Intel se desploma casi un 30% en Bolsa y pierde 130.000 millones de dólares tras decepcionar con sus previsiones

El fabricante estadounidense de semiconductores se encamina a su mayor caída bursátil histórica después de anunciar unas ventas inferiores a las esperadas para el cuarto trimestre

Logo de Intel en sus oficinas centrales en Santa Clara (California, Estados Unidos). Andrej Sokolow/dpa

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Las acciones de Intel se desploman cerca de un 29% este viernes en Wall Street, después de que el fabricante estadounidense de semiconductores presentara unas previsiones de ingresos para el último trimestre del año considerablemente inferiores a las esperadas por los analistas. La caída, que supone una pérdida de aproximadamente 130.000 millones de dólares de capitalización bursátil, amenaza con convertirse en la mayor registrada por la compañía en una sola sesión.

El castigo de los inversores llega pese a que Intel ha conseguido mejorar sus resultados durante el tercer trimestre, impulsada por la demanda de procesadores para centros de datos y el crecimiento de su negocio de fabricación de chips. Sin embargo, la compañía ha advertido de un deterioro de las ventas de ordenadores personales, mayores necesidades de inversión y dificultades para generar efectivo durante los próximos ejercicios.

La magnitud del retroceso supera, de mantenerse hasta el cierre, el desplome del 26% registrado el 2 de agosto de 2024, cuando Intel anunció pérdidas relacionadas con su división de fabricación y un ajuste de plantilla de 15.000 trabajadores. La reacción bursátil también está afectando a otros fabricantes de semiconductores, entre ellos Nvidia, AMD, Broadcom y Micron Technology.

Intel prevé ingresar hasta 2.000 millones menos de lo esperado

El principal motivo de la caída se encuentra en las previsiones de negocio para el cuarto trimestre de 2026. Intel calcula que facturará entre 15.000 y 16.000 millones de dólares, frente a los aproximadamente 17.000 millones que anticipaba el consenso de analistas.

La diferencia refleja una desaceleración más intensa de lo previsto en el mercado de ordenadores personales, uno de los negocios tradicionales del fabricante. Las ventas de estos equipos están acusando tanto el encarecimiento de los dispositivos como la comparación con el ejercicio anterior, cuando el final del soporte de Windows 10 impulsó la renovación de ordenadores en numerosas empresas.

A esta situación se añade el impacto de una explosión mortal registrada recientemente en una planta de Intel en Israel, un incidente ajeno al conflicto bélico que, según las estimaciones recogidas en la información financiera publicada este viernes, podría reducir los ingresos del cuarto trimestre en unos 300 millones de dólares debido a las limitaciones de producción.

Los inversores también han reaccionado negativamente a las perspectivas de gasto. La compañía prevé incrementar de forma considerable sus inversiones de capital durante 2027 y ha advertido de que no espera generar un flujo de caja positivo ese año, lo que prolonga las incertidumbres sobre la recuperación financiera del grupo.

Los resultados del tercer trimestre no bastan para convencer al mercado

La caída bursátil contrasta con las cifras publicadas por Intel correspondientes al tercer trimestre, que reflejan una mejora de los ingresos y de los beneficios ajustados.

La compañía registró una facturación de 16.500 millones de dólares, un 21% más que un año antes, en línea con las previsiones del mercado. El beneficio ajustado por acción alcanzó los 0,52 dólares, por encima de los 0,41 dólares que esperaban los analistas.

Sin embargo, el comportamiento de sus diferentes áreas de negocio fue desigual. La división de productos, que agrupa los procesadores destinados a ordenadores personales y centros de datos, ingresó 15.400 millones de dólares, ligeramente por debajo de los 15.500 millones previstos.

Dentro de este segmento, las ventas de chips para ordenadores personales alcanzaron 8.100 millones de dólares, frente a los 8.800 millones estimados. La debilidad quedó parcialmente compensada por el negocio de centros de datos, que superó los 7.300 millones de dólares de ingresos, frente a los 6.600 millones esperados.

El crecimiento de esta última actividad responde, en parte, a la expansión de las infraestructuras de inteligencia artificial, que requieren procesadores centrales para gestionar las operaciones de los servidores y complementar el funcionamiento de los aceleradores especializados.

La fabricación de chips crece un 58% y atrae el interés de Google y Nvidia

Uno de los datos más favorables de los resultados trimestrales procede de Intel Foundry, la división con la que la compañía busca ampliar su actividad como fabricante de semiconductores para terceros y competir en un mercado dominado por grandes productores asiáticos.

Este negocio registró 6.700 millones de dólares de ingresos, un 58% más en términos interanuales, superando los 6.100 millones previstos por Wall Street. El avance supone un respaldo a la estrategia de Intel para recuperar capacidad industrial y atraer nuevos clientes, aunque todavía deberá demostrar que puede convertir el crecimiento de la actividad en una rentabilidad sostenida.

Según publicó The Information, Google ha encargado a Intel la fabricación de tres millones de unidades de procesamiento tensorial (TPU) personalizadas, utilizadas en aplicaciones de inteligencia artificial. Nvidia también estaría negociando con la compañía posibles acuerdos de producción.

Por otra parte, Reuters ha informado de conversaciones entre Intel y el fabricante surcoreano SK Hynix sobre una operación que podría incluir el alquiler de espacio industrial en la planta que la tecnológica estadounidense desarrolla en Ohio.

Estos proyectos muestran las oportunidades que ofrece la creciente demanda de semiconductores avanzados, pero también explican las elevadas inversiones que Intel deberá asumir para ampliar sus instalaciones y mejorar sus procesos de fabricación.

El desplome pone a prueba la recuperación impulsada por Trump, Nvidia y SoftBank

La sesión de este viernes supone un importante revés para la recuperación bursátil que Intel había protagonizado durante 2026. Antes de presentar sus previsiones, sus acciones acumulaban una subida anual superior al 140%, impulsada por la reestructuración del negocio y las inversiones recibidas durante el año anterior.

En el verano de 2025, la Administración de Donald Trump, Nvidia y SoftBank participaron en operaciones destinadas a reforzar la posición financiera de la tecnológica. El Gobierno estadounidense comprometió una inversión cercana a los 9.000 millones de dólares a cambio de aproximadamente el 10% del capital, mientras Nvidia aportó otros 5.000 millones.

La operación respondió también al interés estratégico de Washington por recuperar capacidad de fabricación de semiconductores avanzados en territorio estadounidense, un sector considerado fundamental para la industria tecnológica, la inteligencia artificial y la seguridad económica.

El retroceso de Intel ha afectado asimismo a SoftBank, cuyas acciones han caído cerca de un 6% en la Bolsa de Tokio, en un contexto de creciente preocupación por las valoraciones y el volumen de inversión comprometido en empresas relacionadas con la inteligencia artificial.

Aunque Intel continúa siendo una pieza relevante de la estrategia industrial estadounidense, las previsiones conocidas este viernes evidencian la distancia entre las expectativas de recuperación y los resultados financieros que el mercado exige a la compañía. La evolución de las ventas de ordenadores, la rentabilidad de sus nuevas fábricas y su capacidad para financiar las inversiones previstas serán determinantes para evaluar el alcance de su transformación.