“Estamos en shock, como toda la sociedad civil, y es muy reciente”. Con esas palabras, una fuente de Ferraz despacha la pregunta sobre cómo podría afectar el accidente ferroviario en Urda a las elecciones del 29N. Todos los partidos, a excepción de Vox, suspendieron sus actos de campaña y parece prematuro anticipar consecuencias electorales con las víctimas tan recientes, el dolor de las familias y los amasijos de hierro aún sobre le terreno. Pero no por incomodidad habría que dejar de analizar cómo impacta este episodio tan negro en la composición de las futuras Cortes Generales y del próximo Gobierno que, entre otras cosas, deberá articular un plan para evitar que situaciones semejantes se vuelvan a repetir.
El PSOE había diseñado una campaña con un tono muy reconocible, de corte optimista, con “la fuerza del amor” muy presente, cargado de ilusión y apelando a una movilización emocional de su electorado para continuar cuatro años más. Un discurso de remontada nutrido por la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil y alentado por un Alberto Núñez Feijóo al que las campañas no se le dan especialmente bien. Sus continuos lapsus, la polémica en torno a las pensiones, un Vox disparado y la visita de Javier Milei han ido mermando sus aspiraciones electorales y las últimas encuestas ya reflejaban un repunte de los socialistas en detrimento de los populares. Ahora, todo ha cambiado.
El terrible accidente en Urda, que se ha cobrado la vida ya de 69 personas, ha roto el guion de forma abrupta. La prioridad del Gobierno es atender a las víctimas y sus familiares, esclarecer las causas del siniestro y garantizar que se depuren responsabilidades. El propio presidente, Pedro Sánchez, anticipó que se responderá con “contundencia”. Desde el PSOE insisten en que no es momento de lecturas políticas y todos sus pensamientos están con las familias de las víctimas.
El día de mañana
El momento presente requiere lo que requiere, pero el 29N se acerca inexorable y a no mucho tardar Ferraz habrá de analizar el escenario y reorientar su estrategia, pues la tragedia cambia radicalmente el eje y la campaña en positivo ha quedado desplazada irremisiblemente por una crisis que exige prudencia, explicaciones y decisiones políticas.
El 29N se acerca inexorable y a no mucho tardar Ferraz habrá de analizar el escenario y reorientar su estrategia, pero con tiento para no dar sensación de que se ha pasado página demasiado pronto
El reto es mayúsculo porque la cuestión no es únicamente cuándo podrá retomar la actividad electoral ordinaria, sino cómo hacerlo para sin dar la sensación de que se ha pasado página demasiado pronto. La suspensión de la pre-campaña, los minutos de silencio y el luto oficial de tres días marcan el paso y, después, los tiempos los marcarán la investigación judicial y la respuesta del Ejecutivo.
incertidumbre de cara al 29N
A poco más de un mes de las elecciones, el escenario del 29-N está más abierto que nunca. El accidente introduce una variable imposible de incorporar a las previsiones que manejaban los partidos y deja en suspenso cualquier cálculo sobre su impacto en las urnas. La evolución de la investigación, la gestión que haga el Gobierno y las responsabilidades que puedan derivarse marcarán el debate de las próximas semanas. Por ahora, es prematuro aventurar si la crisis se traducirá en un desgaste electoral para el PSOE o si el partido conseguirá contener sus efectos. Lo que sí parece claro es que Ferraz tendrá que afrontar una campaña muy distinta de la que había diseñado.
De la ilusión al duelo: una campaña que ya no puede ser la misma
Ferraz había apostado por una campaña de tono emocional y optimista, con el lema La fuerza de la gente como hilo conductor. Sánchez combinaba intervenciones más políticas con episodios de carácter más personal, como el beso con su mujer, Begoña Gómez, vídeos corriendo junto a Carlos Cuerpo, una playlist en los mítines muy particular, lonas más jocosas para dar la bienvenida a Milei a España… En definitiva, una puesta en escena que buscaba activar a una izquierda muy desgastada y desmovilizada.
Urda rompe con ese planteamiento. La música, los bailes, las apelaciones festivas y cualquier mensaje de ilusión resultan ahora difíciles de sostener. Estarían completamente fuera de lugar en un contexto con numerosas víctimas mortales. No solo se pausa el calendario de campaña, cambia el tono de la misma y el partido deberá encontrar una forma de retomarla con tiento y respeto. Una vuelta a la normalidad electoral precipitada puede provocar un notable rechazo, incluso en sus filas.
Puente, en la diana
Y hablando de sus filas: Óscar Puente. El ministro de Transportes se encuentra en el ojo del huracán. La depuración de responsabilidades apunta al máximo responsable, independientemente de lo que la investigación dictamine. El siniestro se produce después de otro accidente ferroviario mortal en Adamuz el pasado mes de enero, y la presión va en aumento.
Puente ha descartado, por ahora, dimitir, esgrimiendo que su prioridad es esclarecer lo ocurrido. Desde Moncloa se ha trasladado el respaldo al ministro (aunque algunas voces son muy tibias) y abundan en que el foco inmediato debe estar en las víctimas, las familias y la investigación. Pero la promesa de Sánchez de actuar “con contundencia” aviva la llama de la discordia, máxime en una coyuntura electoral.
Puente es una de las figuras más potentes del PSOE, con enorme protagonismo y de perfil muy rudo por sus asiduas confrontaciones en redes sociales. Cabeza de lista por Valladolid, nunca elude el cuerpo a cuerpo. Urda le sitúa en la diana y Sánchez deberá adoptar decisiones delicadas: ¿Apoyar a un miembro del Ejecutivo que integra su núcleo duro o dejar caer a uno de los rostros más reconocibles?
Y la presión no procede únicamente de la oposición. Hay voces en Ferraz que apuestan, al menos, por limitar su participación en campaña. Poco menos que esconderle un poco, como con el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, quien otrora protagonizara mítines y tras la revelación del ajuar, no figura.
Los socios habituales del Gobierno también tensan la cuerda. Frente Amplio, a través de Sumar, ha registrado una solicitud de comparecencia para que Óscar Puente informe ante la Diputación Permanente, y ERC (Grupo Republicano) y Podemos (Mixto) han hecho lo propio. La exigencia va más allá de una petición de información. José Ignacio García, dirigente de Adelante Andalucía, ha reclamado la dimisión del ministro, al considerar que las responsabilidades no pueden recaer exclusivamente en un trabajador.
En sintonía, el PNV, cuya candidata al Congreso, Maribel Vaquero, ha aseverado que “si Sánchez reconoce que es inasumible, se tendrán que asumir responsabilidades técnicas y políticas al máximo nivel”.
Yesca para PP y Vox
La vivienda había adquirido un papel central en la pre-campaña por motivos obvios, pues se convocó el adelanto electoral ante la imposibilidad de convalidar un real decreto-ley sobre vivienda. Después, las pensiones y, más recientemente, el contexto internacional, con la visita de Milei y la victoria de Lula en Brasil. El marco era ideal para el PSOE, que iba con viento de cola. Hasta ahora.
La tragedia desplaza cualquier elemento concreto que el PSOE quisiera traer a colación. Ferraz había apostado por Aránzazu Figueroa para ganarse el voto joven y defender la necesidad de políticas de vivienda, pero, ¿tiene algún sentido ahora hablar de ello? Nada de lo antecitado desaparece formalmente, mas la agenda social queda desplazada ante la urgencia de la crisis.
La batuta la tienen PP y Vox, que a buen seguro y una vez superado el luto (al menos en Génova, porque Vox ya ha pasado a la ofensiva) percutirán sobre Sánchez, Puente y toda su gestión. Los socialistas van a tener complicado fijar marco discursivo, como venían haciendo, y pasarán a una posición más defensiva.
El accidente supone un cambio sustancial en el contexto de la campaña socialista. No obstante, no permite anticipar por sí solo un resultado electoral. Su impacto dependerá de factores que todavía están abiertos: la investigación, cómo gestione el Gobierno la emergencia, qué información se haga pública, si se adoptan decisiones sobre responsabilidades y cómo interpreten los votantes la respuesta institucional. El 29N no espera a nadie.