El Consejo General de Colegios de Logopedas ha puesto de manifiesto “carencias” y “desigualdades” en la rehabilitación de las personas que han sufrido un ictus, un proceso que incluye el tratamiento de las alteraciones del habla, el lenguaje, la comunicación y la deglución. Ante esta situación, la organización reclama que se asegure la presencia de profesionales de logopedia en la atención a estos pacientes a lo largo de todo el recorrido asistencial.
La portavoz del Consejo General de Colegios de Logopedas, Ana Bistuer, ha realizado este llamamiento con motivo del Día Mundial del Ictus, que se celebra este jueves. “La rehabilitación de la comunicación y de la deglución sigue siendo desigual según la comunidad autónoma y el hospital, pese a los avances del Código Ictus”, ha aseverado.
Por este motivo, ha reiterado la necesidad de integrar la Logopedia “de manera efectiva y coordinada en la atención sanitaria” y de “garantizar” la presencia de logopedas en “las Unidades de Ictus y los equipos de rehabilitación y neurorrehabilitación, así como la continuidad de los tratamientos para mejorar la seguridad, la comunicación y la autonomía de los pacientes”.
En la misma línea, el Consejo General de Colegios de Logopedas reclama dotación suficiente de recursos profesionales y la implantación de protocolos claros de evaluación, derivación y seguimiento entre hospitales, atención primaria, domicilios y centros sociosanitarios, con el fin de asegurar una atención homogénea y continuada.
Bistuer ha explicado que el ictus “puede dañar las redes cerebrales responsables del lenguaje, el habla, la voz y la deglución”. Ha remarcado, además, “la importancia de intervenir tempranamente cuando el estado clínico lo permita”, si bien ha matizado que las mejorías pueden aparecer “incluso en la fase crónica”.
En este sentido, ha indicado que la recuperación “depende de la gravedad, localizacion y extensión de la lesión, las secuelas, el estado premórbido, la oportunidad de rehabilitación, la continuidad terapéutica y el apoyo del entorno”.
Asimismo, ha recalcado que “no debe establecerse un alta únicamente por el tiempo transcurrido, sino en función de la evolución, los objetivos y las necesidades de apoyo”, insistiendo en que la duración de la intervención logopédica debe adaptarse a cada caso.
Consecuencias del ictus en la comunicación y la deglución
Entre las secuelas más frecuentes del ictus, Bistuer ha mencionado la afasia, “que afecta aproximadamente a un tercio de los pacientes y puede dificultar hablar, comprender, leer, escribir e incluso calcular”.
Ha detallado que este trastorno de la capacidad de comunicarse no se manifiesta igual en todas las personas. Mientras “algunas personas hablan con esfuerzo y frases entrecortadas”, “otras utilizan palabras equivocadas o tienen dificultades para comprender, aunque pueden conservar sus conocimientos, preferencias y capacidad de decisión”.
También ha diferenciado la disartria, “que altera la ejecución motora del habla y puede afectar a la articulación, la voz y el ritmo, de la apraxia del habla, que dificulta planificar los movimientos necesarios para pronunciar, aunque los músculos funcionen”.
Según ha indicado, ambas alteraciones “pueden coexistir y requieren tratamientos individualizados, desde ejercicios de respiración y articulación hasta prácticas estructuradas con apoyos visuales y rítmicos”, adaptando la intervención a las necesidades concretas de cada paciente.
En este contexto, ha aconsejado a las familias y al entorno cercano del afectado “hablar claramente, permitir tiempo para responder, utilizar apoyos y evitar infantilizar el lenguaje dirigido al paciente”. Igualmente, ha pedido más formación específica para cuidadores, mejoras en la accesibilidad comunicativa y el respaldo de asociaciones y grupos de conversación.
Por otro lado, ha subrayado que la disfagia, o dificultad para tragar, “requiere atención especialmente precoz”. Según ha precisado, “afecta a entre el 37 y el 78 por ciento de las personas en fase aguda, dependiendo del método de evaluación, y puede provocar atragantamientos, desnutrición, deshidratación y complicaciones respiratorias”.
A su juicio, es imprescindible realizar un cribado antes de la primera ingesta oral y asegurar una valoración especializada cuando exista sospecha de riesgo. En esta línea, ha explicado que “la intervención contempla la modificación de texturas, líquidos, posturas e higiene bucal. El uso de espesantes o la retirada de una vía alternativa de alimentación deben decidirse según la evaluación y la evolución”.
Por último, Bistuer ha recordado que “ante dificultades repentinas para hablar o comprender, desviación de la boca o pérdida de fuerza repentina debe llamarse al 112”, y ha recomendado “acudir a un logopeda colegiado ante la presencia de secuelas de comunicación, lenguaje, habla, voz o deglución”, subrayando la importancia de una atención especializada y continuada tras el ictus.