Iryo reclama a la Seguridad Ferroviaria fijar 40 km/h si se avería el sistema LZB

Iryo propone a la AESF limitar a 40 km/h la circulación cuando falle el sistema LZB y reforzar la coordinación con ASFA tras el accidente de Urda.

Un tren en la Estación de Madrid - Puerta de Atocha - Almudena Grandes, a 31 de agosto de 2025 Jesús Hellín - Europa Press

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Iryo ha enviado una carta a la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria (AESF) para exigir la implantación de nuevos protocolos de seguridad tras el accidente de Urda (Toledo), en la que plantea, como medida principal, fijar un límite de 40 km/h cuando se produzca un fallo del sistema LZB.

En el escrito, la compañía detalla un conjunto de propuestas destinadas a reforzar la protección del sistema ferroviario, con la idea de introducir condiciones de circulación más estrictas de forma cautelar. En la misma línea, el Sindicato de Maquinistas Ferroviarios (Semaf) había trasladado recientemente una solicitud parecida.

La misiva de Iryo, citada por “El Economista”, plantea limitar a 40 kilómetros por hora la velocidad de los trenes cuando se produzca una avería del sistema LZB y se circule bajo BSL con el sistema ASFA como respaldo. Renfe ha comenzado ya a aplicar internamente este tope de velocidad.

Además, Iryo propone que la velocidad quede acotada y controlada de forma automática cuando se pierda la conexión o la supervisión del LZB, y estudiar si las prestaciones actuales del Asfa, o posibles modificaciones, permitirían introducir una limitación de velocidad supervisada tomando como referencia inicial los 40 kilómetros por hora, tal y como han indicado fuentes de la operadora a Europa Press.

Otro de los aspectos que la empresa sugiere revisar es la coordinación entre el LZB y el ASFA, con el fin de garantizar la continuidad de las funciones de protección durante los cambios de un sistema a otro.

Estas iniciativas de Iryo y las planteadas por el sindicato de maquinistas llegan tras el siniestro de Urda del pasado 28 de octubre, en el que la caída del sistema LZB y la posterior circulación bajo BSL resultaron determinantes en la cadena de acontecimientos que desembocó en el accidente.

Las demandas de Iryo se añaden a las formuladas por los maquinistas después del suceso, centradas en “impedir a los trenes reanudar la circulación con marcha normal cuando haya más de un tren en el mismo cantón con los sistemas ERTMS o LZB caídos”.