Compartir vivienda con varios familiares era una realidad mucho más frecuente hace apenas unas décadas. Los hogares españoles formados por padres, hijos, abuelos u otros parientes tenían una presencia mayor que en la actualidad. Sin embargo, la forma en la que viven los españoles ha cambiado de manera profunda durante los últimos treinta años. Hoy existen más hogares que nunca, pero en ellos conviven menos personas.
El estudio Hogares en transformación en España y Portugal, impulsado por el Observatorio Social de la Fundación “la Caixa” en colaboración con el Centro de Estudios Demográficos, analiza cómo ha evolucionado la convivencia en estos países. La investigación, que parte de los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), señala que el aumento de las personas que viven solas, la reducción de los hogares extensos y el menor tamaño de las familias nucleares han transformado de manera significativa las estructuras de convivencia.
Más hogares y menos personas por vivienda
Durante las últimas tres décadas, el tamaño medio de los hogares se ha reducido de forma constante. En España, la media pasó de 3,3 personas por hogar en 1991 a 2,4 en 2022. En Portugal, la evolución fue similar, al descender de 3,1 a 2,5 personas.
Según el estudio, esta reducción ha contribuido a acercar ambos países a los niveles observados en otros Estados occidentales. Al mismo tiempo, se ha producido una transformación importante en la composición de los hogares.

Los hogares unipersonales han experimentado un fuerte crecimiento. En España aumentaron un 81% respecto a 1991, mientras que en Portugal lo hicieron un 53%. En sentido contrario, los hogares formados por cinco personas o más se redujeron un 73% en España y un 70% en Portugal.
Los investigadores destacan que el aumento de los hogares no se explica únicamente por el crecimiento demográfico. De hecho, la reducción del tamaño medio de las viviendas familiares fue el principal factor detrás del incremento del número total de hogares. Entre 1991 y 2022, España pasó a contabilizar 19,75 millones de hogares, un 67,7% más que al inicio del periodo analizado.
Una vida cada vez menos compartida
El estudio también aborda los cambios desde una perspectiva individual, analizando cómo evolucionan las formas de convivencia a lo largo de la vida.
Los resultados muestran que las personas pasan más tiempo viviendo solas que hace tres décadas. Entre 1991 y 2022, el promedio de años vividos en solitario prácticamente se duplicó en España, pasando de 3,8 a 7,5 años. En Portugal, la cifra aumentó de 4,2 a 5,8 años.
El análisis del estudio impulsado por el Observatorio Social de la Fundación “la Caixa” también detecta un incremento de los hogares monoparentales durante la infancia y una reducción del tiempo vivido en estructuras familiares extensas. En conjunto, las trayectorias vitales muestran una menor convivencia con familiares y una presencia creciente de periodos de vida en solitario.
Cambios en la familia y diferencias entre hombres y mujeres
Las estructuras de convivencia son similares entre hombres y mujeres durante la infancia y la juventud, pero las diferencias aparecen a medida que avanza el ciclo vital. El estudio señala que las mujeres suelen iniciar antes la convivencia en pareja y la maternidad. Además, tras las rupturas de pareja es más habitual que continúen viviendo con los hijos.

Las diferencias se acentúan especialmente en edades avanzadas: hay más mujeres que viven solas durante la vejez, una situación vinculada al hecho de que las mujeres viven más años que sus maridos. Por otro lado, todas las modalidades de convivencia en familia extensa han perdido peso con el paso del tiempo. Frente a ello, aumentan los años vividos únicamente con la pareja y los periodos de residencia en solitario.
España y Portugal convergen en sus modelos de convivencia
Pese a las diferencias demográficas entre ambos países, el estudio concluye que España y Portugal presentan modelos residenciales muy similares. Ambos comparten una emancipación juvenil tardía, un predominio de la familia nuclear durante las edades centrales de la vida y una vejez marcada por la convivencia en pareja o por la vida en solitario.
Los investigadores consideran que las diferencias entre ambos países son reducidas y apuntan a que la evolución observada durante las últimas décadas ha seguido patrones muy parecidos a ambos lados de la frontera.
La investigación refleja así una transformación profunda de los hogares españoles y portugueses, y de las formas de convivencia. Los españoles viven hoy en hogares más pequeños, pasan más años solos y comparten menos tiempo con familiares que hace tres décadas, dibujando un escenario muy diferente al que predominaba a comienzos de los años noventa.