La existencia de residuos de productos fitosanitarios (los medicamentos de las plantas) en los productos agrícolas son una de las principales preocupaciones que los ciudadanos europeos señalan en los sucesivos Eurobarómetros de la Unión Europea. Por ello, pese a que los controles sobre los Límites Máximos de Residuos (LMR) demuestran que no se sobrepasan y los alimentos son seguros, hace décadas que las autoridades comunitarias reducen las materias activas que combaten plagas, enfermedades y malas hierbas en los campos. Una medida controvertida ya que, en un mercado global como el agroalimentario, dichas prohibiciones garantizan la calidad, pero condicionan la competitividad del agricultor europeo.
CropLife es la organización internacional que agrupa a las principales multinacionales de fitosanitarios y con la que está vinculados organizaciones como la Asociación Española para la Protección de la Plantas AEPLA. Demócrata ha conversado con el director de CropLife Europe, el portugués Olivier de Santos, sobre diferentes aspectos que se están negociando actualmente en el Ónmibus sobre Seguridad Alimentaria y Piensos, como permitir el uso de drones para la aplicación de fitosanitarios o las Nuevas Técnicas Genómicas que permitirán mejorar la productividad de los cultivos gracias a la edición genética.
PREGUNTA. Hace décadas que Europa viene reduciendo el número de materias activas que se pueden utilizar para luchar contra las enfermedades de los cultivos, de manera que, por ejemplo, en Estados Unidos pueden usar el doble que nosotros. ¿Cuál es la situación en la Unión Europea?
RESPUESTA. Es un debate complejo que no se puede reducir a una simple comparación entre Europa y otras regiones. La realidad es más compleja. Nuestra competitividad depende del acceso a la innovación y a la rapidez con la que una nueva solución llega al mercado. Y en los últimos seis años y medio en Europa se han prohibido 89 sustancias y solo ha llegado una nueva. Esta es la diferencia entre las materias activas que se quitan y las nuevas que se autorizan.
P. Y esta situación ¿cómo afecta a la competitividad del campo europeo frente al de otras zonas del mundo?
R. Los agricultores europeos están entre los más productivos y sostenibles del mundo, pero cada vez trabajan con más presión. El famoso Omnibus Food and Safety, el de Seguridad Alimentaria y Piensos, es una oportunidad para mejorar la disponibilidad de los productos fitosanitarios y ampliar nuevas y eficaces herramientas para los agricultores. El objetivo final es sencillo: un sistema ágil, que no rebaje los estándares de seguridad alimentaria de los consumidores europeos, pero sostenible y competitivo, lo que, en nuestra opinión, no es contradictorio, sino que va de la mano.
"La agricultura del futuro contará con una combinación de soluciones: productos sintéticos, biológicos, agricultura de precisión, herramientas digitales o mejora genética".
Homogeneidad entre estados miembro
P. En las últimos años están proliferando la lucha biológica y los tratamientos biológicos. ¿Llegarán a sustituir a los químicos sintéticos o estos últimos siempre serán necesarios?
R. No es un debate de plantear una elección entre unos productos u otros. La agricultura del futuro contará con una combinación de soluciones: productos sintéticos, biológicos, agricultura de precisión, herramientas digitales o mejora genética. Todo esto conforma la caja de herramientas o "toolbox" para el campo. Nuestro objetivo es que los agricultores dispongan de una caja de herramientas lo más amplia posible, porque la agricultura necesita más soluciones e innovaciones, no menos opciones.
P. Otra cuestión es la falta de homogeneidad de las sustancias permitidas en los diferentes estados de la Unión Europea. Aunque la Comisión Europea da luz verde a determinados productos, luego hay países que los prohíben y se dan casos de agricultores españoles que viajan a otros estados vecinos para adquirirlos. ¿Cómo se puede trabajar en esa homogeneidad?
R. En los debates del Ómnibus se están estudiando propuestas para corregir esta fragmentación. El Parlamento Europeo ha debatido la idea de avanzar hacia una única zona de autorización para productos fitosanitarios, pero la propuesta sigue en discusión. El Ómnibus es una oportunidad importante para simplificar y dar más opciones a los agricultores.
"El debate de la simplificación se complica cuando se cruza con la innovación, el comercio y la competitividad"
P. ¿Cuál es el punto más complicado en la negociación de esta normativa y que esperan de la actual Presidencia irlandesa al frente de la UE?
R. El debate de la simplificación se complica cuando se cruza con la innovación, el comercio y la competitividad. Hay un amplio consenso en simplificar el marco regulatorio, pero las diferencias surgen en cómo hacerlo y en qué efectos no deseados hay que evitar. Los asuntos especialmente sensibles son los LMR (Límites Máximos de Residuos) y la protección de datos. El Ómnibus enviará una señal muy clara de cómo Europa entiende la competitividad, la innovación y la agricultura del futuro.

Uso de drones y NTGs
P. Dicho Ónmibus también trata el uso de drones para la aplicación de fitosanitarios, una práctica que está prohibida, porque Europa no permite el uso de aviones para aplicar estos productos, pero que en el campo se está haciendo, de forma furtiva. ¿Qué opinan desde CropLife?
R. Los drones son una herramienta importante para la agricultura de precisión porque permite usos más precisos, en zonas difíciles como terrenos en pendiente o humedales, ayudan a utilizar mejor los recursos,... El problema es que la regulación europea es más lenta que la tecnología. El Ómnibus propone una vía específica para ciertas aplicaciones con drones, pero hasta que se desarrolle, necesitamos un marco transitorio que dé seguridad a agricultores, operadores y autoridades nacionales. Ese marco debería incluir tres puntos: que los estados miembro puedan conceder derogaciones para este uso de los drones, tener datos claros para evaluar los riesgos y establecer medidas transitorias que permitan un uso seguro y coherente de los drones en la aplicación de fitosanitarios hasta que el nuevo marco europeo esté plenamente operativo.
"Comunicar sobre la agricultura exigen traducir cuestiones técnicas y complejas en asuntos como alimentación, precio, sostenibilidad o seguridad alimentaria"
P. El pasado mes de junio el Parlamento Europeo aprobó las Nuevas Técnicas Genómicas, (NTGs) que abren una ventana al uso de la edición genética para obtener cultivos más resilientes. Esta nueva herramienta ¿qué puede suponer para mejorar la sanidad de los cultivos?
R. Las NTGs es una herramienta importante de la caja de herramientas o toolbox para los agricultores. En junio se alcanzó un hito político relevante, pero tenemos mucho trabajo regulatorio de aplicación. El debate está pasando del acuerdo político a la aplicación práctica, ahora toca hablar de los detalles y de cómo conseguir que sea algo realmente útil para los agricultores.
P. Entonces, ¿tienen bastante camino por delante?
R. Más o menos dos años para contar con algo más concreto.
Comunicación agro y sociedad
P. Antes de dirigir CropLife Europe usted trabajó en Burson, una agencia internacional de relaciones públicas, comunicación estratégica y reputación. ¿Qué peculiaridad tiene el campo a la hora de relacionarse con la sociedad?
R. Pocos sectores son tan visibles y tan poco comprendidos como la agricultura. Es un sector que está en el cruce de caminos de muchos asuntos: alimentación, clima, salud, comercio, desarrollo rural. Por eso, el debate público no se mueve solo en función de los datos o la ciencia, cuenta mucho los valores, la percepción y la emoción. Comunicar sobre la agricultura exigen traducir cuestiones técnicas y complejas en asuntos como alimentación, precio, sostenibilidad o seguridad alimentaria. Por eso es tan interesante y motivador trabajar para este sector.