El meteorito rosa del Sáhara: cómo saben los científicos que llegó de Marte

La roca Teghaza 001, hallada en Mali en 2022, conserva minerales e isótopos que permiten identificar su origen y reconstruir parte de su historia. Se formó hace más de 4.100 millones de años y fue alterada por agua marciana en una etapa posterior, hace unos 4.100 millones de años.

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Una roca de color rosado encontrada en el desierto del Sáhara ha resultado ser una pieza excepcional para estudiar la historia geológica de Marte. Bautizada como Teghaza 001, por la zona salina de Mali donde apareció en 2022, esta muestra de unos 800 gramos es uno de los meteoritos marcianos más antiguos recuperados hasta ahora en la Tierra.

Su origen no se ha establecido por su aspecto ni por una simple comparación visual. Los investigadores han analizado su composición química, sus isótopos de oxígeno y los minerales que contiene para demostrar que procede del planeta rojo. Los resultados, publicados en la revista Science el 29 de octubre, sitúan su formación hace más de 4.100 millones de años y ofrecen indicios de que el agua interactuó con la roca durante las primeras etapas de la historia de Marte.

La huella química que delata su origen marciano

La primera pista para identificar Teghaza 001 llegó del análisis de sus isótopos de oxígeno. Estos átomos tienen distintas versiones, llamadas isótopos, que presentan proporciones características según el cuerpo planetario del que proceden. Por eso, su composición funciona como una especie de huella geoquímica.

Los investigadores de la Universidad de Nuevo México compararon los valores del meteorito con los de otras rocas marcianas ya identificadas. La coincidencia permitió establecer que la muestra procedía de Marte y clasificarla inicialmente dentro de un grupo de meteoritos conocido como shergottitas.

La identificación se reforzó después con el estudio de su composición mineral y química. Los científicos comprobaron que sus características encajaban con materiales observados en la superficie marciana por las misiones de exploración de la NASA, entre ellas las de los orbitadores y los vehículos que han estudiado el planeta.

Los minerales permiten reconstruir su edad

Una vez confirmado su origen, el siguiente reto era conocer la historia de la roca. Teghaza 001 contiene una combinación poco habitual de minerales ígneos, es decir, formados a partir del enfriamiento de material fundido. Entre ellos hay feldespatos y piroxenos, además de cristales de circón, especialmente útiles para reconstruir procesos geológicos.

Los circones pueden conservar información sobre las condiciones y el momento en que se formó una roca. En este caso, los investigadores emplearon una técnica de datación in situ basada en rubidio y estroncio, que permite analizar granos minerales individuales sin tener que disolver toda la muestra.

El método permitió trabajar con una cantidad muy pequeña de material y distinguir diferentes momentos de su historia. Los resultados indican que Teghaza 001 se formó hace más de 4.100 millones de años, cuando la corteza marciana todavía estaba en una fase muy temprana de su evolución.

La datación también permitió identificar una alteración posterior relacionada con el agua. Este matiz es importante: la roca no se formó hace 4.100 millones de años por efecto del agua, sino que ya existía cuando experimentó esa interacción.

La señal del agua: una alteración de hace unos 4.100 millones de años

Uno de los hallazgos más relevantes es que algunos minerales de Teghaza 001 muestran señales de haber reaccionado con fluidos. La composición de los isótopos de oxígeno y la presencia de minerales alterados apuntan a que el agua circuló por la corteza marciana y modificó la roca.

La datación sitúa esa alteración hace aproximadamente 4.100 millones de años, mientras que la formación original del meteorito tuvo que producirse antes. La diferencia entre ambos momentos permite reconstruir una secuencia geológica: primero se formó la roca a partir del enfriamiento del magma y después entró en contacto con agua en el subsuelo de Marte.

Una investigación complementaria publicada en junio en Science Advances analizó también el contenido de agua del meteorito y sus isótopos de hidrógeno. Este tipo de mediciones ayuda a estudiar el origen y la evolución del agua marciana, así como los intercambios que pudieron producirse entre el interior del planeta, su corteza y su atmósfera.

La muestra ofrece así información sobre un Marte primitivo con una actividad geológica e hídrica más compleja de lo que su aspecto actual, frío y árido, podría sugerir.

Cómo salió de Marte y terminó en el Sáhara

Teghaza 001 no llegó a la Tierra por un proceso volcánico ni por una trayectoria conocida al detalle. Como ocurre con otros meteoritos marcianos, la explicación más probable es que un gran impacto contra la superficie del planeta expulsara fragmentos de roca al espacio.

Una vez fuera de Marte, el material quedó en una trayectoria que terminó llevándolo hasta la Tierra. La NASA explica que los meteoritos procedentes del planeta rojo comparten esta historia general: un impacto los expulsa de su superficie y, tras viajar por el espacio, algunos acaban atravesando la atmósfera terrestre y alcanzando el suelo.

Lo que no se conoce con precisión es el lugar exacto de Marte del que salió Teghaza 001 ni cuándo cayó en la Tierra. La comparación de su mineralogía y composición química con las observaciones de la sonda Mars Reconnaissance Orbiter ha permitido identificar 13 zonas posibles en las tierras altas del hemisferio sur marciano, pero no determinar un punto de origen definitivo.

El hallazgo en el Sáhara se produjo en 2022, en una región donde las condiciones del terreno facilitan localizar meteoritos que destacan sobre el paisaje. Su nombre procede de la llanura salina de Teghaza, en Mali, donde fue recuperado.

Una prueba de agua antigua, no de vida

La importancia de Teghaza 001 está en que conserva información directa sobre la corteza de Marte en una etapa muy temprana de su historia. Sus minerales permiten estudiar cómo se formaron las primeras rocas y cómo interactuaron después con el agua.

La presencia de agua líquida en el pasado es relevante para investigar si Marte pudo reunir condiciones habitables. Sin embargo, encontrar señales de agua no equivale a encontrar señales de vida. El meteorito no contiene una prueba de que existieran organismos en el planeta rojo: aporta datos sobre su entorno geológico y sobre las condiciones que pudieron darse hace miles de millones de años.

Por ahora, los investigadores consideran que el análisis de Teghaza 001 apenas ha comenzado. Su composición poco común y la antigüedad de sus minerales convierten esta roca recuperada en el Sáhara en una oportunidad para estudiar una parte de la historia marciana que hasta ahora estaba poco representada entre los meteoritos disponibles en la Tierra.