El jefe de Sección de Reumatología del Hospital Universitari Parc Taulí de Sabadell (Barcelona), el doctor Enrique Casado, junto a otros especialistas, ha advertido de un incremento de diagnósticos de osteoporosis en personas menores de 50 años, un fenómeno que podría estar relacionado con “la mayor sensibilización y el incremento de las pruebas diagnósticas”.
Estas causas, “junto con cambios en los hábitos de vida y una mayor presencia de determinadas enfermedades asociadas a la pérdida de masa ósea, como determinadas enfermedades autoinmunes e inflamatorias, podrían estar detrás del aumento de diagnósticos de osteoporosis precoz observado en los últimos años”, ha indicado durante la reciente celebración en Madrid del “VIII Curso SER de Osteoporosis y Patología Metabólica Ósea”, del que ha sido coordinador.
El encuentro, promovido por la Sociedad Española de Reumatología en colaboración con las compañías farmacéuticas UCB y AMGEN, ha puesto de relieve que la osteoporosis sigue siendo una patología infradiagnosticada e infratratada y que, además, ha dejado de considerarse exclusivamente un problema de personas mayores, aunque continúa siendo especialmente habitual en mujeres tras la menopausia y en población de edad avanzada.
“En personas jóvenes, cuando aparece osteoporosis, hay que buscar especialmente causas secundarias”, como “enfermedades inflamatorias, alteraciones hormonales, trastornos de la nutrición, menopausia precoz o administración de determinados medicamentos, sobre todo los corticoides”, ha señalado Casado. También ha apuntado que “ahora, los jóvenes son más sedentarios, toman menos el sol y, en ocasiones, siguen dietas restrictivas con una ingesta insuficiente de proteínas, calcio y otros nutrientes”, a lo que se suma “el consumo excesivo de bebidas alcohólicas”, que “constituye la causa más frecuente de osteoporosis en los varones en España”.
No obstante, ha recalcado que la carga hereditaria “también tiene un peso importante”, dado que “el antecedente familiar de osteoporosis y, especialmente, de fractura de cadera, constituye uno de los factores de riesgo conocidos de fractura”. Según ha precisado, “la genética explica entre un 60-70 por ciento de la variación de la masa ósea de una persona”, por lo que, ante un paciente joven con fractura tras un traumatismo mínimo, una pérdida marcada de masa ósea o varios factores de riesgo, resulta “fundamental” efectuar una valoración médica “y no asumir que la edad descarta la posibilidad de osteoporosis”.
Durante la reunión se ha recordado que, en España, tres millones de personas conviven con esta enfermedad y que se registran alrededor de 300.000 fracturas por fragilidad al año, con un impacto para el sistema sanitario estimado en 4.000 millones de euros. Además, se ha advertido de que en la próxima década estas cifras podrían dispararse debido al aumento de la esperanza de vida y a los cambios en los hábitos cotidianos.
Avances recientes en la prevención y el tratamiento
En relación con el manejo clínico, la reumatóloga del Hospital de Sant Joan Despí Moisès Broggi de Barcelona y también coordinadora del curso, la doctora Dacia Cerdá, ha destacado que en los últimos meses “se han producido avances relevantes en la prevención y el tratamiento de las fracturas por osteoporosis, con una creciente importancia de la planificación terapéutica a largo plazo, la identificación de pacientes con un riesgo muy elevado de fractura y el establecimiento de objetivos que permitan comprobar la eficacia del tratamiento”.
“Cada vez se da más importancia a individualizar el tratamiento, teniendo en cuenta el riesgo de fractura y las características de cada persona”, ha señalado, subrayando que “en pacientes con un riesgo muy elevado, la evidencia disponible respalda en determinados casos comenzar con medicamentos que estimulan la formación de hueso y continuar, posteriormente, con tratamientos destinados a evitar una nueva pérdida de masa ósea”.
En este contexto, ha resaltado que “otro de los avances destacados es la expansión de las denominadas Unidades de Fractura (FLS, por sus siglas en inglés), cuyo objetivo es identificar a las personas que han sufrido una fractura después de un traumatismo de baja intensidad o una caída, ya que puede tratarse de la primera manifestación de una osteoporosis”. “Estas Unidades permiten valorar la salud ósea y el riesgo de nuevas fracturas, facilitar el acceso al tratamiento más adecuado y mejorar la coordinación entre los diferentes profesionales implicados”, ha indicado.
A continuación, Casado se ha referido al uso cada vez más extendido de los agonistas del receptor GLP-1 para tratar la diabetes y la obesidad, señalando que ello “ha abierto también nuevas líneas de investigación en relación con la salud ósea”. “La relación con el hueso es compleja” ya que, “por un lado, una pérdida importante de peso puede acompañarse de pérdida de masa ósea y, especialmente, de masa muscular, lo que potencialmente podría incrementar el riesgo de caídas y fracturas”. “Por otro lado, algunos estudios sugieren que estos tratamientos podrían tener un efecto beneficioso sobre el hueso, tanto por un posible incremento de la formación de hueso nuevo como por una disminución de la resorción ósea”, ha apuntado.
“Por tanto, se trata de un ámbito que todavía requiere investigación para comprender mejor el efecto global de estos tratamientos sobre el tejido óseo”, ha remarcado. En la misma línea, Cerdá ha concluido indicando que “las nuevas herramientas de imagen y los modelos predictivos basados en inteligencia artificial (IA) están abriendo nuevas posibilidades para estimar de forma más precisa el riesgo individual de fractura”.