2004.

Desde ese momento reorienta el discurso socialista hacia tres grandes ejes: oposición frontal a la participación española en la guerra de Irak, defensa de nuevos derechos civiles (especialmente en materia LGTBI e igualdad de género) y apuesta por un tono parlamentario más sosegado y dialogante, aunque firme frente a la derecha. Esa combinación de regeneración interna y agenda de derechos le convierte en la alternativa al Gobierno del PP antes de su llegada a la Moncloa.

Etapa como presidente del Gobierno (2004–2011)

Su llegada a la presidencia se produce tras las elecciones generales de marzo de 2004, en un contexto marcado por los atentados del 11‑M y por el desgaste del Gobierno de Aznar por la guerra de Irak y la gestión informativa de aquellos hechos. En su primera legislatura (2004–2008) impulsa un paquete de reformas de fuerte contenido social y simbólico: retirada de las tropas de Irak, aprobación del matrimonio igualitario, ampliación de derechos LGTBI, Ley de Memoria Histórica, políticas de igualdad de género y un fuerte protagonismo de España en el discurso internacional sobre derechos humanos y multilateralismo. También afronta una intensa agenda territorial con el nuevo Estatut de Cataluña, que alimenta un debate muy polarizado.

La segunda legislatura (2008–2011) queda dominada por la crisis financiera internacional y la crisis del euro. La prioridad pasa de la expansión de derechos a la gestión de la recesión y del déficit, con medidas de ajuste fiscal y reformas impopulares en materia laboral y de pensiones. Buena parte de la izquierda y de su propio electorado le reprocha un giro hacia políticas de austeridad, mientras que la derecha le responsabiliza de la magnitud del impacto de la crisis en España. Esa tensión deja un legado ambivalente: un presidente asociado a grandes avances en derechos civiles, pero también a una gestión muy discutida de la crisis económica.

Trayectoria posterior: mediación internacional y presencia pública

Tras decidir no volver a presentarse y dejar el Gobierno en 2011, Zapatero mantiene una influencia significativa en el PSOE, pero ya sin cargos orgánicos ejecutivos. Participa en congresos y convenciones, llama recurrentemente a la unidad interna y actúa como referencia doctrinal del socialismo español, respaldando en distintos momentos a direcciones como las de Alfredo Pérez Rubalcaba o Pedro Sánchez. Su palabra sigue teniendo peso simbólico en debates estratégicos del partido.

A la vez, desplaza buena parte de su actividad al ámbito internacional, en especial a América Latina. Destaca su papel en procesos de diálogo político en Venezuela, intentando mediar entre el Gobierno de Nicolás Maduro y sectores de la oposición en distintas rondas auspiciadas por actores regionales o multilaterales. Esa labor le convierte en figura muy controvertida: para algunos es un mediador comprometido con soluciones negociadas; para otros, un interlocutor que contribuye a legitimar a un régimen autoritario. Participa también en foros sobre paz, posconflicto y cooperación euro‑latinoamericana, y colabora con fundaciones y espacios vinculados a la socialdemocracia y los derechos humanos.

En el plano profesional y académico desarrolla una intensa agenda de conferencias en universidades, think tanks y foros económicos, abordando temas como la crisis del modelo social europeo, los retos de la izquierda, las políticas de igualdad o la memoria histórica. Publica libros y textos de reflexión sobre su experiencia en el Gobierno y sobre la evolución de la socialdemocracia. Además, mantiene una presencia constante en medios de comunicación, donde analiza la política española e internacional, defiende su legado en derechos civiles y ofrece su versión de las decisiones adoptadas durante la crisis.

En conjunto, su trayectoria dibuja la figura de un dirigente que pasa de cuadro discreto a líder de partido y presidente, deja una huella profunda en el campo de los derechos y la memoria, y que, ya como expresidente, se reconvierte en mediador internacional y referente doctrinal, manteniendo un alto grado de polarización en la opinión pública.

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