Un equipo de la Sociedad Americana contra el Cáncer y de la Escuela de Salud Pública Rollins de la Universidad Emory (Estados Unidos) ha identificado una serie de alteraciones metabólicas que podrían explicar el vínculo entre la exposición prolongada a la contaminación del aire y el riesgo futuro de desarrollar cáncer de pulmón.
El trabajo, difundido en la revista “Nature Communications”, señala que estos cambios en el metabolismo eran detectables varios años antes de que a los participantes se les diagnosticara cáncer de pulmón, lo que abre la puerta a nuevas líneas de investigación, cribado precoz y estrategias de prevención de la enfermedad.
Aunque la contaminación atmosférica está reconocida como una de las principales causas ambientales del cáncer de pulmón, aún se sabe poco sobre las modificaciones que se producen en el organismo tras esa exposición y que acaban desencadenando efectos perjudiciales para la salud.
Para profundizar en esta cuestión, los científicos estudiaron más de 1.100 metabolitos en muestras de sangre de 1.357 individuos que no presentaban cáncer en el momento de la extracción. De ellos, 671 fueron diagnosticados de cáncer de pulmón entre la toma de la muestra y el año 2015. La mayoría de los participantes eran blancos (96%), exfumadores (59%) y habían estado expuestos al humo de segunda mano durante la infancia (70,5%).
El análisis reveló modificaciones en metabolitos asociados a una mayor exposición crónica a la contaminación del aire. Estas variaciones en la química habitual del organismo estaban relacionadas con procesos de inflamación, estrés oxidativo, desintoxicación y metabolismo energético, todos ellos vinculados a un incremento del riesgo de cáncer de pulmón.
Según los autores, estos cambios biológicos inducidos por la contaminación atmosférica podrían servir de base para el diseño futuro de biomarcadores sanguíneos capaces de identificar a personas con un riesgo más elevado de cáncer de pulmón y reforzar así las políticas de salud pública centradas en la prevención.
Relevancia de los hallazgos
La doctora en epidemiología y científica principal de investigación epidemiológica en la Sociedad Americana del Cáncer, así como coautora principal del trabajo, Ying Wang, recuerda que la contaminación del aire está catalogada como carcinógeno humano y que, en los estudios epidemiológicos, la relación con el cáncer de pulmón suele ser más intensa en quienes nunca han fumado.
“Esto nos indica que algo significativo está ocurriendo a nivel biológico, pero aún no comprendemos los mecanismos. Estudios como este, que analizan los cambios medibles en el organismo años antes de un diagnóstico, son la clave para empezar a comprender esta cuestión”, ha detallado, subrayando la importancia de la investigación.
Por su parte, el profesor asociado de salud ambiental en la Escuela de Salud Pública Rollins y coautor principal del estudio, Donghai Liang, recuerda que, aunque el tabaquismo sigue siendo un factor de riesgo determinante para el cáncer de pulmón, un número relevante de casos aparece en personas que nunca han fumado o que, pese a haber fumado, no cumplen los criterios para someterse a programas de cribado.
“Comprender los factores de riesgo no relacionados con el tabaquismo, como la contaminación del aire, es fundamental para la prevención y la detección temprana del cáncer”, ha resaltado.
En este sentido, ha incidido en que, si futuras investigaciones confirman estos resultados, podría ser posible utilizar estos marcadores metabólicos para localizar a individuos con mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad y valorar si la exposición a la contaminación atmosférica debe incorporarse a las estrategias de prevención y detección precoz.