La tragedia ferroviaria de Urda (Toledo), que ha dejado al menos 68 fallecidos, ha transformado este miércoles la estación madrileña de Puerta de Atocha Almudena Grandes en un lugar de incertidumbre para los viajeros que tenían previsto desplazarse hacia Andalucía y de angustia para los familiares que trataban de localizar a los pasajeros de los trenes accidentados. Las cancelaciones han obligado a decenas de personas a buscar alternativas de transporte, mientras el miedo a volver a viajar en tren se mezclaba con las dificultades para encontrar una forma de llegar a sus destinos.
Desde primera hora de la mañana, los mostradores de Renfe han concentrado a pasajeros cargados con maletas y mochilas que esperaban información sobre sus desplazamientos. A las 11.00 horas, las colas reunían ya a decenas de afectados, muchos de los cuales habían conocido el accidente a través de las redes sociales antes de recibir la comunicación de la compañía ferroviaria.
"Es una desgracia, ha habido muchos fallecidos, me da miedo hasta ver las imágenes", relataba Rafaela a Europa Press. La viajera, cuyo tren había sido cancelado, explicaba que recibió posteriormente un mensaje de texto en el que se le notificaba la suspensión del servicio. Su preocupación iba más allá de los problemas para completar el viaje. "Estamos indefensos, no tenemos seguridad. Es una pena que los ciudadanos tengamos que viajar de esta manera", lamentaba.
"Yo ya no me subo en el tren para nada"
La desconfianza hacia el transporte ferroviario se repetía entre algunos de los pasajeros afectados por las cancelaciones. María Teresa había acudido a Atocha junto a su marido para viajar a Sevilla, donde tenían previsto celebrar sus 59 años de casados, pero el accidente alteró sus planes y dejó paso a la preocupación por la seguridad.
"Yo ya no me subo en el tren para nada", afirmaba la mujer, visiblemente conmocionada. Su marido recordaba un viaje realizado el año anterior a Galicia durante el que, según su testimonio, el convoy había sufrido movimientos bruscos. "Las vías están de pena", aseguraba.
También Jose, un joven procedente de Lérida que tenía previsto continuar hacia Andalucía, reconocía que el accidente había cambiado su percepción sobre los desplazamientos ferroviarios. "Siento decepción, que pase dos veces en un año y en la misma vía", explicaba, antes de admitir que se estaba replanteando volver a utilizar el tren.
"Vas con la idea de estar poniendo en riesgo tu vida", añadía el viajero, que finalmente optó por buscar un vehículo de alquiler para completar el trayecto.
Dos salas para familiares y un dispositivo de atención psicológica
Mientras los pasajeros afectados por las cancelaciones trataban de reorganizar sus viajes, familiares y personas cercanas a los ocupantes de los trenes siniestrados acudían a Atocha para solicitar información sobre su situación.
Entre ellos se encontraban dos responsables de Recursos Humanos de una empresa que buscaban noticias de un compañero que viajaba en el AVE accidentado. El trabajador se dirigía a Sevilla por motivos profesionales y, pese a los intentos de contactar con él, sus compañeros todavía no habían conseguido localizarlo hacia las 11.00 horas.
La estación ha habilitado dos salas destinadas a los familiares de las víctimas, a las que se han desplazado equipos de psicólogos para prestar asistencia. El dispositivo ha contado también con la presencia de trabajadores ferroviarios, agentes policiales, efectivos del Samur, Samur Social y Cruz Roja.
La llegada de familiares en busca de información ha coincidido con la presencia de viajeros que aguardaban noticias sobre sus trenes o intentaban encontrar otros medios de transporte para abandonar Madrid.
De 60 a 160 euros por un coche de alquiler en cuestión de minutos
La interrupción de las conexiones ferroviarias con Andalucía ha provocado que numerosos pasajeros recurran a coches de alquiler, autobuses, taxis y vehículos de transporte con conductor para intentar llegar a sus destinos.
Jesús, capitán de barco, había llegado desde Barcelona y tenía previsto continuar en tren hasta Jerez de la Frontera. Al conocer la cancelación, decidió alquilar un vehículo por 60 euros, aunque otros viajeros que buscaron la misma alternativa poco después encontraron precios considerablemente superiores.
Fue el caso de Jose, que había viajado desde Lérida y terminó pagando 160 euros por un coche de alquiler. Ambos acabaron compartiendo una furgoneta con Carmen, María y Paqui, otras tres pasajeras procedentes de Barcelona, con la intención de llegar a Jerez durante la noche.
Las dificultades para encontrar transporte también afectaron a Cristian, un ciudadano residente en Estados Unidos que viajaba con su hermana y tenía billetes para un AVE previsto a las 15.30 horas. Tras la cancelación, ambos intentaron alquilar un coche, pero no pudieron hacerlo por las condiciones relativas al permiso de conducir.
"Uber es la única alternativa que hemos encontrado hasta ahora", explicaba el viajero, que calculaba un coste aproximado de 120 euros por persona para completar el desplazamiento.
Taxis de hasta 600 euros para llegar a Andalucía
Los precios de las alternativas de transporte se han convertido en otra de las preocupaciones de los viajeros afectados. Fernando, Jose y varios amigos que se desplazaban desde Lérida hasta Málaga consiguieron alquilar un coche por unos 250 euros, aunque tuvieron que esperar a que el vehículo estuviera disponible.
Pese a las dificultades, algunos pasajeros relativizaban los contratiempos ante la gravedad del accidente. "No tiene sentido ahora quejarse de que no me den un coche. Lo darán cuando me toque. La desgracia es el accidente", explicaba uno de los viajeros.
La demanda también se ha trasladado a la parada de taxis de Atocha, donde un conductor relataba que varios compañeros habían recibido solicitudes para realizar trayectos hasta Andalucía. Según sus estimaciones, un desplazamiento en taxi hacia el sur puede alcanzar los 600 euros.
El mismo profesional explicaba que durante la mañana había realizado numerosos servicios hasta la Estación Sur de Autobuses, otra de las opciones utilizadas por los pasajeros para intentar continuar sus viajes.
El accidente agrava la preocupación por la seguridad ferroviaria
Más allá de las cancelaciones, los testimonios recogidos en Atocha reflejan la inquietud de algunos viajeros habituales por las incidencias que aseguran haber experimentado en los últimos años.
Jesús, que utiliza el tren con frecuencia, recordaba retrasos y problemas registrados en la línea durante los últimos tres años, especialmente en los meses recientes. Entre los episodios que relataba figuraba un incidente en el que, según su testimonio, un vagón próximo al suyo comenzó a arder.
Las experiencias personales y la conmoción por el accidente han alimentado la desconfianza de algunos pasajeros, aunque sus declaraciones reflejan percepciones individuales y no permiten establecer conclusiones sobre el estado general de la infraestructura.
La jornada ha dejado así dos realidades simultáneas en Atocha, la de quienes esperaban noticias de familiares o compañeros que viajaban en los trenes accidentados y la de los pasajeros que trataban de reorganizar sus desplazamientos, en una estación donde las cancelaciones, la incertidumbre y el duelo han condicionado toda la actividad.