La integrante de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF) y especialista en Medicina Física y Rehabilitación del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, Irene de Torres García, ha alertado de que aproximadamente una de cada tres personas que padece un ictus desarrolla afasia, un trastorno del lenguaje que puede deteriorar de forma brusca la capacidad de comunicación.
En España se registran cada año entre 110.000 y 120.000 ictus, por lo que se calcula que los nuevos diagnósticos de afasia se sitúan en torno a 40.000 anuales, mientras que unas 350.000 personas viven con esta alteración del lenguaje en el país. Así lo ha explicado con motivo del Día del Daño Cerebral Adquirido, que se celebra el próximo lunes.
“El daño cerebral adquirido (DCA) es una lesión cerebral que aparece de forma sobrevenida, adquirida, en personas sanas a lo largo de la vida y que puede dejar distintas secuelas físicas, cognitivas, emocionales o relacionadas con la comunicación”, ha detallado.
Ha señalado que, aunque el ictus constituye la “causa más frecuente” de afasia, este problema también puede originarse tras traumatismos craneoencefálicos, tumores, infecciones, hemorragias u otras lesiones cerebrales. “Además, puede coexistir con otras secuelas del DCA, como alteraciones de la movilidad de medio cuerpo, de la marcha o de la mano dominante”, ha indicado.
Evitar el aislamiento social de los pacientes
La afasia, según ha explicado la especialista, “se asocia con más discapacidad, peor desempeño en las actividades de la vida diaria, peor calidad de vida, mayor utilización de rehabilitación y menor retorno al hogar o al trabajo”. Ha recalcado además el fuerte “aislamiento” que describen muchas personas afectadas.
Ha remarcado que la alteración del lenguaje no implica necesariamente un deterioro del intelecto. “Algunas personas pueden presentar también trastorno neurocognitivo, con afectación de la memoria, atención, resolución de problemas o velocidad de procesamiento”, ha comentado, para insistir en que “no debe darse por hecho que quien no puede expresarse tampoco comprende”.
En este contexto, ha subrayado que los apoyos adecuados pueden “vencer la barrera comunicativa” y ha defendido la necesidad de facilitar el intercambio dando tiempo, ofreciendo pistas lingüísticas o recurriendo a apoyos visuales. “Involucra a la persona, dirígete a ella, encuentra la manera, porque los pacientes reivindican que ellos están y no quieren ser sustituidos”, ha subrayado, pidiendo a familiares, profesionales y al conjunto de la sociedad que eviten gritos, prisas, estigmas e infantilización.
Rehabilitación prolongada y abordaje multidisciplinar
En relación con la recuperación, la portavoz de la SERMEF ha afirmado que “no finaliza necesariamente durante el primer año”, coincidiendo con la experiencia de los pacientes y con la evidencia científica, que indica que “la recuperación inducida por tratamiento puede continuar en fases crónicas, aunque sea más lenta, porque el cerebro adulto mantiene capacidad de aprendizaje, reorganización y neuroplasticidad”.
Ha precisado que los trabajos más recientes recomiendan terapias de logopedia “intensivas y prolongadas”, adaptadas a cada caso. También ha señalado la relevancia de la fisioterapia y de la terapia ocupacional, por lo que ha defendido un enfoque rehabilitador claramente “multidisciplinar”.
“Y la terapia no acaba en la sesión. Hay que buscar múltiples intentos de comunicación a lo largo del día. Como al aprender un idioma, la práctica continuada favorece el avance”, ha añadido.
Asimismo, ha puesto en valor el papel de las herramientas digitales como apoyo en la rehabilitación. “Precisamente la telerehabilitación puede ser una manera de hacer más asequible un tratamiento intensivo y prolongado en el tiempo que puede proyectarse en la fase crónica”, ha señalado.